¿Cuál es la relación de Heinrich Himmler con los tesoros visigodos?

En 1941, la dictadura franquista negoció con el régimen de Vichy, bajo el control de la Alemania nazi, la devolución de parte del tesoro vendido de forma fraudulenta

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A raíz de la proyección de imágenes de Francisco Franco y de Heinrich Himmler, jefe de las SS del partido nazi, sobre la fachada del castillo de Guadamur (Toledo) se ha generado una gran polémica, principalmente en las redes sociales. Las imágenes se pudieron ver durante cinco segundos dentro de una producción audiovisual, de veinticinco minutos de duración, que «narra hechos históricos sobre cómo se produjo la recuperación del Tesoro de Guarrazar». Pero, más allá de controversias, ¿qué relación tiene Himmler con el patrimonio visigodo y con Toledo?

Se designa Tesoro de Guarrazar a un conjunto de orfebrería visigoda compuesto por coronas y cruces que varios reyes del reino visigodo de Toledo ofrecieron en su día como exvoto.Entre todas las piezas halladas, las más valiosas son las coronas votivas de los reyes Recesvinto y Suintila. Ambas coronas son de oro y están engastadas con zafiros, perlas y otras piedras preciosas pulidas. El tesoro permaneció siglos y siglos olvidado hasta que fue hallado entre los años 1858 y 1861 en el yacimiento arqueológico denominado huerta de Guarrazar, situado en la localidad de Guadamur, muy cerca de Toledo.

En el año 1858 parte del tesoro fue descubierto tras unas lluvias torrenciales que causaron el desmoronamiento del terreno donde estaba la iglesia del monasterio de Santa María de Sorbaces. Un labrador de 40 años, Francisco Morales, desarticuló muchas de las joyas y vendió fragmentos y componentes. El francés A. Herouart, amigo de Morales, adquirió las alhajas que éste aún tenía en su poder y se hizo con la tierra donde apareció el tesoro. A su vez, Herouart se las vendió a un diamantista, José Navarro, que negoció la venta de las ocho coronas y seis cruces al Gobierno francés.

Al conocer la venta de patrimonio español, el gobierno español reclamó una investigación judicial para descubrir por qué el tesoro había acabado en manos francesas y trabajó para impedir nuevos expolios. Todavía hoy, el Museo de Cluny parisino guarda tres coronas, la de Sonnica, con cruz pendiente, otra decorada con arquillos y la tercera de retícula abalaustrada, una cruz colgante, la R pendiente de la corona de Recesvinto, que iniciaba su nombre, otros dos colgantes y cuatro elementos de suspensión.

El resto sí regresó a casa. En 1941, la dictadura franquista negoció con el régimen de Vichy, bajo el control de la Alemania nazi, la devolución de parte del tesoro vendido de forma fraudulenta. Se estableció así un convenio entre ambos gobiernos para que volvieran a España seis de las nueve coronas de Guarrazar, vendidas por Navarro y Herouart, entre ellas la más hermosa, la de Recesvinto.

El 9 de febrero de 1941 un tren francés llegó a Portbou con 33 cajas con piezas arqueológicas y artísticas, que España reclamaba desde hace décadas, entre ellos las coronas visigodas prometidas, pero además regresan a casa dos famosas exiliadas por la fuerza de la codicia, la Inmaculada de Murillo y la Dama de Elche, hasta entonces en museo del Louvre. Como contrapartida, el gobierno francés recibió un retrato de Doña Mariana de Austria de Velázquez; otro de Antonio Covarrubias, obra del Greco; un cartón de Goya y una colección de dibujos franceses del siglo XV

España y el ocultismo nazi

Antes de que llegara a España la auténtica Dama de Elche, el dictador recibió el día 23 de octubre de 1941 al comandante en jefe de las SS, Heinrich Himmler, que trajo como presente una reproducción de esta estatua ibera. Además de los asuntos políticos, Himmler vino con el encargo de Adolf Hitler y distintos dirigentes nazis de indagar en cuestiones «ocultistas».

No en vano, se sabe que altos mandos nazi como Heinrich Himmler, Richard Walther Darré, Rudolf Hess y Alfred Rosenberg, tenían un gran interés en este campo y por objetos como la «Lanza de Longinos» y el «Santo Grial», que se consideraban en España, en concreto en el monasterio de Montserrat. El 22 de octubre, el Reichsführer visitó el museo arqueológico de Madrid, estudió meticulosamente un mapa de las invasiones bárbaras y le pidió al director del museo varias copias de algunos materiales allí expuestos.

El desarrollo de la guerra y el contexto internacional impidieron que Himmler pudiera realizar un nuevo viaje más adelante. En julio de 1941, el ministro franquista José Luis Arrese cursó una invitación especial a Himmler para participar en los yacimientos arqueológicos en la necrópolis visigoda de Castiltierra (Segovia). En este contexto, se sabe que Hitler estaba obsesionado con los visigodos, pues ese pueblo permitía establecer vínculos entre la Europa septentrional y la Península Ibérica, una conexión que encajaba como anillo al dedo con los dogmas nazis sobre la raza aria.

Con este propósito destinó a Heinrich Himmler encontrar varios tesoros de esta civilización, como fue el caso del desaparecido tesoro del rey visigodo Alarico. Este tesoro, que consistiría en buena parte del botín obtenido tras el saqueo de Roma en agosto del año 410.