El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso ayer durante la sesión de control al Ejecutivo
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso ayer durante la sesión de control al Ejecutivo - Jaime García

Sánchez pasa de reprender a Iceta por los indultos a no descartar su aplicación

El presidente del Gobierno evita contestar a la pregunta directa de Rivera para no soliviantar a sus socios

MadridActualizado:

Si la semana pasada fue el presidente del PP, Pablo Casado, el que hizo tropezar al presidente del Gobierno y se llevó el gato al agua en el Pleno del Congreso, ayer fue el líder de Ciudadanos el que retrató a Pedro Sánchez a cuenta de un posible indulto a los 18 políticos catalanes encausados por el «procés».

Albert Rivera cogió por sorpresa al jefe del Ejecutivo al cambiar su pregunta durante la sesión de control y pedirle el compromiso de que «jamás» indultará a los responsables del 1 de octubre. El presidente del Gobierno no logró improvisar una respuesta que pudiera satisfacer a Rivera y optó por rehuir la cuestión, dejando así la puerta abierta a que ese indulto pueda convertirse en realidad en el futuro. Ante el silencio de Sánchez, que derivó su respuesta llamando a la centralidad al líder de Ciudadanos, éste insistió. «¿Se pude comprometer a que jamás hará uso del indulto para indultar a los golpistas?», reiteró.

Las evasivas del presidente del Gobierno habían evidenciando su posición de debilidad en este tema. «O se hace el sordo o se hace el tonto», se atrevió el líder de Ciudadanos, reprochándole que «evidentemente lo va a hacer (aplicar el indulto)». Por ello, le retó a convocar elecciones e incluir la concesión de este beneficio penal en el programa electoral. «A ver qué piensan los españoles», instó.

«Día de la vergüenza»

Sánchez volvió a intervenir pero no aplicó ninguna corrección a las palabras de Rivera y rehuyó de nuevo pronunciarse sobre el indulto pese a la fuerte presión ejercida por el líder de Ciudadanos, quien llegó a asegurar que el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y el presidente de ERC, Oriol Junqueras, «negociaron indultos, prebendas e impunidad» durante la reciente entrevista que mantuvieron en la cárcel de Lledoners. A lo largo de una intervención muy dura, Rivera calificó esa cita como «día de la vergüenza». «Humillan a muchos españoles que han sufrido por defender democracia», recriminó al jefe del Ejecutivo. Antes de este cara a cara, Sánchez se había medido con el presidente del PP, Pablo Casado, quien también le atacó con Cataluña.

El líder de los populares acusó a Sánchez de «ser el caballo de Troya» por el que se cuela el independentismo en España y le advirtió de que el separatismo es un «tigre» que no solo «no se va a convertir en vegetariano» sino que «a lo mejor le acaba devorando a usted mismo». En este duelo fue Casado el que instó al presidente a recuperar el sentido de Estado así como la credibilidad ante Bruselas y el Vaticano. «Cumpla su compromiso y convoque elecciones generales. Rompa con los independentistas antes de que esa peligrosa alianza acabe rompiendo España», urgió.

A las puertas de que la Fiscalía General del Estado y la Abogacía del Estado presenten sus escritos de acusación en el juicio del proceso independentista, el Gobierno no tiene voluntad de caldear más el ambiente con unos partidos que son fundamentales para que Sánchez pueda aprobar los Presupuestos de 2019. Y pese a que los independentistas han dicho que no les interesa el indulto, que requiere una condena previa y una solicitud por parte del condenado, el Ejecutivo prefiere guardar silencio y no cerrarse en banda a esa posibilidad.

«Respeto por los procesos judiciales»

La posición oficial hasta ahora la había fijado la ministra de Política Territorial, Meritxell Batet, cuando afirmó que «desde el Gobierno de España lo que hacemos es expresar el máximo respeto a los procedimientos judiciales y, en todo caso, no anticipamos escenarios que no sabemos cuándo se darán y si se darán».

Pero el Gobierno se está moviendo en el terreno de los gestos. Esta cuestión coincide en el Congreso de los Diputados con la reforma de la ley del indulto, que data de 1870, y que está ya en la Comisión de Justicia para elaborar la ponencia. La tramitación comenzó precisamente a instancias del PSOE, y con el apoyo de todos los grupos, para prohibir los indultos en casos de corrupción y de violencia de género. Pero en el trámite de enmiendas el PP ha planteado que esta prohibición alcance a los delitos de rebelión y sedición.

Y el proceso para que el texto llegue al pleno para votar definitivamente la reforma se está dilatando gracias a que el PSOE preside la comisión de Justicia y tiene mayoría con ERC para controlar los tiempos prolongando el plazo de la ponencia. Desde el PP se ha venido denunciando que esto es una operación del PSOE para no pronunciarse sobre esta cuestión.

En diciembre pasado, en el contexto de las elecciones autonómicas, el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, planteó la aplicación del indulto, pero se vio obligado a rectificar en poco más de 24 horas por el malestar que sus palabras causaron en Ferraz. Sin desacreditarlo en mitad de la campaña se trasladó el enfado de todas las formas posibles. En el PSC ese discurso está bien arraigado. La nueva delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, apostó por ello recientemente. Sánchez no solo no la desautorizo sino que dijo compartir que «falta empatía» y que «ha habido durante demasiado años un lenguaje grueso de confrontación».