Ignacio García, nuevo director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro
Ignacio García, nuevo director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro
Artes&Letras / Teatro

Ignacio García: «La cultura, el teatro y la lengua son un potencial de riqueza en nuestro país»

Toma las riendas del Festival Internacional de Teatro de Almagro en un momento dulce y con la intención de «consolidar el patrimonio de 40 años de excelencia». De raíces abulenses, este director de teatro y de repertorio lírico pretende convertir la cita en «centro de pensamiento sobre el Siglo de Oro»

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Ignacio García, nombrado director del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, aguarda al primero de enero para tomar posesión del más veterano e importante festival de clásico de España. De raíces abulenses (su familia es de La Colilla y él nació en Madrid «por los pelos»), aprovecha las semanas previas para empaparse del espíritu y la trayectoria del Festival, y proyectar algunas nuevas ideas, «con un sentido de continuidad en todas las iniciativas que han dado buen resultado, que son casi todas». La conversación acerca del futuro del Festival se celebra en Ávila, cerca de la muralla, donde pasa algunos días, retirado y pesando, después de experiencias compartidas en Madrid con Natalia Menéndez, su predecesora en el cargo.

-Usted llega al Festival en uno de sus puntos álgidos: espectáculos, número de espectadores, prestigio, ¿cómo se plantea acometer la dirección del festival en los próximos años?

-Con afán por consolidar el patrimonio de 40 años de teatro clásico de excelencia en Almagro y tratando de dar más visibilidad al Festival en España y en el mundo, de modo que se conozca mejor el milagro que cada año se produce en esa hermosísima ciudad de La Mancha, para que más ciudadanos lo disfruten.

-Bajo la dirección de su antecesora, Natalia Menéndez, que realizó una importante labor para sanear económicamente el Festival y promocionarlo, se impulsaron nuevos ciclos como Almagro off, el Festival en los barrios, espectáculos de calle, etc, ¿seguirá con estas propuestas que se salen de una programación reglada de un festival de teatro clásico?

-Por supuesto, lo que funciona se mantiene, sin duda. Y también Barroco Infantil, que debe ser la cantera de público y de profesionales en el Siglo de Oro, y After Classics para tener una visión más libre y chill-out en la fresca madrugada almagreña. La clave en todas estas propuestas es que mantengan un estándar de calidad alto y que al mismo tiempo abran el juego a nuevos profesionales de oficios artísticos.

-El Festival por estatutos tiene el marco bien definido, teatro del siglo áureo, dentro de este marco, ¿piensa en un sello de identidad más definido, por la poética, el modo de realizar espectáculos, etc?

-Pretendemos que poco a poco la proporción de Siglo de Oro sea superior ya que a veces, por dificultades de oferta o disponibilidad, el barroco de otros orígenes ha pesado mucho. Y dentro de ese periodo pensamos que se deben incluir también la lírica, la poesía satírica, la novela picaresca y la mística, que son patrimonios esenciales y únicos de nuestro barroco y señas de identidad de nuestra cultura. El concepto central del Festival es el teatro del Siglo de Oro en castellano, y ahí se incluyen los autores que escribían en esta lengua en América, como Sor Juana Inés o Ruiz de Alarcón. La lengua común es esencial en el Festival, con sus diferentes acentos o miradas, con propuestas ambiciosas y con nuevas versiones, pero siempre en torno a este patrimonio. El cuidado de la lengua y de cómo se dice el verso, en acción, será clave en la curaduría.

-El tomar posesión el 1 de enero de 2018 limitará la actuación en el programa de este año, ya que los espectáculos grandes se contratan con mayor antelación, ¿cuándo podrá verse el festival con sello propio?

-No me preocupa el cambio, porque venimos de una gran dirección y una parte esencial del equipo se mantiene, de manera que será una revolución o evolución tranquila. Intentaré que nuestra mirada, nuestra visión de la identidad teatral barroca y los valores estéticos, éticos y filosóficos siga siendo el motor. El sello propio creo que no se debe buscar, sino que es consecuencia de un pensamiento y una coherencia artística y de gestión con ese pensamiento. A ello no se llega a través de las prisas sino con el trabajo continuo y bien pensado.

-Llega al Festival con una muy reconocida carrera como director de repertorio lírico, óperas, zarzuelas, ¿la música tendrá una mayor presencia en el Festival?

-Me gustaría que la música barroca española o de temática acerca de nuestro barroco estuviera presente, pero no por gusto mío, sino porque estuvo en el origen fundacional del Festival y en su primera edición, y puntualmente en otras ediciones, con música y con danza también. El milagro debe ser conseguir hacer un hueco para la música sin reducir los recursos para la programación teatral, que es el alma y el centro del Festival. La presencia de la Compañía Nacional de Teatro Clásico es el centro de la reflexión práctica y el modelo a seguir de lo que significa la puesta en escena contemporánea de los clásicos.

-Es significativa asimismo su trayectoria en la de dirección de autores clásicos, ¿qué aportará su inmersión en el teatro del Siglo de Oro español al festival?

