Una ciudad de altos vuelos

Aquí no solo se vuela. Hay guarderías gratis, capillas, centros de negocios y maletas que viajan a «alta velocidad»

MADRID Actualizado:

Es una ciudad abierta. No cierra. Nunca duerme. Por ella pasan, al año, 70 millones de almas, como la población de Canadá y Colombia juntas. Ocupa más de 4.000 hectáreas, justo el terreno para instalar 200 parques de atracciones como el de Madrid. Tiene guarderías, capillas, túneles, una arquitectura grandiosa y, en sus alrededores, 900.000 plantas autóctonas. ¿Dónde estamos? Ahí, ahí. En el aeropuerto de Madrid-Barajas. Es más que despegues y aterrizajes. ABC se ha colado en sus rincones desconocidos.

«¡Oye, oye, que te pitan los zapatos!», me dicen Edu, el fotógrafo, y Luismi, el compañero de nuestro periódico digital. «¡No puede ser. Si son lisos y de ante!», contesto mosqueada. Las alarmas en la zona de embarque de la T4 también son muy sensibles. «Eso es que lleva algo pequeño pero metálico. En el tacón, por ejemplo», asegura el agente de seguridad. Lo comprueban y pasamos. Vamos a recorrer las «tripas» del aeródromo y, en especial, de la Terminal 4.

Desde un balcón vemos a los pasajeros en el andén para coger el tren hasta el «satélite». Su vuelo sale desde allí. Son 3,2 kilómetros y poco más de diez minutos de recorrido. Sus maletas van bajo tierra, por un circuito espectacular que, en uno de sus tramos, alcanza alta velocidad. Dicen que a unos 100 kilómetros por hora.

Montaña rusa gigante

Y así es como llegamos al SATE. ¡Una pasada este Sistema Automatizado de Tratamiento de Equipaje! Ante nuestros ojos, vías y vías que se superponen a varias alturas. Que suben y bajan. Que se entrecruzan. Inmenso. Sobre cada bandeja amarilla, una maleta. No se caen. Es difícil porque la plataforma es adhesiva.

Ante nuestra vista, algo así como una montaña rusa gigante. El SATE recorre 120 kilómetros. No en línea recta, claro, sino como una pista de carreras a distintos niveles. Se mueve gracias a 12.000 motores y transporta 50.000 maletas al día. Nos cuentan que de sus 120 kilómetros, hay 42 de alta velocidad. El «AVE» del equipaje.

También hay un aeropuerto a la medida de los más pequeños. No muchos lo saben, pero en Barajas hay dos guarderías. Visitamos la de la T4. Bambi y Pluto nos dan la bienvenida pintados sobre las dos puertas de acceso. Es la «ONU» de los niños pues por aquí pasan críos de todas las nacionalidades.

El servicio es gratuito. Los padres, al dejar a sus hijos para descansar o porque tienen que hacer alguna gestión, están obligados a dar la filiación de los niños y a enseñar la tarjeta de embarque. El espacio «Dulces sueños» tiene seis cunas. Al lado, una cocina con tronas y microondas para calentar biberones o papillas. Y un espacio más intimo para dar el pecho.

El WC es como el de los enanitos de Blancanieves: lavabos, bidé y retrete, a tamaño «mini». Bien pensado. Las cuidadoras están encantadas. Siempre hay niños. Y los que tienen edad, casi siempre les dejan el dibujo que han hecho antes de partir hacia su destino.

Pecados del mundo

Pluralidad religiosa en Barajas. El aeropuerto cuenta con cinco templos. También son grandes desconocidos. Hay tres capillas católicas: Santiago (T4), Loreto, patrona de la aviación (T2) y Guadalupe (T1). También en la T4 existe una mezquita —con su Corán y su alfombra orientada hacia La Meca—, así como una capilla multiconfesional. Esta última, a su entrada, muestra los símbolos budista, musulmán y judío. «Es lo bueno. Aquí se perdonan pecados de todo el mundo», dice Alberto García, capellán de la capilla de Santiago.

Pasamos por el «Business Center». En ese momento, la sala de reuniones está ocupada por una convención de la Cámara de Comercio madrileña. El lugar cuenta, además, con sala de reuniones y de descanso, duchas, «catering» e hidromasaje. Es ideal para eventos rápidos a los que se cita a profesionales de diversos países. Llegan a Barajas solo para trabajar y el tiempo es oro. Acaban y, cada uno, de vuelta a casa sin pisar la ciudad.

Llegamos a la Sala Premium. Total «vip». La usan celebridades, famosos y empresarios que se resisten a salir con el equipaje por donde el resto de los mortales. La lleva «Gestió y Serveis», una firma catalana que ya está en el Prat de Barcelona.

Los clientes no pasan aquí mucho.Cuenta con sala de reuniones, aperitivos, TV, y área de relajación. Por aquí pasó el magnate de EuroVegas, Sheldon Adelson, en su última (que se sepa) visita a Madrid para ver los terrenos que ofrece de Alcorcón.