La red desmantelada vendía el «sueño español» en República Dominicana
La red desmantelada vendía el «sueño español» en República Dominicana

Los traficantes sofistican el negocio y las rutas de esclavos

De Santo Domingo a Madrid por Moscú, Estambul y Atenas, en avión y lancha de sirios

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Cuatro o cinco meses de viaje por medio mundo fingiendo ser la persona que figura en el pasaporte; vuelos, lancha neumática con refugiados a punto de zozobrar; una deuda de entre 8.000 y 12.000 euros -se va incrementando en cada escala- y al final España, ese antiguo paraíso para la inmigración ilegal que hace tiempo dejó de serlo. «Ahora somos más un país de tránsito. La moda es ir a Reino Unido», explican a ABC agentes de la Brigada Central contra la Trata de Seres Humanos de la Policía, que conocen al detalle las rutas de los traficantes y luchan para taponarlas.

Acaban de desmantelar una organización peculiar que se dedicaba a introducir dominicanos a través de los aeropuertos de Madrid y Barcelona. Estaba formada por ciudadanos de ese país y españoles y contaba con pisos de alojamiento en varias provincias. Como casi siempre habían abierto su abanico criminal: tenían dos prósperas plantaciones de marihuana con unas 4.000 plantas y estaban planeando montar una casa de prostitución en Burgos. Pero lo llamativo es cómo habían retorcido la ruta para burlar los controles policiales.

El sueño español comenzaba con un ingreso de 50.000 pesos dominicanos en una cuenta bancaria, que abría a los candidatos la puerta a un pasaporte (comprado o «alquilado» en España) y un vuelo con destino a Estambul desde Santo Domingo (a veces pasaba previamente por Moscú o Tbilisi, capital de Georgia).

Una plaza para naufragar

Ya en Turquía, los candidatos tenían que volver a pagar la misma cantidad para conseguir «plaza» en una lancha neumática, un billete de lotería de goma sobre las olas, en busca de alguna isla griega. Si no lo conseguían les rescataban y los llevaban a un centro de refugiados con sirios. Con los centros desbordados quedaban en libertad y la organización de contrabandistas los alojaba en algún piso de la red hasta que los «correos» con nuevos documentos aterrizaban en Grecia y les preparaban el vuelo a nuestro país. En las intervenciones telefónicas una de las mujeres que logró llegar cuenta aterrada cómo estuvieron a punto de naufragar en una barcaza y lo cerca que vio la muerte.

Una vez en España los cabecillas y sus colaboradores volvían a asumir el control trasladándolos a pisos de la red donde descubrían que ya no tenían documentos porque los originales habían sido entregados a sus dueños o reutilizados, según detallan los agentes de la Brigada Central contra la Falsedad Documental. «Quedaban en el limbo, sin papeles».

En una finca de Fuente del Saz (Madrid), habían montado un auténtico invernadero de droga. pero camuflado para que pareciera una granja -«casi un zoo»-, ironizan los policías que tuvieron que apartar cabras, patos, gallinas, perros, ponis y todo tipo de animales para llegar a la droga. «Ninguno viviríamos allí», zanjan los agentes al relatar las condiciones de hacinamiento en que subsistían los encargados de vigilar las naves de la marihuana. Por supuesto, para mantener a pleno rendimiento esas plantaciones hidropónicas habían recurrido a enganches ilegales de luz; así se ahorraban la abultadísima factura.

Más de 200 pidieron asilo

El origen de la operación Tiza en la que la Policía detuvo a catorce dominicanos y seis españoles, y en la que se mezclan traficantes de personas, de droga y explotadores sexuales, se sitúa en 2015. Se detectó entonces una inusual demanda de peticiones de asilo en Barajas por parte de dominicanos. En cinco años solo diez personas de esa nacionalidad habían solicitado protección internacional en España y en los ocho primeros meses de 2015 lo hicieron 217 personas. Las mujeres aseguraban ser víctimas de violencia de género en su país, y los varones, perseguidos por ser homosexuales. Pero no encajaba. Esas solicitudes las cursaban una vez que se les había denegado la entrada por llevar documentos de otros dominicanos nacionalizados en España (que cobran entre 500 y 600 euros por «alquilar» sus pasaportes). El momento de pedir el asilo evidenciaba que los «impostores» venían instruidos y todos reclamaban que les asistiera la misma abogada.

Redes «poco conectadas»

La alarma provocó que un grupo de agentes españoles viajara a Santo Domingo y trabajara a pie de obra. La presión policial fue la que desencadenó la sofisticación y el cambio de la ruta ya descrito. En los últimos meses tuvieron que aumentar el control de los vuelos que llegaban de Grecia porque los «comerciantes de ilusiones» se emplearon a fondo aprovechando el descontrol de los refugiados. Cada fin de semana, una treintena de dominicanos aterrizaban en Madrid por la misma vía (entre 200 y 300 en los meses que duró la operación). Los traficantes aumentaron sus ingresos y reinvirtieron las ganancias en la marihuana. El 5 de abril se puso fin a su próspero negocio en Madrid, Guadalajara, Ávila, Zamora y Lérida. Dicen los agentes, citando a Interpol, que las redes de contrabando de seres humanos son organizaciones «poco conectadas» o «frágiles», pero aun así no dudan en jugar con las vidas ajenas. Hace un año, descuartizaron en Parla a un bolero que murió al reventarle la cocaína. Lo primero, la mercancía.