José García Domínguez - PUNTO DE FUGA

La derecha invisible

CiU ya es memoria. Y con ella la expresión política de la derecha local y localista

José García Domínguez
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Acaso la consecuencia más desconcertante de esa incapacidad suicida que han demostrado los restos de CDC para desmarcarse a tiempo del “procés” haya sido la virtual desaparición de la derecha en Cataluña. En el fondo, lo suyo era el derecho a no decidir, a no decidir jamas de los jamases, a amagar eternamente. El éxito de la difunta CiU, aquel matrimonio de conveniencia asentado sobre la muy calculada ambigüedad que definió desde su mismo instante germinal al catalanismo histórico, constituyó la mejor prueba de ello. Pero CiU ya es memoria. Y con ella la expresión política de la derecha local y localista.

A estas horas, las vísperas del mayor cataclismo electoral jamás sufrido por los legatarios del catalanismo conservador y menestral que no hace tanto monopolizara hasta la asfixia la totalidad del espacio público local, esa particular derecha, la que solo se quiere autóctona, ni está ni se la espera. Como si la hubiera abducido un ovni, ni rastro queda de ella. Sencillamente, la derecha catalana no existe, a diferencia de su espacio sociológico, que, si bien más desorientado y perplejo que nunca, continúa donde siempre. Un gran espacio, el hoy huérfano de las capas tibias que se reconocen en la prudente cosmovisión de las clases medias, que, una vez certificado el 26J el fallecimiento oficial de CDC, está llamado a ser objeto de enconada disputa entre Ciudadanos y la enésima sigla que emerja de las cenizas del difunto. Del resultado de esa disputa, ahora apenas soterrada, deberá salir la futura expresión política de la Cataluña que quiere contar algo políticamente en España. Lo que vendrá tras la muy inminente clausura tácita de la excursión a Ítaca será la lucha por la recomposición interna de la derecha, una vez desaparecido en combate el pospujolismo residual. Una batalla por el control de imaginario de esa Cataluña central y centrista que aún conserva dos dedos de frente. La misma que, al fin, acaba de ver las orejas al lobo.

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