-El conocimiento directo, cariño y cuidado por la lengua, por la retórica y el pensamiento aurisecular, por las lecturas arriesgadas y por las diferentes miradas. Por suerte he hecho Siglo de Oro desde la India a México, esa es una gran fortuna que espero saber transmitir al Festival desde una mirada amplia. Espero poder traer representaciones del trabajo de diversos creadores escénicos sobre el barroco en español que hay por el mundo, y entre ellas estará de vez en cuando mi trabajo en ese repertorio, del que he sido y sigo siendo embajador.

-Hasta la fecha en las programaciones habituales del Festival de Almagro se cuentan más títulos de dramaturgos extranjeros que españoles, cuando aquí contamos con un importante patrimonio, ¿seguirá esta tendencia?

-No siempre ha sido así pero a veces era inevitable. Trataremos de devolver el paso a la defensa patrimonial con textos originales en castellano. Queremos hacer un festival más atractivo y competitivo y aportar el rasgo diferencial que no ofrece ningún otro de los grandes festivales europeos: ser el centro neurálgico de pensamiento sobre el Siglo de Oro en el mundo, el corazón de esa identidad.

«Debe conocerse mejor el milagro que cada año se produce en esa hermosísima ciudad de La Mancha»

-¿Hasta qué extremo interesa nuestro patrimonio de teatro clásico? ¿A qué atribuye que sean tan poco representados fuera de España en países de habla no castellana?

-Hay un problema de convicción, de complejo, de herencia de la leyenda negra que no conseguimos quitarnos, y a veces de falta de buenos materiales de difusión. Por ejemplo, traducciones y estudios críticos en otros idiomas. Yo nací con nuestra democracia y no vinculo el Siglo de Oro ni con Felipe II, ni con la Contrarreforma ni con el franquismo, porque no pertenece a ninguno de ellos. Yo lo leo como lo mejor de lo que somos como país, como un atractivo enorme fuera de España, como uno de los periodos más creativos y profundos. Siento que es un orgullo ser compatriota de Velázquez, de Tomás Luis de Victoria, de Lope, de Calderón, de Tirso y, sobre todo, de Cervantes. Alguien que en 1605 escribe «Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro» y ha provocado la admiración del mundo entero durante siglos, no puede ser ignorado y depreciado por nosotros mismos. La meritocracia que plantea Cervantes puesta en práctica haría un país mejor.

-¿Qué se puede hacer para internacionalizar nuestro patrimonio teatral y para aumentar la autoestima hacia él?

-Hacerlo con los mejores artistas nacionales y extranjeros, divulgarlo, quererlo, trasmitirlo y valorarlo. Llenar Almagro de Siglo de Oro y llenar el mundo de ese Almagro es nuestra apuesta.

-En sus primeras declaraciones, usted habló de internacionalizar más el festival, ¿nos podría adelantar por dónde quiere ir?

-Latinoamérica es el socio natural aunque no el único. No solamente porque son hermanos de lengua y cultura y porque llevamos cinco siglos de ida y vuelta haciendo nuestra música, nuestra cultura y nuestra gastronomía mejor gracias al intercambio (la patata y el tomate que creemos tan nuestros vinieron de allá), sino porque América Latina nos enseña constantemente cómo la cultura puede transformar una sociedad. Almagro es una ciudad transformada por el teatro.

«Hay un problema de complejo, de herencia de la leyenda negra que no conseguimos quitarnos»

-Siempre el presupuesto de un festival parece exiguo, ¿intentará conseguir la participación de empresas privadas? ¿Los estatutos del Festival facilitan esta posibilidad con exenciones fiscales?

-En efecto esa es una fuente esencial y aprovecho esta tribuna para invitar a las empresas privadas, grandes o pequeñas a sumarse a este empeño. A menudo se dice de manera genérica que no hay posibilidad de mecenazgo, pero sí que hay importantes exenciones fiscales, y más ahora porque, con motivo del 40 aniversario del nacimiento del Festival, se le ha concedido la categoría de «Acontecimiento de excepcional interés público». Esto provoca que las condiciones, sobre todo en el caso de las campañas de comunicación, sean aún mejores. Ya estamos trabajando duro para que esa sea una vía de mejora de la salud económica del Festival, para afrontar los retos de programación y difusión que precisa.

-El Festival es el más veterano en nuestro país, ¿tiene prevista mejorar la colaboración entre festivales o apuesta más por la singularidad de Almagro?

-No es incompatible la singularidad de Almagro, que es irrepetible, con las colaboraciones puntuales con festivales, españoles o extranjeros, que puedan tener intereses comunes. Trabajamos en ese sentido: aunar esfuerzos y vincularnos, entre los que tenemos el mismo fin, nos hará más seguros. Lo importante es que el Teatro del Siglo de Oro en español mantenga y mejore el lugar que ocupa y merece en la cultura universal. Tenemos en las manos uno de los potenciales de riqueza más importante de nuestro país, aunque intangible: la cultura, el teatro y la lengua española.