José Rosiñol - Tribuna Abierta

La dictadura de la dictadura

Últimamente, la política catalana nos está dando oportunidades para poder comprender el porqué de este deslizamiento acelerado hacia una sociedad anómica

José Rosiñol
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Últimamente, la política catalana nos está dando oportunidades para poder comprender el porqué de este deslizamiento acelerado hacia una sociedad anómica, bien es cierto que podríamos hablar de los marcos mentales que el nacionalismo ha inoculado en su plan de ingeniería social, o del imaginario colectivo sobre los que han construido unos paradigmas sociológicos tolerantes ante planteamientos que podríamos denominar, como mínimo, ademocráticos, sin embargo, los hechos de la cotidianidad inmediata nos pueden servir para hacer un análisis microsocial de la situación política catalana.

Esta perspectiva microsociológica es especialmente fructífera cuando se estudian controversias o situaciones de conflicto, en un contexto como el actual, con un «prusés» errático y tambaleante, sin un liderazgo claro más allá del oportunismo, con una humillante dejación por parte de estructuras del Estado como el Ayuntamiento de Barcelona o la Generalitat ante la toma del espacio público en la ciudad Condal, comprando la «paz social» (y el rédito electoral) con recursos públicos ante unos antisistema tan adánicos como nihilistas, todo ello está destapando –una vez más- episodios de conflictividad entre los neoliberales de Convergència y los anticapitalistas de las CUP.

Uno de estos encontronazos lo pudimos ver en la no-investidura de Artur Mas, cuando un confidencial digital transcribió algunas «conversaciones» entre los negociadores de CDC y las CUP: «Recordad quienes fueron los que os financiaron al principio», les espetaron a los representantes cupaires, esta filtración es sintomática de la lógica perversa que se esconde tras las «revolución de las sonrisas», mucha revolución y pocas sonrisas, parece que desde el poder nacionalista, se ha azuzado movimientos políticos que no solo cuestionan la unidad de España sino la esencia misma de la democracia representativa y liberal, han jugado a ser aprendices de brujo, y de aquellos polvos tenemos estos lodos que ensucian la imagen de la Barcelona cosmopolita y puntera, naturalmente, el relato puesto en marcha por el separatismo: cuestionar el Estado de Derecho, el Imperio de la Ley y las normas de las democracias modernas solo han servido para avivar movimientos de ultraizquierda que ponen en peligro nuestra forma de vida y nuestra convivencia social.

Pero ¿cómo reacciona el periodismo orgánico ante el desafío al statu quo nacionalista por parte de las CUP?, aquí nos encontramos otro de los episodios útiles para el estudio microsocial, Pilar Rahola, en su columna de La Vanguardia del pasado sábado 4 de junio de 2016, en ella, hablando del comportamiento de las CUP dice «Lo exigen todo, convencidos de imponer la dictadura de la minoría, con la excusa de la independencia», desde luego, tiene razón, pero la minoría antisistema independentista forma parte (y, como hemos visto, es hija) de la minoría independentista, la burbuja del autoengaño separatista no puede ocultar que Rahola acusa a las CUP, precisamente, de lo que están haciendo los de JxSí, básicamente secuestrar la pluralidad catalana y acallar a la mayoría no rupturista tras el mismo mantra que las CUP: independencia y nihilismo, la estructura que subyace a su discurso es, fundamentalmente, el camino hacia dónde nos conducen los próceres del «prusés»…hacia una dictadura de una minoría tan ideologizada como hiperrepresentada.

JOSÉ ROSIÑOL ES SOCIO

FUNDADOR DE SOCIEDAD

CIVIL CATALANA

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