Las monjas se adelantan a Carmena con visitas guiadas a los restos de Cervantes

El «tour» dura media hora y cuesta 2 euros. La regidora no tiene ningún plan para poner en valor el hallazgo

MADRIDActualizado:

No han esperado las 13 monjas de clausura del convento de las Trinitarias Descalzas a que el gobierno de Manuela Carmena mueva ficha para poner en valor los restos de Miguel de Cervantes. Ya ha informado el Ayuntamiento madrileño de que no tiene un plan específico para ensalzar este atractivo cultural. Las religiosas decidieron que no permitirían que se volatilizasen los esfuerzos realizados, también por su parte, para la búsqueda del escritor y, desde que el 11 de junio se inauguró el monumento funerario que oculta los huesos del maestro del Siglo de Oro español en el interior de la nave, realizan visitas guiadas de media hora por un precio simbólico: 2 euros.

«No hemos querido abusar. Hay más reclamo por Cervantes y se mancha más la iglesia, así que hemos tenido que contratar a una empresa de limpieza. Antes limpiábamos nosotras. Con ese dinero nos ayuda a pagar también la luz, que ahora la tenemos encendida más tiempo», explica sor Amada de Jesús, la madre superiora de las Trinitarias Descalzas. Revela que el mes fuerte para estas rutas fue septiembre y cuenta que tienen entre 20 y 30 grupos mensuales. «Lo que pedimos es que sean superiores a diez personas», puntualiza. El conjunto más numeroso que han tenido hasta el momento superaba las 80 personas.

Ayer, a las 10.30 de la mañana, dos grupos de 18 y 24 personas, en su mayoría mujeres, hacían cola a las puertas de la calle de Lope de Vega, 28, para conocer, fundamentalmente, dónde descansaban los restos del padre de «El Quijote». María José Caeiro es la demandadera o portera de este recinto religioso y la encargada de hacer el «tour». Adentra al público en la nave de la iglesia y, mientras los asistentes toman asiento en los bancos de madera, arranca con su «speech» sobre el origen de la orden ante el silencio sepulcral de los visitantes. «La iglesia en la que estamos no es la original –prosigue–. Empezó a construirse en 1636 y se acabó en 1696».

Crítica a la rapidez de la obra

Tras aportar una serie de datos sobre la historia del altar mayor y menores, se detiene en la placa que se colocó a finales del XIX y que revela el descanso eterno en el monasterio de Miguel de Cervantes, su esposa y la hija de Lope de Vega, sor Marcela de San Félix. Pero ese no es el rótulo que suscita más interés. Los turistas descargan sus móviles y cámaras a tropel para inmortalizar el monumento funerario. «¡Por favor, no me hagan fotos con flash!», pide la guía afincada en el templo. Después, continúa explicando, de forma crítica, lo que oculta la piedra de granito a sus espaldas: «La obra se hizo muy deprisa, en cuatro días, porque estaban las elecciones encima. Dentro se metieron los restos de los 17 cadáveres que se encontraron en la cripta, entre los que estaban los de Cervantes.Faltan los estudios de ADN, pero, según diversos estudios y archivos de la parroquia, se corresponden con los suyos. Da igual que esté aquí, allí o en otro lado. De aquí no salió el escritor».

El recorrido turístico termina en la sacristía, donde un portón de madera en el suelo encorvado hacia lo más profundo conduce a la bóveda donde se trabajó durante más de un año para dar con Cervantes. No es accesible al público. Los forasteros se colocan a su alrededor y María José ofrece su discurso final:« Aquí abajo es donde se hicieron las excavaciones. Todo está lleno de nichos. Se enterraban a capellanes y familias adineradas. Se encontraron las momias de más de 300 niños». Un «¡oh!» se adueñó de la sala.

Fueron pocas las preguntas que hicieron a la demandadera, pero entre ellas estaba la de si contaban con subvenciones. «En teoría, Patrimonio ayuda a restaurar los altares y a pintar, pero la última vez que se pintó fue en los 80. La Real Academia Española da un pequeño donativo por la misa abierta que celebra cada 23 de abril en memoria de Cervantes. También tienen las monjas benefactores –de los locales que tienen alquilados–, pero no reciben nada ni del Estado ni del Obispado», sentenció.