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Icíar Bollaín: «Arriesgarse vale la pena»

«También la lluvia», película seleccionada para representar a España en los Oscar, aterriza en Madrid con casi todo su equipo y causa buena impresión entre la prensa

El equipo artístico de «También la lluvia» - AP
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Ya no podrá ganar el Globo de Oro y tendrá muy difícil el Oscar, pero «También la lluvia», escrita por Paul Laverty (habitual mano derecha de Ken Loach) y dirigida por Icíar Bollaín (algo más que la mano derecha de Paul), tiene ante sí un 2011 más que prometedor en cuanto llegue a las salas a partir del día 7 de enero.

Icíar Bollaín empezó la rueda de prensa cediendo todo el protagonismo a su pareja y ahora también guionista, Paul Laverty, «el auténtico constructor de esta película, autor de un guión complejo y original, fantástico». El británico (nacido en Calcuta) ensalzó el trabajo de todo el equipo, que ha sabido cumplir el reto que suponía su texto, «con muchas contradicciones y niveles, y en el que no hay un único mensaje». «Pocas veces te encuentras con un guión que te demande tanto», corroboró la directora.

«También la lluvia» cuenta tres historias en una: el rodaje de una película en Bolivia sobre el Descubrimiento, la Guerra del Agua de Cochabamba del año 2000 y lo que ocurrió hace 500 años cuando Colón verbalizó su apellido.

En un principio, Laverty escribió el guión de «También la lluvia» para Alejandro González Iñárritu, pero después de muchos años de intentos y modificaciones, el proyecto salió delante de la mano de Bollaín, con un reparto encabezado por Luis Tosar, Gael García Bernal y Karra Elejalde, con el poderoso añadido del boliviano Juan Carlos Aduviri, un actor más bajito que Gael pero digno de los versos de Guillén y con un hambre de cámara que recuerda al mexicano en «Amores perros». Los cuatro estuvieron ayer en Madrid con la misión, esta vez placentera, de defender su trabajo.

Bollaín contó las dificultades de un rodaje de nueve semanas en tierras bolivianas, a pesar del apoyo que encontró entre los habitantes de Cochabamba, pero su conclusión final era que, aunque al principio se sintió «intimidada» ante el reto técnico, «arriesgarse vale la pena». «Es de las cosas que he aprendido. La película tiene una reflexión política profunda, pero no busca convencer. El cine político o social acumula desprestigio, pero también puede ser entretenidísimo. Este es un cine de ideas, que plantea cosas sobre las que pensar».