Joan Carles Valero - Letras expectativas

Exaltación de la aldea

«García de Cortázar defiende que la historia es un instrumento necesario, y cuando no existe, se inventa, como ha ocurrido para justificar los nacionalismos»

Joan Carles Valero
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Andorra ha eclipsado a los separatistas catalanes dos veces en los últimos días. Antoni Martí, primer ministro del pequeño país pirenaico, fue recibido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su primer día como inquilino en la Moncloa con ocasión del 25 aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. Momento en el que Sánchez aprovechó para manifestar su apoyo a la celebración de la Cumbre Iberoamericana de 2020 en Andorra.

Martí ha vuelto a eclipsar a los secesionistas catalanes en las celebraciones del Día de la Independencia de los Estados Unidos el 4 de julio en el Consulado de Barcelona. El cónsul general Marcos Mandojana brindó trato de jefe de Estado al mandatario andorrano, que copó todas las atenciones y fotografías oficiales, propinando un baño de realidad a Quim Torra, que fue tratado como lo que es: presidente de una comunidad autónoma española.

Fernando García de Cortázar, historiador y premio nacional de Historia de España 2008, recordó este sábado en el programa «Converses» de COPE Cataluña y Andorra, las palabras que otro sabio, Menéndez Pelayo, pronunció en el Ateneo Barcelonés en 1908 para proclamar que Barcelona es el corazón de España. Autor de «Viaje al corazón de España» (Arzalia), un libro en el que exalta la belleza de un luminoso país, García de Cortázar distingue entre Barcelona y el resto de Cataluña, hasta el punto de subrayar que con la Constitución en la mano la demarcación de Barcelona podría constituirse igual que la Comunidad de Madrid.

García de Cortázar defiende que la historia es un instrumento necesario, y cuando no existe, se inventa, como ha ocurrido para justificar los nacionalismos. Un mal uso del que no se libra el resto de territorios en un proceso que denomina de regionalización de la cultura o exaltación de la aldea. El caso catalán es, a su juicio, el de mayor tergiversación histórica, al producirse los elementos más claros de alteración, mistificación y mentira de la historia que se conocen en toda España.

Para mayor inri, el carlismo que impera en el separatismo catalán niega el pensamiento liberal de la construcción de una España plural porque provocaría la recíproca reclamación de una Cataluña plural. Así las cosas, frente a la persistente exaltación de la aldea, como dijo Camus, de los resistentes será la última palabra.

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