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El poeta portugués José Bento dentro de Santo Tomé

Día 18/12/2012 - 22.24h
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«El entierro del Señor de Orgaz» apareció en 1986 en edición bilingüe y es una visión espléndida del famoso cuadro del Greco

El poeta y traductor José Bento de Almeida e Silva Nascimento, firmando llanamente sólo como José Bento, es un hispanista portugués, sin duda el más destacado en difundir pródigamente en el país vecino la literatura española. Su labor como traductor abarca desde la poesía de Manrique, San Juan de la Cruz, Garcilaso, hasta El Quijote, pasando por trasladar al castellano textos de Unamuno, Quevedo, los Machado, Santa Teresa, Juan Ramón, Lorca, Hernández, Aleixandre, Rojas, Ortega, Calderón (entre los modernos: Francisco Brines, Ángel Crespo, Gil de Biedma, Gimferrer) y muchos otros. Además, ha traducido la poesía española del Siglo de Oro, la contemporánea desde Unamuno a los Novísimos y la de tipo tradicional, reuniéndolas en tres profusas y documentadas antologías publicadas en Portugal. Nacido en Pardilhó, una aldea del norte portugués, perteneciente a la provincia de Aveiro, estudió en Oporto las enseñanzas primarias y secundarias, concluyendo en Lisboa altos estudios de comercio, lo que le hace no sólo estar inmerso en el ámbito literario sino también publicar libros sobre contabilidad.

Su poesía está influida grandemente por la cultura española, pudiéndose apreciar en ella fuertes síntomas de intertextualidad con los poetas que traduce. Dado a publicar su propia obra poética muy lentamente, más frecuentemente en publicaciones colectivas que en volumen individual, dos de sus títulos desarrollan en plenitud temas españoles: Secuencia de Bilbao y El entierro del Señor de Orgaz. José Bento ha estado presente en tres importantes antologías poéticas que han mostrado en España el pulso de la moderna poesía portuguesa, figurando en la del poeta y traductor manchego Ángel Crespo, publicada por Júcar, en la de Xosé Luis García, aparecida en dos números consecutivos de la revista barcelonesa Hora de Poesía y en la de Ángel Campos Pámpano, salida de las prensas de la Editora Regional de Extremadura, todas ellas editadas en la década de los años ochenta del pasado siglo, momento de efervescencia extraordinaria en la difusión de lo portugués, no sólo de la poesía, en España. En 2006, Bento fue galardonado con el Premio Luso-Español de Arte y Cultura en su primera edición, otorgado por los dos ministerios de cultura ibéricos, como merecimiento a su reconocida y abnegada labor a favor de las letras hispánicas.

El verso de este poeta, según certera interpretación de Ángel Crespo, «es amplio y de sostenido aliento, matizado por unidades rítmicas y temáticas que le proporcionan una estructura frecuentemente musical», añadiendo que sus imágenes «aluden a un drama humano en el que el tiempo y el amor terminan por erigirse en protagonistas». En su breve poemario Secuencia de Bilbao, hay un poema titulado «Casa de Miguel de Unamuno» donde el autor conversa con el gran escritor vascongado y se fusiona por entero con la amplitud de su palabra, como dictamina esta estrofa final del poema que Ángel Crespo traduce: «Más que aquí, sin embargo, te encuentras en el verbo / que eres, en la luz vives / en que tu carne, al apagarse poco a poco, / resucitó, y en mí se continúa».

El entierro del Señor de Orgaz apareció en 1986, en edición bilingüe y en traducción de Mario Míguez, dentro de la colección ferrolana Esquio de Poesía, editado por la Sociedad de Cultura Valle-Inclán. La fábula del libro consiste en que el poeta, a veces trascendido en los personajes de la pintura, se mantiene de pie, como toda la figuración que expone esta obra inmortal, en la penumbra de la sala donde cuelga el cuadro de El Greco. Poeta y pintor («No osaré pintar a Dios, sería blasfemo») dialogan en una espléndida dicción musitada: «Usarás un don con avaricia, raro / aun para los pétalos, disuelto a tu alrededor / y que, al acumularse, / dice el secreto de lo que no muestra su color, / la tonalidad de los abismos del aire, del agua: / es un misterio la imposición / del manto con que consagras el azul». José Bento, así, ensaya una suerte de crítica, introspectiva y trascendental, ante la tremenda sutileza del lienzo. Y no sólo interpreta la sublime y personalísima forma del Entierro: «Profesas la teología de los colores, sus grados / y oscuros conciertos y desórdenes. / A nadie enseñarás esta doctrina / por más tuyo que sea un discípulo tuyo». Necesariamente, además, el poeta encuentra la dicha integrándose en su concepto: «Nunca es esta pintura / más belleza que auténtico / el hecho por ella dicho, constelado. / Como ella, lo celebro». Y ese Toledo que rodea a esta tela inmortal también se encuentra descrito en el poema: «Alrededor las hierbas calcinadas, los tejados / labrados por el sol y la escarcha, / la tierra austera que no vio nunca el mar».

Esta visión espléndida, y tan honda, arranca de la letra del encargo que se le hizo a El Greco para pintar el cuadro ateniéndose a los ajustados términos que impone el acta: «Sobre el lienzo deberá pintarse una procesión en la que se verá cómo el vicario y otros sacerdotes leen la misa en el entierro de Don Gonzalo Ruiz, señor de la ciudad de Orgaz, y cómo San Esteban y San Agustín descienden para enterrar el cuerpo del noble, sosteniendo uno la cabeza, el otro los pies y le depositan en el sepulcro, alrededor serán representadas muchas personas contemplándolo, y por encima de todo esto se mostrará el cielo que se abre para su glorificación».

El poeta portugués José Bento dentro de Santo Tomé
Portada del libro de José Bento

FAMOSO FRAGMENTO DE LA ÉGLOGA III DE GARCILASO TRADUCIDO AL PORTUGUÉS POR JOSÉ BENTO

Pintado o rio abundante se via

que, en áspera estreiteza reduzido,

um monte quase en seu redor cingia,

com ímpeto correndo e com ruído;

querer cercá-lo todo parecia

em seu voltar, mas era afã perdido;

deixava-se correr enfim direito,

contente porque muito havia feito.

Estava posta no sublime cume

do monte, e desde ali nele espalhada

aquela ilustre e clara pesadume

de antiguos edifícios adornada.

Dali, com mansidão que é seu costume,

prossegue o Tejo na sua jornada,

regando campos e árvores frondosas,

co’ o engenho das noras poderosas.

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