Cristina Seguí - EL CSEGUÍ

La emboscada del «Gobierno a la valenciana» al PSPV

Este «Gobierno a la valenciana» posee, además, el ADN del populismo nacionalista como sesgo político añadido

Cristina Seguí
VALENCIAActualizado:

La Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), el recién hallado cabildo populista del “Gobierno a la valenciana”, se levanta sobre el epicentro de la Valencia árabe y romana desde hace casi una década. Como un paria de piedra que alberga a la antidemocracia venezolana burocratizada. Un impostor erguido en jarras entre nueve siglos de historia valenciana que se mira atónita a sí misma al descubrirse un tatuaje de América Latina entre la Lonja, sus ruinas amuralladas y las mareas de erasmus recién llegados de las democracias europeas. Sorprende que hasta el nombre de la calle en el que se enclava señale la naturaleza del ente: la calle Carniceros. Como si el detalle fuera una sorna mordaz del callejero para denunciar al caudillo que acaba de levantar allí su mecenazgo.

Allí llevan años celebrándose los brainstorming del proyecto totalizante de Joan Ribó, alcalde de Valencia, Antonio Montiel, diputado autonómico de Podemos, y demás mercantilistas de la igualdad, los derechos humanos y la justicia social que hiperventilan la legitimidad y la vitamina financiera del mal llamado gobierno a la valenciana gracias a su paradójica defensa de la tiranía venezolana que abate estudiantes en manifestaciones y categoriza el gramo de carne como producto de lujo. 

Este “Gobierno a la valenciana” posee, además, el ADN del populismo nacionalista como sesgo político añadido y diferenciador. El mismo populismo racista y antieuropeista propio de la Alternativ Fuer Deutschland (AFD), que ha crecido en Alemania hasta alcanzar el tercer puesto en las encuestas, y el que patrimonializa en plena pujanza el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia. Ambos partidos nacional-populistas y xenófobos defienden el endurecimiento de la ley inmigratoria y fronteriza. No obstante, la nueva marca tripartita compuesta por la coalición de Compromís, Podemos y el PSPV disfruta de una característica distinta y tremendamente interesante y que, al contrario de lo que sucede con el Frente Nacional de Le Pen o cualquier otro partido de ultra derecha, distingue a este tripartito con la innata habilidad de reclamar la solidaridad internacional para los refugiados en los platós de televisión mientras, en su paradoja, intenta construir nuevas fronteras dentro de su propio territorio, así como el supremacismo educativo exclusivo y la ingeniería de hegemonías culturales que atentan contra la diversidad y que se oponen a una sociedad libre. Ese es justo el único punto en el que la ultraizquierda y la ultraderecha logran distinguirse.

El respeto de la nueva marca política de Oltra por los refugiados no es mucho mayor que el dedicado por la lenguaraz musa del ultraderechismo galo Le Pen, cuando la líder del tripartito valenciano se embarca rumbo a Grecia para repartir bocadillos de salami entre los refugiados y ofrecerles un futuro esperanzador de hacinamiento en el “Veles i vents”, glamuroso edificio postmodernista con vistas al Mediterráneo. Todo ello absolutamente consciente de que la acogida de refugiados es competencia del Gobierno nacional. Pero lo relevante es el rédito que estos reportan a la influencia mediática de la marca, que es enorme, y resulta evidente además, que monopoliza de forma compulsiva los teleprompter de los programas de máxima audiencia que ya han incluido al “Gobierno a la valenciana” como preferente en su parrilla mercadotécnica, arrojando de paso en las salas de estar el victimismo plañidero de Oltra, que como buena mártir nacionalista ha aprendido a demonizar a sus dos grandes enemigos externos: El Gobierno nacional y la tutela europea.

Por otro lado, es absolutamente falso que el “Gobierno a la valenciana” sea la casa común de la izquierda valenciana. Es exactamente todo lo contrario: La emboscada mortal que Compromís ha tendido al partido socialista valenciano para devorar a sus bases o bien para trasvasarlas a la coalición nacionalista en los próximos tres años tras el desfallecido gobierno de Ximo Puig, quien a sus 59 años sólo aspira a ser expresidente autonómico y jubilado territorial en la cámara alta mientras su militancia está absolutamente secuestrada y rendida en justiprecio al gobierno de facto de Oltra. Para que se hagan una idea, Iglesias y Oltra pretenden exactamente lo mismo: fagocitar al PSOE nacional y al PSOE valenciano respectivamente. El primero lo reconocía hace un año en una entrevista a “The new left review”: “Nuestro objetivo fundamental para este año es superar al PSOE como condición previa y esencial para el cambio político en España, aunque no logremos superar el PP ... En esa etapa, el PSOE tendrá que aceptar el liderazgo de Podemos o decidir su suicidio político mediante su entrega al PP ...”.

Y paralelamente a esas declaraciones bosquejó la marca personal de “Las fuerzas del cambio”. Oltra hizo lo propio al patentar el “Gobierno a la valenciana”. De sumar ambos el millón de votos de Izquierda Unida lograrán el único propósito para el que han nacido: Acabar con el PSOE y conducir a la nueva izquierda revolucionaria de los próximos treinta años.

 

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