Cristina Seguí - EL CSEGUÍ

Es yihadismo, no Batman Returns

Mientras el Estado Islámico libra su guerra en Occidente, la izquierda pueril trata a la población de menor de edad

Cristina Seguí
CRISTINA SEGUÍ
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Ninguna duda sacudió las rotativas de los principales medios de comunicación de izquierdas franceses cuando el terrorista yihadista Mohamed Lahouaiej-Bouhlel arrasó la vida de 84 personas en el paseo de los ingleses, entre ellas docenas de niños. Ni una sola fisura con respecto a las líneas editoriales de derechas. Así, periódicos zurdos como Liberation arrojaron titulares desde el estómago del patriotismo, aunque también desde el pragmatismo de una Francia que se está profesionalizando en eso de cauterizar y aprender de las heridas que quedan tras ser abierta en canal demasiadas veces.

Liberation y sus referentes políticos hablaban sin tapujos del paseo de los ingleses como una zona de guerra cubierta de muertos, no de un lugar afectado por el vandalismo de algún gamberro. De asesinados, no de muertos, porque se los llevó por delante un malnacido que les apuntó con un maldito camión de 20 toneladas, no la apnea en medio de una siesta, ni la condescendencia de alguna enfermedad larga que, al menos, les hubiera permitido despedirse de sus familiares. Todos los medios franceses loaban y engrandecían a la policía francesa, que abatió al asesino y entró en la cabina del tráiler confrontando el claro riesgo de salir volando por los aires. Sin excepción. Eran héroes, no verdugos del verdugo con matices. Únicamente hubo un tipo de persona que lloró al asesino y le disculpó tratando de imponer una falacia igualitaria en la que los terroristas son chicos incomprendidos iguales al resto: otros islamistas radicales como ellos. Humanos inhumanos incapaces de sentir la misericordia.

Sin embargo, a esa falacia igualitaria a la que rinde culto determinada prensa de izquierda española, sí sentó el pasado sábado a algún erudito de la moral en la Sexta Noche. Y un par de días antes al enano moral de Javier Aroca en Al Rojo Vivo, quien arremetía contra la policía francesa que, según él, fue la responsable de que «la persona que conducía el tráiler zigzagueara por culpa de alguna bala», y no por buscar el bulto con la máxima diligencia allá donde Lahouaiej-Bouhlel podía asesinar a más gente. De esta forma Aroca elevaba a un terrorista a la categoría de persona. De víctima. Y el camión pasó de ser una trampa mortal zigzagueante, un viejo método de manual yihadista, a un camión que hacía eses en manos de un pobre moribundo. Otro portavoz de la diversidad almidonando el perfil asesino del animal por el miedo a perder el rango de vocero de la propaganda de los profesionales del odio. De los miserables que fueron capaces de bromear con la muñeca caída en el suelo junto a una niña tendida. Pánico a no satisfacer el nivel de exigencia de esos miserables, que, a su vez, son aquellos que reivindican tu silla en cada programa.

Y tras ello, Escolar pasando la patina sobre la naturaleza asesina y yihadista del asesino para arrinconar en la marginalidad la responsabilidad de un pobre chalado al que el mundo islamófobo ha hecho así. Reduciendo el cúmulo de atentados de Charlie Hebdo o Bataclán al riesgo cero. Como si Francia o el resto del mundo que se enfrenta a una guerra cupiera sentado en los sillones del plató de la Sexta. «La guerra de Irak llenó de razones a esta gente para hacer lo que está haciendo», afirmó. «A esta gente», no a «estos asesinos». «A hacer lo que está haciendo», no a masacrar a hombres, mujeres y niños. Omitiendo que Francia no participó jamás en la guerra de Irak y la condenó ni ambages. Que para asesinar basta con el expreso deseo del asesino de acabar con la víctima. Que para mentir y ningunear al espectador basta con manipular la verdad y la historia aprovechando la ignorancia y la pereza del indolente para ponerles de tu lado. De modo que, mientras el Estado Islámico libra su guerra en Occidente, la izquierda pueril trata a la población de menor de edad. Comparando el yihadismo con Batman Returns o Fast and Furious, o alguna célula extinta de los tercios de Flandes. El peligro ahora mismo no es el enemigo por muy grande que sea, lo es creer en estos voceros patrios y pensar que llegado el momento podremos darle al pause. Como si fuéramos los personajes con infinitas vidas de un maldito videojuego.

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