Esperanza Aguirre, Mariano Rajoy y Alberto Ruiz Gallardon - DE SAN BERNARDO

El PP apela a la necesidad del cambio y el PSOE pide auxilio a la izquierda

Los partidos políticos cerraron anoche la campaña del 22-M con llamadas a la participación

MADRID Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

A eso de la medianoche pasada concluyó la campaña de las elecciones municipales y autonómicas que se celebrarán mañana, a las que están convocados más de 35 millones de personas que determinarán quiénes y con qué programa gobernarán en más de 8.000 municipios y en trece Comunidades, además de en las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Las vidas, o mejor, la forma en que van a vivir 46 millones de españoles se verán afectas por el resultado final de ese escrutinio porque no todos los partidos gobiernan de la misma manera. En los últimos mítines, y como resumen de la quincena, los populares insistieron en lo imperioso del cambio político, como salida de la crisis, mientras el PSOE siguió con el mensaje del «miedo a la derecha» y pidiendo auxilio a la izquierda.

La oferta del 22-M es ciertamente amplia. Los murcianos, por poner un ejemplo, pueden optar entre 16 formaciones diferentes para elegir a su Parlamento regional. Y los asturianos, por poner otro, por 18. Es decir, que además de socialistas y populares se puede votar entre un amplio abanico de alternativas en cada una de las circunscripciones. Partidos de derecha, de más a la derecha, de izquierda, de más a la izquierda, de centro, regionalistas, nacionalistas, independentistas, independientes, antitaurinos, liberales, ecologistas, jubilados, partidarios de la legalización de las drogas y hasta filoterroristas..., formaciones, en fin, que en 2007 recibieron el apoyo de 22 millones de electores, sólo en lo referido a la contienda municipal. Más de siete millones de personas votaron a candidaturas distintas a PSOE y PP. La abstención fue del 36 por ciento, pero oferta había.

La campaña del 22-M ha sido atípica pues ya antes del día de San Isidro arrancó con el aval del Tribunal Constitucional a la lista proetarra, en contra de la decisión del Tribunal Supremo que lo considera una «mera continuación» de Batasuna, que hasta el día de hoy es ETA. Después vino la inmensa tragedia de Lorca, con toda esa muerte, esa destrucción y ese hondo desconsuelo general a cuestas. Sólo en esos días de aflicción pudo verse al país en un «todos a una» y que duró hasta el sepelio de los fallecidos. Pero llegó el día de San Isidro, 15 de mayo, y comenzó el Movimiento.

Desde entonces, bien poco se ha hablado de las propuestas, anhelos o críticas al rival de los centenares de miles de candidatos que optan a las cerca de 70.000 concejalías que hay en disputa y que marca la legislación española vigente, asentada en la Constitución que los españoles acordaron otorgarse hace 33 años.

El PSOE, que ya perdió las municipales de hace cuatro años, arrancó la quincena con la mochila cargada de encuestas muy adversas, lastrado por la gestión de Zapatero, los cinco millones de parados y la agudísima crisis económica y social que ha colocado a España a la cola del crecimiento europeo. Al menos hasta que entró en vigor la veda demoscópica, posterior al día de San Isidro, no se había producido ninguna mejora en su posición respecto al electorado. Desde entonces, los socialistas se centraron en apaciguar el descontentos del Movimiento el día de San Isidro y se distrajeron algo del eje argumental de toda su campaña: si gana el PP llega la «derecha más extrema de Europa».

El 22-M ofrece duelos apasionantes tanto en el terreno municipal como en el autonómico, donde se pueden producir vuelcos históricos. El escrutinio dará pistas de lo que pueda ocurrir en las próximas generales.

Los promotores del Movimiento de «indignados» han insistido por activa y por pasiva en que su intención era no interferir en los comicios de mañana. Pues eso.