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El modelismo marítimo llega a Madrid en la recta final de la III Semana Naval

El Cuartel General de la Armada ha acogido este fin de semana una exhibición de modelismo naval y un posterior concurso entre las maquetas presentes

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Puede que carezcan de mástiles con metros y metros de altura, o les falten cañones reales con los que destrozar las cubiertas de sus enemigos, pero, sin duda, estos pequeños navíos a escala no tienen nada que envidiar a sus hermanos mayores, los cuales han surcado las aguas a lo largo de la historia. Y es que, en el marco de la III Semana Naval de Madrid, el Instituto de Historia y Cultura Naval -en colaboración con la Real Liga Naval Española-, ha organizado este fin de semana una exposición estática de modelismo marítimo y un posterior concurso entre las diferentes maquetas presentes.

Así, esta exhibición, ubicada en el madrileño Cuartel General de la Armada (situado, a su vez, a pocos metros del edificio que alberga la exposición dedicada al insigne marino Blas de Lezo), ha dejado boquiabiertos a expertos y neófitos del modelismo en la recta final de la semana consagrada a la Armada y la navegación.

«España volverá a ser una gran nación marítima»

El pistoletazo de salida de esta exposición quedó marcado por las palabras de Juan Díaz Cano, presidente de la Real Liga Naval Española –una asociación dedicada, entre otras cosas, a promocionar y defender los intereses navales de nuestro país-. Este, recordó a los presentes la importancia y lo determinantes que han sido las aguas para España a lo largo de la historia.

«Si algo nos ha enseñado la historia es que las naciones solo son grandes cuando miran al mar. España durante muchos siglos fue una nación marítima y está obligada a recuperar sus orígenes y tradición naval. Por eso se precisa una labor de concienciación sobre la importancia que el mar tiene para nuestro país», determinó Cano.

A su vez, el presidente de la Liga Naval tampoco titubeo a la hora de señalar uno de los objetivos que, según su opinión, debe ser prioritario para nuestro país: «En la Liga estamos convencidos de que España volverá a ser una gran nación marítima, y, cuando esto ocurra, las generaciones futuras recordarán que allá por el lejano año 2013 unas jornadas navales celebradas en Madrid sirvieron para concienciar, un poco más, a la sociedad española de la necesidad de recuperar nuestra tradición».

¿El mejor?

Una vez comienza la exposición, el jurado seleccionado inicia una cuidadosa inspección de las diferentes maquetas. «Todos los modelos que se presentan tienen mucha elegancia y son muy dignos. Los modelistas son gente que investiga y se preocupa de hasta el más mínimo detalle», explica, en declaraciones para ABC, Miguel Godoy, restaurador y modelista del Museo Naval y, en esta jornada, miembro también del tribunal encargado de galardonar a los mejores buques.

Según el propio experto, esta no va a ser una jornada sencilla, pues cada pieza es una obra de arte independiente. «He visto de todo. Modelos muy curiosos y muy elaborados, modelos más regulares y modelos no tan buenos. Pero, por regla general, la nota es muy alta. Ante todo el modelismo naval es arte ya que, en cada pieza, el modelista entrega y demuestra a los demás lo que tiene de ingenio y virtuoso», añade Godoy mientras examina una de los modelos.

Ante los interesados, en el salón se alzan, desafiantes, una docena de buques de todas las épocas. Desde una galera que puede ser accionada a control remoto hasta un modelo estático de un submarino alemán que porta la bandera nazi, cada uno espera a que el jurado pase a su lado y determine si merece o no el premio de este año.

«Para que un modelo sea elegido tiene que contar con varios elementos de importancia. El primero es guardar la escala. Además, la reproducción debe ser muy fiel al navío real y estar basada en la investigación, que es algo básico. El que se lanza a la aventura y se inventa las cosas tendrá una pieza fallida», añade Godoy.

Sin embargo, este no es el único requisito para que un buque sea proclamado vencedor. «El modelo tiene que tener algo que a mí me gusta llamar duende. Tú te puedes encontrar un barco muy bien construido y que las velas estén muertas. Esto significa que carecen de vida, de identidad propia, que el modelista no ha sabido captar ese encanto y misterio que cada pieza debe tener», finaliza el experto.

Una afición para pacientes

Repentinamente, Godoy se frena ante una pieza que, según afirma, tiene esa chispita de la que hablaba. El modelo es un ballenero del SXIX al que no le falta detalle, sin duda un regalo para la vista. «He tardado tres años en realizar este modelo, pero no se pueden tener en cuenta los tiempos a la hora de llevar a cabo una modelo, el tiempo no existe para una maqueta. No puedes proponerte terminarla en unos plazos porque entonces se convierte en trabajo y deja de ser divertido. Hay que ir haciendo las cosas poco a poco hasta que un día lo juntas todo y la das por finalizada», señala Federico Prieto.

Mientras muestra a los presentes cada recoveco y misterio de su obra, Prieto narra la historia de su buque. Y es que, además de conocimientos de ingeniería naval, cada maquetista tiene también algo de historiador. Según cuenta, este es uno de los últimos balleneros que surcó los mares cazando a la antigua usanza.

«Todavía existe, está en EE.UU. Antes estaba en un museo naval y era una atracción turística. Pero se ha iniciado su restauración para conseguir que navegue de nuevo. Es un ballenero que funcionaba de la forma tradicional: desde las cofas se avistaba el animal, después bajaban a matarlo y, finalmente, lo subían a al borda del barco, donde lo convertían en barriles de aceite», completa.

Hasta el más mínimo detalle

A su lado, en otra sala, otro improvisado capitán revisa su navío antes de exponerlo a los presentes. El suyo es un barco 200 años más moderno que el ballenero. «Esta es la fragata F-102, llamada Almirante Juan de Borbón. Es de las últimas fragatas de la Armada de la clase F-100. He tardado en llevarlo a cabo dos años y medio. La última reforma la he hecho hace quince días, porque me puse en contacto con al tripulación del barco y me enviaron unos pequeños detalles finales que tenía que pulir. El trabajo ha sido intenso y precioso», explica, en declaraciones a ABC, José Romero.

Tras terminar los preparativos, Romero gira el interruptor que da vida al navío, y este alumbra con decenas de luces –las cuales van desde el puente hasta la pista de despegue ubicada en la parte trasera de la fragata- el salón. A su vez, muestra a los presentes una importante innovación que ha añadido: «Un dato muy característico de mi modelo es que lleva una cámara en la proa mediante la cual, desde un monitor instalado en el mando radiocontrol, se puede ver como opera y como navega».

Según determina, cada mínimo detalle del buque ha sido fabricado por él mismo. «Las piezas las he creado todas prácticamente desde cero. Algunos elementos como las puertas las he comprado porque me ha faltado tiempo, pero, excepto pequeños detalles, todo está hecho a mano. Las antenas, por ejemplo, que son metálicas, me han costado mucho trabajo debido a la cantidad de piezas que llevan», finaliza. Al parecer, finalmente su trabajo fue el que más agradó a los jueces, pues José obtuvo el primer premio con su fragata.