Miquel Porta Perales - El oasis catalán

Humor

El humorista Puigdemont aunque da risa, es sobre todo un antídoto contra las creencias, tópicos y embustes del secesionismo delirante

Miquel Porta Perales
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El humor juega su papel en el «proceso». En efecto, el humor gráfico editado en la prensa catalana –viñetas y tiras humorísticas– ha tenido un papel importante en la campaña de agitación y propaganda independentista. El humor gráfico ha socializado el «proceso». Un repaso a viñetas y tiras sirve para constatar las ideas que se transmiten. Entre otras, un Estado español sordo, un Gobierno español inmovilista, una Constitución española antidemocrática, el expolio fiscal que padecería Cataluña, adiós a España, a qué esperáis para marchar, España prisión de pueblos, que no te engañen y un largo etcétera que intenta conformar la consciencia del lector. Con el transcurrir del tiempo, el humor del “proceso” ha encontrado su antídoto en viñetas y tiras publicadas en medios que no comulgan –nunca mejor dicho- con el «proceso». El contenido: la estelada disimula la incompetencia y los recortes del gobierno catalán, en Europa no sois nadie y en Cataluña os montáis vuestras películas, y un largo etcétera. El detalle: en la prensa catalana cuesta encontrar humor gráfico crítico con el «proceso» mientras que en la del resto de España sí hay viñetas y tiras que se muestran críticas con la actitud del Estado y el Gobierno de España ante el desafío independentista. Humor obediente en Cataluña y humor desobediente en el resto de España.

Y en eso que Puigdemont, con su espantada electoral ante la reacción de los suyos y la calle –¡valiente, Puigdemont!–, se convierte en el humorista oficial de un «proceso» que conduce al abismo. Si Octavio Paz señaló que la risa es la única filosofía crítica que nos queda, bien puede decirse, a la vista del humor secesionista, que el «proceso» alumbrado la broma como apología del engaño, la falacia, la manipulación, el apaño y la exclusión. Woody Allen: «El humor puede conducirnos a la tragedia». No es una broma. Pero, el humorista Puigdemont aunque da risa, es sobre todo un antídoto contra las creencias, tópicos y embustes del secesionismo delirante.

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