Podemos convierte el Congreso en un carrusel de soflamas y descoloca al PSOE

Patxi López, elegido presidente en segunda votación tras el pacto de PP, PSOE y C’s

MADRIDActualizado:

Los 69 diputados de Podemos llegaron ayer al Congreso dispuestos a llamar la atención de todas las maneras posibles, y no por sus iniciativas ni por sus explicaciones sobre la financiación de Irán, sino por sus gestos, sus proclamas y sus interminables fotos buscadas desde el primer minuto. Más allá de la imagen de la diputada Carolina Bescansa con su bebé, que se llevó todo el protagonismo, fue en el momento del acatamiento de la Constitución cuando se dieron a conocer, uno a uno, todos los diputados de Podemos y sus coaliciones, cada cual con su peculiaridad y su fórmula hecha a la medida para decir «sí, prometo», pero con discurso populista añadido. «Cada promesa estrambótica cayó como un golpe contra Pedro Sánchez, que observaba la escena con rostro helado. Estos son con los que quiere pactar el Gobierno de la Nación, y lo ha visto toda España», comentó después un dirigente del PP, sentado justo en frente del líder socialista.

Todos prometieron acatar la Constitución, eso sí, pero también que trabajarían para reformarla, y luego, al gusto de cada orador, hubo quien se acordó de su tierra, otros de los trabajadores, y casi todos terminaron con un cinematográfico «nunca más un país sin su gente, nunca más un país sin su pueblo». Muchos llevaban su discurso escrito en un papel, para no perderse. Pablo Iglesias utilizó el lenguaje de signos para sordos también. Una diputada elevó su ramillete de violetas con el que se presentó, muchos hicieron el signo de la victoria, otros el puño, directamente, sin rodeos, y más de uno, como el propio líder de Podemos, se dirigió a Monedero, sentado en la tribuna de oradores, con gestos cómplices.

«A mí me dieron ganas de jurar por Dios y por España, pero me contuve», admitió un ministro en funciones. Los diputados del PP, PSOE y Ciudadanos acataron la Constitución de la manera seria reglamentaria, con un escueto «sí, juro» o «sí, prometo».

Custodia de escaños

La sesión constitutiva del Congreso empezaba a las diez de la mañana, pero desde las ocho ya había diputados de los partidos emergentes en el hemiciclo para reservar los escaños a sus jefes. Hasta que se ordenen los grupos, los sitios son libres, pero si se ocupan el primer día se adquiere una especie de derecho previo de ocupación. Así, los de Ciudadanos, con Toni Cantó a la cabeza, custodiaron como una fortaleza el que se considera que es el mejor escaño después del de presidente del Gobierno y jefe de la oposición. Se trata del que ocupó el portavoz de CiU durante muchos años, en el centro derecha. En la misma fila, pero a la izquierda, se situó Pablo Iglesias, junto a Íñigo Errejón y Carolina Bescansa, vecina ya de la primera diputada de Ciudadanos.

Los nacionalistas catalanes y vascos quedaron desplazados a las últimas filas del salón de plenos. Se acabó el trato de favor para ellos. Los nueve diputados nacionales de ERC llegaron los últimos y se quedaron plantados en el centro del hemiciclo, sin sitio adonde ir. Finalmente, se repartieron entre las filas socialistas.

Tras estas primeras escaramuzas por el control de terreno, se formó la Mesa de Edad, presidida por la más antigua del lugar, Teresa de Lara, del PP, que no dejó pasar la oportunidad para subrayar la obligación de todos los presentarse de entregarse a «los intereses generales de la nación» en la sede «de la soberanía nacional».

El interés por las votaciones para elegir a los nueve miembros de la Mesa del Congreso había decaído después de que PP, PSOE y Ciudadanos llegaran a un acuerdo sobre el reparto de puestos. Toda la atención se centró, pues, en cada gesto, en cada saludo y en cada confidencia. Pedro Sánchez se acercó a saludar a Rajoy cuando fue a votar, algo que no hizo Patxi López. Pablo Iglesias repartió saludos a diestro y siniestro, primero a Rajoy, luego a Sánchez, y durante todo el Pleno dio abrazos y besos a mansalva, y jaleó a los suyos para que aplaudieran cada acatamiento «enriquecido» de Podemos. Albert Rivera, gran vencedor del reparto de la Mesa, con dos puestos que serán determinantes a la hora de tomar decisiones, fue más comedido. Al fondo de la bancada popular, casi escondida tras una columna, se sentó Pedro Gómez de la Serna, expulsado de su grupo por su investigación judicial. Por la tarde diría adiós al PP.

Pacto bien engrasado

El pacto entre PP, PSOE y Ciudadanos funcionó a la perfección. Los populares renunciaron a presentar candidato a la Presidencia del Congreso, y Patxi López fue elegido en segunda votación, por 130 votos (PSOE y Ciudadanos), frente a los 71 que obtuvo la candidata de Podemos, Carolina Bescansa. Hubo 148 votos en blanco y uno nulo (para «el niño de Bescansa»). Nunca antes, en la democracia, un presidente del Congreso obtuvo tan pocos apoyos en su votación. Rajoy y la bancada del PPrecibió a López con un aplauso.

Para elegir las cuatro vicepresidencias hubo una sola votación. Las elegidas, por orden, fueron: Celia Villalobos (PP, 114 votos), Micaela Navarro (PSOE, 90), Gloria Elizo (Podemos, 71( y Rosa Romero (PP, 53). Las cuatro secretarías recayeron en Alicia Sánchez Navarro (PP, 97 votos), José Ignacio Prendes (Ciudadanos, 82 votos), Patricia Reyes (Ciudadanos, 78 votos) y Marcelo Expósito (Podemos, 71).

Acabadas las votaciones en urna, después de unas cuatro horas, los nuevos miembros de la Mesa ocuparon su lugar, y comenzó la promesa o juramento de acatamiento de la Constitución. Y con ello, el «show» de los diputados de Podemos, pero también de los independentistas catalanes, que no olvidaron sus propios mantras secesionistas. De nada sirvió que la secretaria primera, Alicia Sánchez Camacho, intentara cortar las peroratas leyendo rápidamente el nombre del diputado siguiente. Llegó el turno del secretario de Podemos, que se recreó con el tiempo. A él le tocó tomar juramento a Rajoy y sus ministros-diputados.

Patxi López cerró la sesión constitutiva del Congreso con un discurso en el que abogó por el entendimiento para buscar «más lo que nos une que lo que nos separa, porque eso es la esencia de la democracia».