Sergi Doria - Spectator in Barcina

El puerto de Paco Camarasa

La Negra y Criminal, «el santuario del crimen», fue lo que una librería ha de ser: especializada y prescriptiva

Sergi Doria
Actualizado:

Las ciudades portuarias son novelas negras. Tras su exitosa singladura –el certamen cuenta con un pasaje fiel–, la BCNegra que capitanea Carlos Zanón arriba a Puerto Camarasa. Fallecido el 2 de abril de 2018, el que fue comisario durante doce ediciones legó su fondo bibliográfico a la Biblioteca Montbau, especializada en novela negra y el Archivo de Ciutat Vella.

Disfruté de la calidad humana de Paco Camarasa y Montse Clavé hace tres lustros: preparaba con Sergio Vila-Sanjuán «Paseos por la Barcelona literaria», volumen auspiciado por el Instituto de Cultura de Barcelona en el Año del Libro y la Lectura que impulsó el entonces eficaz Ferran Mascarell. En las dieciséis rutas del Quijote, el barón de Maldà, Verdaguer, Orwell, Rodoreda, Mendoza o Ruiz Zafón no podía faltar la Barcelona negra. Propusimos el capítulo a Paco Camarasa y Montse Clavé: «Carvalho y Cía, una senda negrocriminal».

El itinerario comenzaba en Vallvidrera, la casa de Carvalho y su creador; descendia luego al corazón taquicárdico, obrero y canalla del Paralelo y el Poble Sec del desengañado inspector Méndez de Francisco González Ledesma. Se cruzaba en el camino Petra Delicado y el subinspector Garzón rastreando «ritos de muerte». Carvalho reaparecía en Can Lluís, que este año cumple noventa años. El restaurante de la Cera-Reina Amalia está a pocos pasos de la calle Botella donde nació Vázquez Montalbán y de aquel cine Padró que, como en «Los fantasmas del Roxy», acabó en edificio de Núñez y Navarro. Can Lluís rinde homenaje al escritor con un menú de bullente «olleta d’Alcoi» y espaldita de cabrito asado. En Casa Leopoldo, otro feudo coquinario de Carvalho, Rosa Gil ya no ejerce de mestressa.

En aquel 2005, el Barrio Chino era ya cartografía de la memoria: «De San Rafael poco queda, de San Olegario, nada… Ayer y hoy barrio de inmigrantes. En la confluencia de San Pablo y San Ramón las puertas oxidadas del mítico Marsella. Los días de absenta y pastís pasaron para siempre», escribía Montse Clavé.

La ruta negrocriminal seguía con Andreu Martín y Carles Quílez. El sargento Chunchilla de «Cop a la Virreina» se pateaba la calle Robador; proseguía por San Ramon –últimos reductos lumpen-puteros del Raval–, Arco del Teatro, el bar Pastís, el Amaya de la Rambla, Escudellers, la Plaza Real –Los Tarantos, Jamborée, Glaciar– y el Pipa Club que chapó la maldita Ley de Arrendamientos. Del Barrio Gótico al Born y de ahí a la Barceloneta.

«Y muy cerca, en la calle de la Sal, se ubica el santuario del crimen», anunciaba la pareja de cicerones. En diciembre de 2002, Paco Camarasa y Montse Clavé abrieron la Negra y Criminal que había de llamarse Hammet & Chandler. Allí permanecieron, ejemplo vivo de resiliencia, hasta el 3 de octubre de 2015: «La novela negra está de moda... pero vendemos menos que nunca… La prensa siempre nos ha tratado muy bien, hablaba de nosotros... y la gente pensaba que el negocio nos iba de cine» confesaron una triste mañana otoñal. La novela negra ocupaba colecciones editoriales y grandes superficies, librerías y gasolineras… pero «muy pocos de los lectores que apostaban por llegar hasta la Barceloneta a dejarse recomendar alguna que otra rareza y llevarse el último Camilleri nos visitan».

La Negra y Criminal fue lo que una librería ha de ser: especializada y prescriptiva. «Si el márqueting editorial coloca cien ejemplares de un solo autor, nosotros queríamos vender un libro de cien autores diferentes. Poníamos empeño en que las pequeñas editoriales pudieran hacer llegar las joyas que publicaban». La Negra y Criminal albergaba tres mil descatalogados… Paradójicamente, la librería de culto moría del éxito del género que ofrecía. De la solitaria Semana Negra de Gijón se había pasado a una quincena de certámenes... Y Paco y Montse habían perdido el sesenta por ciento de la facturación. «Nos quedábamos sin balas y queríamos seguir disparando», concluían.

Nunca olvidaremos aquel lugar de la Barceloneta donde fuimos felices. De aquel póster con algunos de los más de trescientos autores en camiseta negra con el rótulo mecanografiado de la librería: Sue Grafton, Philip Kerr, John Connelly, Jo Nesbo, Asa Larsson, Ian Rankin, Leonardo Padura, Alicia G. Bartlett, Toni Hill, Lee Child, Sergio Álvarez, Peter May... Del sótano con la silueta de un fiambre, la huella del crimen y la pistola. De la cocina sabatina y los centenares de kilos de mejillones negrísimos regados con un gélido blanco o el Rioja secreto de la casa.

Cuando cerró la Negra y Criminal, Camarasa convocó su biografía literaria en el libro «Sangre en los estantes» (Destino, 2016) y luego se enfrentó a la enfermedad y la muerte. «No soy un intelectual, ni un creador. Soy un divulgador, un agitador, un prescriptor, un librero, que es el mejor divulgador, agitador y prescriptor que puede haber», advertía en el prólogo.

Saludos negrocriminales desde Puerto Camarasa.

Sergi DoriaSergi Doria