Bruno Hernández, tapado con una chaqueta, en la reconstrucción de los hechos realizada por la Guardia Civil el 20 de abril en el chalé
Bruno Hernández, tapado con una chaqueta, en la reconstrucción de los hechos realizada por la Guardia Civil el 20 de abril en el chalé - De San Bernardo
Chalé de los horrores

El descuartizador de Majadahonda falsificó la firma de su tía para matarla y «heredar» la casa

El informe de Grafística de la Guardia Civil, en manos del juez instructor, concluye que Bruno Hernández redactó el documento de cesión del inmueble

MadridActualizado:

Bruno Hernández Vega, el presunto descuartizador de Majadahonda, tiene cada vez más difícil su defensa contra la acusación de haber acabado con la vida de su tía Liria y la mujer a la que tenía alquilada una habitación en el llamado «chalé de los horrores», Adriana Gioiosa. El informe pericial encargado por el juzgado de Instrucción número 1 de la localidad majariega ha concluido que el sospechoso, enfermo de esquizofrenia, falsificó la firma de su tía, propietaria original de la casa, en el documento en el que, supuestamente, ella le cedía el usufructo.

Según ha podido saber ABC por fuentes judiciales, el peritaje ha sido realizado por los expertos del Grupo de Grafística del Laboratorio de Criminalística de la Dirección General de la Guardia Civil y consta ya en el sumario. El documento en cuestión está escrito en ordenador, por lo que lo que se ha analizado ha sido la firma de Liria Hernández, que ha resultado ser falsa.

Es decir, que la mujer no cedió la vivienda a Bruno y todo apunta a que éste pergeñó la treta para acabar con su vida y hacerse con la vivienda, a modo de «herencia». Ahora, lo que toca dilucidar es si lo hizo antes o después de cometer ese primer crimen, que se cree que fue a finales de 2011 o principios de 2012, precisaron fuentes judiciales. Tras matar a su pariente, la descuartizó y la pasó por una picadora de carne, tal y como desvelaron los restos de ADN analizados el pasado mayo.

Una vez con el «chalé de los horrores» bajo su poder, Bruno comenzó a alquilar habitaciones. Una de las arrendatarias era la argentina Gioiosa, de 55 años. Su relación con Bruno, que vivía a caballo entre el chalé de Majadahonda y el piso de su padre, en Móstoles, fue de mal en peor. El comportamiento del presunto asesino era extraño: no le permitía tocar un cuadro de su tía, colgado en el salón, ni levantar las persianas; tampoco acceder al sótano, que era donde escondía la trituradora en la que, presuntamente, había intentado deshacer el cuerpo de Liria.

La desaparición de Adriana

Adriana Gioiosa
Adriana Gioiosa- ABC

Hasta que el 29 de marzo, Adriana regresó de su país, donde había pasado unas semanas de visita a su familia. Al día siguiente, tras hablar telefónicamente con tu hermano y visitar a una vecina, se le pierde el rastro. La hipótesis policial es que se produjo una fuerte discusión entre la mujer y Bruno tras el regreso de Argentina. Él acabó con la vida de Adriana y la descuartizó; luego, intentó hacer desaparecer los restos pasándola por la trituradora de carne, pero no lo consiguió. Así que guardó los restos de la mujer en tres bolsas de basura que, de madrugada, los arrojó en sendos contenedores del barrio de La Sacedilla. Un vecino asegura que lo vio.

El 6 de abril, el hermano de Adriana, desesperado porque no consigue dar con ella, denunció la desaparición ante la Guardia Civil. Al día siguiente, el casero, de 32 años, es detenido y se sabe que otra nota, también mecanografiada supuestamente por la desaparecida, ha sido encontrada en la hamburguesería donde trabajaba, en Majadahonda. En ella explicaba que dejaba el empleo y se marchaba a Italia, pues había comenzado una relación sentimental. Otra mentira, pues los investigadores tienen claro que esa carta también fue redactada por el presunto homicida, tras cometer este segundo crimen y establecer una torpe coartada sobre el paradero de su víctima. Paralelamente, en el registro de la vivienda se hallan más de 200 muestras biológicas, que son enviadas al laboratorio. En la picadora, pese a que Bruno la había limpiado concienzudamente, también hay vestigios (carne y trazas óseas) cuyo ADN se corresponde con el de la argentina.

La Guardia Civil busca desde mayo el cuerpo de la víctima en el vertedero de Pinto. Hay acotadas 20.000 toneladas de basura, correspondiente a los días de autos y a la zona donde todo ocurrió. Hace dos semanas, ya se habían rastreado 12.000 toneladas, sin éxito. Los agentes temen que el rastreo termine sin resultados positivos.