José Luis Jiménez - PAZGUATO Y FINO

Pragmatismo orensano

Baltar parece dispuesto a negociar con una alcaldía que el PP no iba a conseguir para mantener una Diputación que sí es harto probable retener

José Luis Jiménez
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La chicha en esta cuentra atrás para la conformación de mayorías de gobierno para alcaldías y diputaciones se centra en Orense. Sin mayorías claras en el concello y con Baltar buscando un socio que le preste un diputado para conservar la institución provincial, quedan unas jornadas hasta el sábado de tensión y nervios entre todos los partidos.

El PP parece haberse instalado en un cierto pragmatismo. Aguantar el concello es harto difícil, toda vez que no se es primera fuerza política y la carambola de hace cuatro años parece una entelequia. Sin embargo, la Diputación sí tiene un peso específico y precisa de mucho menos para aguantarse. Y de cara a las autonómicas del año próximo, el peso político de un ente provincial supera con creces al municipal. Eso parece no tener duda.

Así las cosas, el PP intentó un acercamiento con Ciudadanos, el partido que recoge el voto de un cierto electorado de centro-derecha desencantado con los populares. Pero he aquí la sorpresa que los naranjas estarían dispuestos a darle alcaldía y diputación al PSOE, en una foto en la que también aparece el BNG. Sí, el partido de Albert Rivera es capaz de hablar con nacionalistas. Cosas veredes, amigo Sancho, cualquier cosa es posible bajo la égida de Rivera y Arrimadas: votar con un Bloque que fue socio de Esquerra y Bildu en las europeas. Y todo porque lo importante es echar a Baltar de la Diputación. No las políticas de la institución, sino tumbar a la persona, una pieza de caza mayor que se le resiste a la izquierda desde hace años. Y ahora es Cs quien quiere colgarse la medalla.

Baltar, que es más listo que Laureano Bermejo, el capo naranja en Galicia, ha tomado nota y ha llamado a la puerta de Gonzalo Jácome, un tipo que personalmente encuentro políticamente peligroso. Tóxico, incluso. Que representa la política de la avaricia y del «todo vale». Baltar parece dispuesto a negociar con una alcaldía que el PP no iba a conseguir para mantener una Diputación que sí es harto probable retener. Es una posición pragmática. Probablemente imperfecta, porque habrá sectores próximos a Jesús Vázquez a los que no guste la operación, pero a esos sectores habría que preguntarles si es normal que el alcalde se pegara el batacazo electoral que sufrió el 26-M y que reine la deserción en sus filas.

Ciudadanos asiste con perplejidad a que su postura exigente puede dejarles con un palmo de narices en Concello y Diputación por arrimarse al socio equivocado, ese que no quieren sus votantes. Salvo que rebaje las exigencias. Y llegados a ese punto, no sé si el PP querría escuchar a los naranjas, toda vez que así salvaría la Diputación pero le estaría sirviendo el Ayuntamiento a los socialistas.

El PSOE adopta ahora una sobreactuada posición de ofensa gravísima ante este hipotético acuerdo Baltar-Jácome, olvidando que va a necesitar a la Marea Atlántica en La Coruña, a Ferrol en Común en la ciudad departamental y la abstención de Martiño Noriega en Compostela. Es decir, los populismos son malos cuando es el PP el que se beneficia de ellos, pero una fuente de gobiernos de progreso cuando yo los necesito. La doble vara de medir de los socialistas a la que ya estamos acostumbrados.

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