¿Cómo se enterraban los guanches en Canarias?

Marín de Cubas en 1694 apostilla que «al difunto lavaban con agua caliente, cocidas hierbas, y con ellas le entregaban y llenaban los huecos de mezclas de arena, cáscaras de pino molidas»

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

El Museo Arqueológico de Tenerife ha hecho una recopilación de los textos que abordan cómo se enterraban los antiguos canarios. Así, ha creado «Las fuentes etnohistóricas y el mundo funerario de los indígenas canarios» bajo al dirección de José Juan Jiménez.

A juicio de este conservador del Museo Arqueológico de Tenerife hay evidencia de una «heterogeneidad» porque «en los yacimientos arqueológicos de las islas aparecen unos individuos que fueron inhumados y otros desecados, cuyas mortajas se realizaban con esteras vegetales y cueros curtidos de animales».

Entre los documentos seleccionados por el Museo Arqueológico de Tenerife se destaca el de Francisco López de Gómara (1552), que apunta: «bañaban los muertos en el mar, los secaban a la sombra, y los liaban después con correas pequeñitas de cabras, y así duraban mucho sin corromperse».

El ingeniero Leonardo Torriani, sobre 1592, dejó escrito que los antiguos canarios «acostumbraban los canarios sepultar sus muertos de esta manera: Preparaban los cadáveres con yerbas y manteca al sol, para que, a modo de cosas aromáticas, se defendiesen lo más que fuese posible contra la corrupción».

Agrega que «después los envolvían con muchas pieles preparadas para el mismo objeto, y los apoyaban a las paredes, al interior de las cuevas de los montes. Los nobles también usaban otro modo de sepultura, bajo tierra, la cual se hacía en un foso, entre las piedras volcánicas quemadas: con las más largas formaban encima del cuerpo una pirámide, cuidando siempre de extender el cadáver en dirección del norte; después llenaban todo el alrededor con piedras menudas, hasta que todo el túmulo quedaba cubierto».

En 1594, Alonso de Espinosa sentenciaba: «Cuando moría alguno dellos, llamaban ciertos hombres (si era varón el difunto) o mujeres (si era mujer) que tenían esto por oficio y desto vivían y se sustentaban, los cuales, tomaban el cuerpo del difunto, después de lavado, echábanle por la boca ciertas confecciones hechas de manteca de ganado derretida, polvos de brezo y de piedra tosca, cáscara de pino y de otras no sé qué yerbas, y embutíanle con esto cada día, poniéndolo al sol, cuando de un lado, cuando de otro, por espacio de quince días, hasta que quedaba seco y mirlado, que llamaban xaxo».

Ya en 1688 José de Sosa en sus crónicas afirma que «hacían sus entierros en sepulcros muy suptuosos», y «algunos días con manteca de ganado». Marín de Cubas en 1694 apostilla que «al difunto lavaban con agua caliente, cocidas hierbas, y con ellas le entregaban y llenaban los huecos de mezclas de arena, cáscaras de pino molidas». «Por quince días le lloraban haciendo exequias», indica.