Miquel Porta Perales - El oasis catalán

Anomalía

Contrariamente a lo que dice el nacionalismo, la anomalía surge cuando el Parlamento y el gobierno de Cataluña dinamitan, de una tacada, el Estatuto y la Constitución

Miquel Porta Perales
Actualizado:

Sostienen el nacionalismo catalán y sus adláteres que la existencia de políticos independentistas presos constituye una anomalía. Cierto. La cuestión: ¿dónde está la anomalía? Contrariamente a lo que dice el nacionalismo, la anomalía surge cuando –septiembre y octubre de 2017- el parlamento y el gobierno de Cataluña dinamitan, de una tacada, el Estatuto y la Constitución, celebran un referéndum de autodeterminación ilegal, y proclaman la República Catalana. ¿Quieren mayor anomalía –en una democracia- que eso? ¿Que resulta anómalo que en España haya políticos independentistas en prisión? Cierto. Pero, la anomalía reside en el comportamiento de un nacionalismo catalán que se caracteriza por la deslealtad institucional y constitucional así como por el incumplimiento sistemático de la legalidad democrática del Estado de derecho. Ese y no otro es el problema. Esa y no otra es la anomalía. Y quien se encuentra en prisión lo está –la Justicia dirá la última palabra- como consecuencia de sus actos anómalos. Es decir, ilegales y antidemocráticos.

Una anomalía –la catalana- que se caracteriza por el regodeo. Por ese deleitarse o complacerse maliciosamente a costa del otro. Por ese estar de chacota que tanto gusta al independentismo. Los ejemplos sobran. ¿Se acuerdan ustedes de las fotografías del ex presidente Carles Puigdemont con las cinco notificaciones -¡cinco!- del Tribunal Constitucional que avisan de las consecuencias del incumplimiento de la ley? ¿Se acuerdan ustedes del mensaje del mismo personaje que, estando en busca y captura, advierte que está “a 24 h de la investidura”? Gracioso, Carles Puigdemont. Y no deja de tener su gracia que el presidente Joaquim Torra amague con ir o no ir a Tarragona o monte el numerito en Washington o rompa relaciones con la Corona. Por no hablar del recibimiento triunfal –como si de héroes se tratara- de los políticos presos. ¿Algo parecido ocurre en los países democráticos? La anomalía y el regodeo forma parte del hecho diferencial nacional catalán.

Miquel Porta PeralesMiquel Porta Perales