El cura Pepe, ante la iglesia de Longoseiros, durante la charla con ABC
El cura Pepe, ante la iglesia de Longoseiros, durante la charla con ABC - MIGUEL MUÑIZ
VIDA EN EL RURAL: LA RELIGIÓN

«Ser cura en el rural es muy estresante»

Viste vaqueros, monta en moto y arbitra partidos de fútbol. El cura Pepe, a sus 51 años, recorre cada año 50.000 kilómetros para trasladar la palabra de Dios a sus fieles

O CarballiñoActualizado:

Quedamos con Xosé González al pie de la pequeña iglesia de Longoseiros, una de las parroquias orensanas de las que este párroco se encarga desde hace ya una década. El cura Pepe —como lo conocen los vecinos— nos recibe en vaqueros y con gesto afable en la única tarde que tiene libre en toda la semana. Porque, como él mismo reconoce, «ser cura en el rural es muy estresante». Las ocho parroquias de las que se ocupa a diario obligan al religioso a cambiar de coche cada cuatro años, cuando el cuentakilómetros rebasa los 200.000. «Siempre andamos a correr, tenemos un horario muy pautado y a veces no nos podemos parar con la gente todo lo que nos gustaría», reconoce al dar cuenta de su rutina diaria. Durante el curso, el cura Pepe da clase de religión en tres colegios, una actividad que compagina con las misas de las parroquias y con las bodas (muy escasas), bautizos (más comunes), cabos de año y funerales que oficia. «Los sábados y los domingos son fastidiados porque no tenemos parada», reflexiona.

Paseando por las inmediaciones de la iglesia, que estos días celebra las fiestas de su patrona, el párroco aborda los problemas de un rural en el que la edad de los religiosos y la carga de trabajo son el principal lastre. «Mi compañero de fatigas tiene 91 años y acabo de estar con dos curas que, solos, se encargan de 23 parroquias». Éste es el escenario de un hombre entregado a su vocación y que tira de buen humor para sobrellevar las dificultades de la profesión. Entre ellas, los obstáculos para tomarse vacaciones. «La Iglesia nos las recomienda, pero no es fácil porque tienes que encontrar un fin de semana libre», explica. Cuando lo logra, Pepe se monta en su moto de 125 y recorre toda la costa gallega. Es, confiesa, su válvula de escape.

La vocación de este religioso se forjó en el seminario donde estudió desde los 9 años. Allí se formó como párroco durante los seis años obligatorios antes de que te concedan destino. «En los últimos años están saliendo 2 ó 3 curas al año», revela. En su promoción fueron seis, pero solo siguen dando misa dos de ellos. El resto, reconoce, lo dejaron por amor. «Para mí fue un palo duro. Lo pasé mal por eso porque lo dejaron cuando ya llevaban años de cura, a los 40 años. Eran gente muy válida y yo creo que lo harían igual de bien de casados», se moja Pepe. Al hablar de la soledad, no esconde que hay días en los que pesa más que otros. «Lo ves en los curas mayores y yo mismo también lo vivo. Pero te acostumbras y descubres que también tiene sus ventajas», bromea a sus 51 años.

En la sacristía del templo, el religioso se viste la sotana verde. «La negra ni la tengo. La Iglesia no nos obliga a nada. Ahora hay una vuelta al alzacuellos en los curas más jóvenes de todo el mundo, pero yo no lo uso. Los fines de semana intento vestir de negro como fórmula de respeto, y el resto voy normal», aclara al tiempo que camina, a paso lento, hacia el cementerio. «Voy así porque ayer arbitré un partido y me lesioné», introduce para confesar que la de futbolista —«que se me daba muy bien»— es una de sus carreras frustradas.

Entre las ocho parroquias de las que se ocupa, Xosé suma más de medio millar de fieles, pero no vive al margen de la crisis de devoción que atraviesa la Iglesia. Para encarar el problema, que lleva a que la mayoría de sus feligreses sobrepasen la barrera de los 60, el cura Pepe participa de un sínodo convocado por el obispo que «está funcionando bastante bien». «Hacemos grupos sinodales en las parroquias para estudiar cómo atraer a la gente y están saliendo cosas interesantes. Yo tengo un grupo, juntamos a los vecinos en las parroquias y es el pueblo el que propone, nosotros solo coordinamos. Escuchamos cómo les gustaría que avanzase la iglesia y de ahí sacamos las conclusiones que le trasladamos al obispo. Normalmente piden más participación de los laicos y que se reestructuren las parroquias», detalla.

Ejemplo de bondad

Con la sinceridad que lo define, el cura Pepe también valora la gestión del Papa Francisco. «Está ayudando mucho. Yo soy un gran admirador de él. Tiene ese carácter argentino que a veces lo traiciona, pero para mí es un hombre muy válido y muy valiente en sus declaraciones». Antes de despedirnos, Xosé tira de palo selfie para hacer una foto de recuerdo. «Nos la pasamos por whatsapp», quedamos. De regreso por las carreteras que Pepe recorre a diario para encontrarse con sus fieles, entendemos que muchos lo busquen para pedirle consejo y ayuda. Porque en su caso, no hay duda: vocación y bondad van de la mano.