Jesús Andrade

«El ambiente radical en la universidad vasca es el mismo que en tiempos de ETA»

Grupos juveniles de extrema izquierda imponen su Ley en el campus de Vitoria

VitoriaActualizado:

La Ertzaintza trata de seguir la pista al grupo de encapuchados que la semana pasada propinó una brutal paliza a un joven en el campus de Vitoria. La víctima, un varón de 19 años que había participado en un acto en defensa de la unidad de España, conoció de primera mano el precio que se paga en el entorno universitario del País Vasco por defender ideas contrarias a las de los radicales. Bandas de naturaleza proetarra que amasan todavía un gran poder en el territorio y que no dudan en servirse de la violencia para imponer sus principios.

El joven agredido estudia en la Facultad de Letras, donde precisamente la izquierda ultranacionalista posee una de sus bases. El 30 de noviembre, la víctima se reunió con otros ocho compañeros en el aulario de la UPV/EHU para conformar una nueva organización estudiantil enfocada, entre otros aspectos, a abordar el acoso sistemático que sufren los jóvenes que no acatan las imposiciones de los independentistas. Una persecución ideológica que fue confirmada por fuentes de la Policía autonómica, que explicaron que en los ambientes universitarios del territorio sobreviven todavía grupos afines al Movimiento de Liberación Nacional Vasco.

«En la universidad no hay libertad para hablar de según qué tema, lo tenemos constatado -explicaron las mismas fuentes-. Cualquier simbología que se salga de lo habitual es atacada, el ambiente radical es el mismo que en tiempos de ETA». Una atmósfera irrespirable que constituye un caldo de cultivo propicio para situaciones como la que aconteció la semana pasada, una vez concluido el acto en el aulario, cuando el joven fue abordado por una quincena de individuos encapuchados que le propinaron puñetazos y patadas hasta que perdió el conocimiento.

Vigilados

De hecho, cuando despertó ya había sido trasladado al hospital Santiago Apóstol de Vitoria, donde posteriormente fue operado de la nariz y un pómulo. Según relató a ABC uno de sus compañeros, tras cuatro días de ingreso la víctima regresó a su casa para terminar de recuperarse de las heridas: «Está mejorando, aunque sigue dolorido», subrayó el joven, que reconoció que después de lo ocurrido hay más miedo que nunca a la ira de los proetarras en el campus universitario.

«Al final, sabes que te puede ocurrir a ti también -afirmó-. Hay gente que te acaba… no vigilando, pero casi». Una carga demasiado pesada para los jóvenes críticos con la actuación violenta de los independentistas, que finalmente desecharon la idea de conformar la llamada Agrupación de Estudiantes por la Unidad de España (AEDE). La decisión fue celebrada por los radicales, que los días posteriores a la agresión escribieron «AEDE, jódete!!» en el aulario de la UPV/EHU de Vitoria.

Por el momento, la Ertzaintza mantiene abierta la investigación para dar con los agresores. Según informó el Departamento vasco de Seguridad, a última de ayer no se habían notificado novedades reseñables en el caso, que no se dio a conocer hasta cinco días después de que se produjeran los hechos.

Miedo a mostrar la bandera

Las coacciones de los proetarras, en cualquier caso, no son un fenómeno nuevo en la universidad alavesa. Sin ir más lejos, el pasado año un grupo de encapuchados arrojó pintura, excrementos y orines en la facultad de Letras como respuesta a la concentración de repulsa hacia otro ataque de los radicales en el Decanato de Ciencias Sociales de Vizcaya, donde se había lanzado un artefacto incendiario que provocó daños en el tímpano de una trabajadora. Son tan solo dos ejemplos de una larga lista de ataques que, en la mayoría de los casos, contaron con el beneplácito de los partidos soberanistas, que han dado alas a las asociaciones juveniles al no condenar sus actos.

Pero la emprenta de la izquierda radical no solo se deja ver en el ámbito universitario. Bien lo sabe Iñaki Aramburu, presidente de Nuevas Generaciones de Álava, que el pasado octubre fue insultado por decenas de individuos por colgar una bandera de España en el balcón de su domicilio. «Empecé a escuchar desde la calle “españoles hijos de p…” y cánticos de ese estilo», explicó el afectado, que reconoció sentir «tristeza» por el hecho de que los vecinos de Vitoria tuvieran que hacer frente al «acoso» de los que tratan de limitar su «libertad».