Alberto Fernández Díaz - Tribuna abierta

Solo se trata de cumplir la ley

«Según Torra, colgar una bandera independentista no es partidista y define como ridículo el hecho de retirar lazos y esteladas»

Alberto Fernández Díaz
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Hace pocos días reclamé a la alcaldesa Ada Colau que retirase el lazo amarillo independentista de las fachadas del Ayuntamiento de Barcelona, así como de los consejos de distrito y dependencias municipales, colocados en su día en apoyo a los políticos presos. Un hecho que ya era contrario a la obligada neutralidad de las instituciones públicas y que, tras convocarse las elecciones, es también contrario a la Loreg.

La semana pasada el PP presentó un requerimiento por escrito a la Junta Electoral Central (JEC), para pedir que se cumpla con la obligada neutralidad de las administraciones durante los periodos electorales. No es la primera vez que la JEC ha tenido que resolver esta cuestión. En cuatro ocasiones con motivo de periodos electorales ha reclamado la retirada de esteladas, así como carteles con el lema de «presos políticos», lazos amarillos y hasta suspender la campaña de iluminar de amarillo edificios y fuentes, tal y como pretendía hacer Ada Colau en Barcelona durante las últimas elecciones catalanas.

En estos casos, no puede servir de excusa la existencia de acuerdos políticos adoptados en la Junta de Portavoces u otros órganos del Ayuntamiento para incumplir esta obligación y exigencia legal.

A pesar de las diferentes advertencias legales, parece que tanto el presidente de la Generalitat, Quim Torra, como la alcaldesa Colau no tienen intención de retirar los símbolos independentistas de las diferentes dependencias públicas del Ayuntamiento y de la Generalitat, demostrando con estos gestos que a veces las administraciones no son de todos los catalanes.

Según Torra, colgar una bandera independentista no es partidista y define como ridículo el hecho de retirar lazos y esteladas, demostrando un desprecio absoluto a la neutralidad de las administraciones y hacia todos aquellos catalanes que también nos sentimos españoles.

Ahora solo falta conocer la opinión de la alcaldesa Colau, que siempre actúa de amplificador del independentismo desde el Consistorio y que de bien seguro también seguirá la estrategia que marque el secesionismo. Es necesario que Colau y Torra sean conscientes que el reloj va en su contra y que solo se trata de cumplir la ley, algo que muchas veces parece olvidado por ambos dirigentes que piensan que están por encima de ella.

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