José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

Sin salir en la foto

Hay ciudadanos que entregan su tiempo como voluntarios, y otros que, aprovechando su holgura económica, aportan recursos como hace Amancio Ortega para un mejor bienestar

José Luis Jiménez
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La realidad acepta múltiples visiones. Por ejemplo, ayer se abrió por vez primera una escuela infantil que la Fundación Amancio Ortega ha construido en un barrio de Compostela, y cuya gestión recaerá en la Xunta. Visitaron el inmueble Flora Pérez, la mujer del fundador de Inditex, y las autoridades políticas. La guardería —aunque sea simplista denominarla así— es un ejemplo de diseño, buen gusto y acabados. Se nota que quien corre con la factura no anda preocupado en cuadrar presupuestos. Una lectura que algunos harán es que es una obscena exhibición de multimillonario. Otros, entre los que me encuentro, creemos que cuando se colabora con la sociedad, se debe hacer aportando lo máximo para conseguir lo mejor. Seguramente es un principio al que deberían aspirar las administraciones públicas, pero la realidad económica a veces impone su peso.

La de ayer no es sino una más de las distintas escuelas infantiles que la Fundación está construyendo en las principales ciudades gallegas, que se complementan con las residencias. Las planifican con las administraciones, las construyen y las entregan para su gestión pública. ¿Y tiene Amancio Ortega obligación alguna de hacerlo? La respuesta es no. Unos creerán que practica la caridad, como cuando dona cientos de millones de euros a la sanidad pública para la compra de equipos de última generación de diagnósticos para el cáncer. Son esos que creen que, si Ortega está forrado, es que algo ilegal o inmoral hay detrás —dando por buenos cualquier bulo de internet, por supuesto—, y que habría que molerlo a impuestos para nutrir al soviet autonómico y que este gestionara en beneficio del pueblo.

Otros preferimos sentirnos agradecidos porque exista este espíritu de filantropía, de compromiso con la sociedad a la que se pertenece, y se le haga partícipe de lo que uno consigue en la vida. Hay ciudadanos que entregan su tiempo como voluntarios, y otros que, aprovechando su holgura económica, aporta recursos como hace Amancio Ortega para un mejor bienestar.

Los primeros dirán que estos gestos son márketing para vender más y mejorar la percepción entre la ciudadanía. Los segundos creemos que Inditex no necesita márketing ni aquí —un territorio de apenas 2,6 millones en un mundo globalizado de 8 mil millones— ni en ningún sitio: el éxito está en su modelo de negocio, no en su publicidad. Basta ir a cualquiera de sus tiendas.

Entonces, ¿por qué lo hace? Porque quiere, porque puede, porque sabe hacerlo. Y encima, no pide salir en la foto. No me digan que no es para agradecerlo.

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