El Gobierno comenzará a pagar las ayudas por la crecida del Ebro a partir del 15 de enero

Agricultores y ganaderos han tenido que adelantar el dinero para pagar las reparaciones y las ayudas siguen sin llegar casi un año después de la catástrofe. Se les debe más de nueve millones de euros

Y. AZNAR
ZARAGOZAActualizado:

El 2015 comenzaba en Aragón con la crecida del Ebro. El año pasado la devastación fue en cadena: entre finales de enero y mediados de febrero, hubo tres riadas en el Ebro que provocaron inundaciones. Y tras esas tres, en marzo llegó la cuarta y más dañina, que dejó pérdidas millonarias en campos y granjas. A estas alturas, agricultores y ganaderos siguen esperando las ayudas prometidas.

Los afectados por las riadas del Ebro aseguran que el Gobierno les debe más de nueve millones de euros. Ellos han adelantado de su bolsillo el coste de reparar los daños provocados por el agua. Las obras están hechas, se han consignado, pero el Ejecutivo no ha cumplido y las ayudas siguen sin llegar. Tras las riadas se comprometieron a correr con los gastos, sin embargo a los afectados «no les ha llegado ni un euro».

«Nos han hecho hacer unas obras con un coste elevado para nosotros con el compromiso de que después se nos abonaría el importe», explican desde la asociación de afectados. «Sin embargo, nos encontramos con las obras hechas, el gasto realizado, todo correcto administrativamente hablando, pero sin cobrar».

Su mayor miedo, la llegada de una nueva riada. «Si llegara una crecida nos econtraríamos con todo roto de nuevo, sin cobrar un euro de lo que hemos gastado y totalmente arruinados», denuncian. La situación afecta a unos 80 agricultores y ganaderos , que a partir de ahora se van a manifestar todos los jueves para reclamar lo que es suyo.

Tras la denuncia pública de los afectados, desde el Gobierno de Aragón aseguran que comenzarán a pagar las ayudas más urgentes a partir del próximo 15 de enero. En concreto, primero llegará una partida de 4 millones de euros destinada a compensar las pérdidas en cultivos y cabezas de ganado. Después, se abonarán progresivamente otros 5,6 millones de euros hasta saldar todos los pagos pendientes.

Achacan este retraso a lo complicado del proceso. Explican que verificar y tramitar todas las obras realizadas ha sido «costoso en el tiempo y ha requerido un elevado esfuerzo en medios materiales y humanos, tanto por el gran número de damnificados como por su dispersión geográfica».

Para Gobierno de Aragón el problema de las inundaciones del río Ebro es una cuestión «prioritaria» y por eso apuntan que se ha estado trabajando «intensamente» desde el inicio de la legislatura, tanto para poder resarcir de los daños a los afectados como para avanzar «en definir estrategias que puedan ayudar a minimizar los riesgos».

Además, recuerdan a los habitantes de las poblaciones ribereñas que la «convivencia con el riesgo» obliga a implementar «una política de seguros agrarios» que la administración apoya, pero que agricultores y ganaderos deben integrar en su programación económica.

Desde el Gobierno señalan que ellos han cumplido con su parte, ya que «se han acometido inversiones para reparar las redes de abastecimiento, gestión forestal y otras que elevan la aportación para paliar los efectos de riadas a unos 30 millones de euros».

El Ebro anegó 45.000 hectáreas –la mayor parte de ellas en la Comunidad aragonesa–, mató más de 10.000 cabezas de ganado y dejó cuantiosos daños en infraestructuras públicas, viviendas y explotaciones privadas. Las pérdidas superaron los 50 millones de euros.

Fue el peor episodio de inundaciones que se recuerdan en el Ebro desde hace más de 40 años y afectó a tanto a la agricultura como la ganadería. Buena parte de la producción de la fértil ribera del Ebro sucumbió bajos sus aguas. Hortalizas, alfalfa, cereal… El 60 por ciento de la superficie anegada era de cultivos extensivos, un 25 por ciento de frutas y hortalizas y un 15 por ciento de terreno destinado a siembras y plantaciones de primavera.

En el último decenio, los desbordamientos del Ebro en su tramo aragonés han hecho perder más de 250 millones de euros. Desde la gran riada de 2003, las crecidas del Ebro han sido constantes y han dejado facturas millonarias en pérdidas.