El poblado de Villaflores se encuentra actualmente abandonado
El poblado de Villaflores se encuentra actualmente abandonado

El poblado de Villaflores, declarado como Bien de Interés Cultural

Construido en 1886 a instancias de la condesa de la Vega del Pozo, perdió relevancia a su muerte hasta su abandono actual

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El Diario Oficial de Castilla-La Mancha (DOCM) ha publicado este martes el acuerdo del Consejo de Gobierno, del pasado 1 de abril, por el que se declara Bien de Interés Cultural (BIC) el Poblado de Villaflores en Guadalajara, con la categoría de Conjunto Histórico. A raíz de esta declaración, el poblado de Villaflores, más conocido como "paraje del Sotillo", gozará de la máxima protección y tutela, y su utilización estará siempre subordinada a que no se pongan en peligro su conservación y sus valores, según se establece en el acuerdo publicado en el DOCM.

El lugar sobre el que está enclavado el poblado perteneció al término municipal de Iriepal, denominado Villaflores durante los siglos XVII y XVIII. Posteriormente, cuando la población de Iriepal recuperó su nombre, el poblado pasó a ser conocido con el nombre de Villaflores y perteneció sucesivamente a los Cárdenas, los Ibarra, los Cortizos y desde 1882 a la condesa de la Vega del Pozo. La construcción del poblado comenzó entre 1886 y 1887 como colonia agrícola y siguiendo las tendencias socializantes de la condesa de la Vega del Pozo fue doto, aparte de con los inmuebles propios de la explotación, con una escuela, una capilla y ocho viviendas para los trabajadores.

A la muerte de la condesa, los nuevos propietarios perdieron interés por el conjunto, que inició un progresivo declive.

Su composición

El edificio principal o casa de labor (que es el edificio de mayores dimensiones) tiene una planta cuadrada, consta de planta baja y bajo-cubierta, y contiene un gran patio interior en el que se levanta un gran cobertizo. Pero el edificio más sobresaliente del conjunto es el palomar, que tiene una planta circular y dos alturas, se eleva sobre una amplia base de mampostería y cuenta con alrededor de diez mil nichos para palomas. El palomar, las viviendas de los trabajadores, la capilla y el edificio principal se habrían construido a instancias de la condesa a partir de 1887.

Éstos fueron proyectados por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, uno de los más conocidos de su época, y relacionado con María Diega Desmaissiéres y Sevillano, condesa de la Vega del Pozo y duquesa de Sevillano, personaje indispensable para comprender la evolución de la ciudad de Guadalajara a finales del siglo XIX.