El portavoz del PNV, Aitor Esteban, pasa frente a Pedro Sánchez y la vicepresidenta Carmen Calvo - Efe / Vídeo: EuropaPress

Investidura fallida de SánchezUn resultado que no todos esperaban

Los partidos que aspiraban a ser oposición eran los más convencidos de que la investidura saldría adelante

MadridActualizado:

El primer debate de investidura —no sabemos si será también el último— de la XIII Legislatura se recordará como uno de los más caóticos dentro y fuera del hemiciclo, especialmente por la jornada de ayer. Los pasillos y el patio estaban repletos de políticos, asesores y periodistas totalmente pegados a las pantallas de sus teléfonos móviles, pendientes de todas las novedades que recibían cada pocos minutos en forma de alerta. Los que no se jugaban nada e iban a votar en contra de la investidura de Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, se mostraban convencidos de que saldría adelante. Los que supuestamente iban a convertirse en sus socios lo veían complicado, pero no perdían la esperanza. Sin embargo, la realidad se impuso y, con solo 124 votos a favor y 155 en contra, la candidatura de Sánchez fue rechazada por el pleno. Precisamente 155, un número muy presente en la política española.

El debate comenzó a las 13.30, pero la batalla por ganar el relato ante los electores —que pueden acabar votando por tercera vez este año— comenzó mucho antes. A primera hora de la mañana se inició una pelea radiofónica de entrevistas a dirigentes del PSOE y Podemos, contraprogramándose los unos a los otros y tirándose los trastos a la cabeza. Algunos, incluso dentro de los partidos implicados, no entendían cómo eso podía ocurrir antes siquiera de que se hubiera producido la segunda votación y quedara algún resquicio para la esperanza en que las negociaciones dieran fruto.

Como espectadores de esa partida de ping pong no estaban solo los ciudadanos, ya que los partidos que aspiraban a convertirse desde hoy en la oposición a un Gobierno de PSOE y Unidas Podemos seguían los tejemanejes que se traían unos y otros muy de cerca. Los diputados de PP y Cs llegaban de forma discreta o en grupo a la Cámara Baja, evitando hacer declaraciones, pero la percepción general era que, de una forma u otra, Sánchez acabaría siendo investido. Incluso una periodista comentó que había apostado contra un destacado diputado de uno de estos partidos a que el líder socialista fracasaba en el intento: «Me he ganado una comida», se jactó ella.

Pero lo cierto es que, más allá de las apuestas, la sensación de desconocimiento era general. Ante cada paso dado por PSOE y Unidas Podemos había una nueva pregunta y, ante cada duda despejada, surgía una nueva incógnita. El caos definitivo lo provocó el discurso de Pablo Iglesias, en el que renunció a exigir el Ministerio de Trabajo si, a cambio, le otorgaban las políticas activas de empleo. Un intento a la desesperada del secretario general de Podemos para salvar una investidura condenada al fracaso.

Este movimiento generó sorpresa, pero también desconcierto. Un rumor comenzó a circular por los pasillos: uno de los partidos implicados en la negociación había pedido a la Mesa del Congreso, encargada del funcionamiento ordinario de la Cámara, que se abriera un largo receso entre el debate y la votación que permitiera que los socialistas estudiaran este nuevo ofrecimiento. Muchos trataron de confirmarlo sin éxito y el rumor se quedó en eso, en un simple rumor. Tras la última intervención en el debate, a cargo de la portavoz del PSOE, Adriana Lastra, la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, anunció que la votación comenzaría cinco minutos después. No había tiempo para «series de suspense», como dijo la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo, esa misma mañana.

Las visitas ilustres

Lo vivido esta semana en el Congreso puede haberse convertido en algo que olvidar para algunos, pero fueron muchos los que no quisieron perdérselo. En las filas socialistas, Sánchez estuvo arropado el primer día por Ximo Puig, el presidente de la Generalitat Valenciana, cuyo acuerdo de Gobierno con Compromís y Podemos en su comunidad, conocido como el «Pacto del Botánico», era para muchos el modelo a seguir a nivel nacional. No se le vio después de ese primer día, quizás una metáfora de que las negociaciones no estaban tomando ese rumbo.

Tampoco faltaron a la cita la expresidenta andaluza del PSOE, Susana Díaz, o un histórico de la Cámara, el popular Rafael Hernando. El que fuera portavoz del PP entre 2014 y 2018, curtido en los tres debates de investidura de 2016, no quiso perderse el de esta semana a pesar de que ahora está en el Senado. Otra visita que llamó la atención fue la de Eduardo Rubiño, senador y diputado autonómico de Más Madrid, que con una carpeta de su partido en las manos se paseó durante los tres días de debate entre el hemiciclo y el patio. La sombra de Íñigo Errejón no abandona el Congreso de los Diputados.

La sorpresa

Tras la votación fallida, Teodoro García Egea, secretario general de los populares y número dos de Pablo Casado, se tomó el resultado como la prueba de que, tras un año, el Ejecutivo de Sánchez se ha «deteriorado» tanto que «no ha logrado aglutinar siquiera a sus socios de la moción de censura». Por su parte, Inés Arrimadas, portavoz de Ciudadanos, insistió en el «botín» del que habló el presidente del partido unos minutos antes. «La banda no ha sabido cómo repartirse el botín», aseguró Albert Rivera en el hemiciclo. Aunque no contaban con ese desenlace, todos se recuperaron pronto de la sorpresa y volvieron a un tono electoral que parece no dejarnos nunca.