Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en su último encuentro en Moncloa - José Ramón Ladra

Independencia CataluñaEl Gobierno y el PSOE buscan ganar el relato: «El 155 restaura la legalidad, no suspende el autogobierno»

ERC dijo avalar la carta de Puigdemont. La CUP volvió a exigir la ruptura antes del 155, pero sin grandes aspavientos

Barcelona - MadridActualizado:

Se esperaba una respuesta dilatoria por parte de la Generalitat, y el presidente Carles Puigdemont cumplió con las previsiones: más confusión, una tramposa invitación al diálogo y tres días más de tiempo sin responder a la aclaración precisa que le hizo el Gobierno sobre el alcance de la declaración de independencia, y automática suspensión, que hizo la pasada semana en el Parlamento catalán. Vía libre pues para la aplicación del artículo 155 de la Constitución, algo que solo se evitaría si antes de las diez de la mañana del jueves –cuando vence el segundo plazo dado por el Gobierno para rectificar–, se produce un giro del guión que ahora mismo se adivina improbable.

A las ocho de la mañana, dos horas antes de que venciese el plazo para dar respuesta al Gobierno, la Generalitat filtraba el contenido de una misiva que, como ya sucedió durante el pleno del pasado martes, fue una deliberada oda a la confusión: no solo no se respondió de manera clara a la pregunta del Ejecutivo, sino que Puigdemont repitió todo el argumentario independentista, desde el resultado del referéndum del 1-O como un «mandato» a la «violenta actuación policial» para evitarlo.

«Nuestra propuesta de diálogo es sincera y honesta. Por todo ello, durante los próximos dos meses, nuestro principal objetivo es emplazarle a dialogar», apuntó Puigdemont, que a diferencia de su intervención en el pleno, y en lo que se leyó entonces como una concesión a los sectores menos rupturistas, sí concreta un plazo para la negociación. Dos meses para hablar con el sobreentendido de que ese es el periodo durante el que piensa mantener suspendida la declaración de independencia. Dos meses que nadie ve como un plazo realista para decidir nada cuando el 155 está ya en camino, y la posibilidad de unas elecciones autonómicas, convocadas en este caso por el Gobierno, se está abriendo paso.En el capítulo de peticiones concretas, Puigdemont pidió que «se revierta la represión contra el pueblo y el gobierno de Cataluña», citando de manera expresa la comparecencia de ayer en la Audiencia Nacional del mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, y de los presidente de la ANC y de Òmnium, acusados de un delito de sedición.

Por último, Puigdemont pidió concretar «lo antes posible una reunión que nos permita explorar los primeros acuerdos». «No dejemos que se deteriore más la situación. Con buena voluntad, reconociendo el problema y mirándolo de cara, estoy seguro que podemos encontrar el camino de la solución», concluye la misiva de dos folios. En Cataluña, la misiva no gustó a nadie. Ni a quienes piden a Puigdemont un retorno a la legalidad que evite quebrantos mayores, ni a los temerarios que le reclaman proclamar ya la república. Estos, sin embargo, conscientes de que todo sigue en el aire hasta el jueves, no hacen sangre aún. ERC dijo avalar la carta de Puigdemont, mientras que la CUP volvió a exigir la ruptura antes del 155, pero sin grandes aspavientos.

Medidas pactadas

Desde el Gobierno se insistía ayer en pedir a Puigdemont la respuesta que permitiría poner fin a la tensión de los últimos días y recuperar la convivencia así como el marco legal previo a cualquier diálogo político.

Rajoy advirtió a Puigdemont en una carta de respuesta de que, en referencia al artículo 155, él será «el único responsable de la aplicación de la Constitución». El jefe del Ejecutivo lamenta «profundamente» que el presidente catalán no haya contestado al requerimiento y explica que esa petición supone el paso previo al procedimiento establecido en ese artículo del texto constitucional. Por su parte, en una declaración pública, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, lamentó que el presidente catalán «haya decidido no contestar al requerimiento» que le envió el Ejecutivo, con lo que se activa el segundo plazo para que rectifique antes del jueves. «Nadie ha tenido tan fácil evitar que se aplique la Constitución», dijo en alusión al artículo 155.

El órdago de Puigdemont sirvió para visibilizar lo robusto del acuerdo que el Gobierno y el PSOE han sellado para afrontar este momento. Los socialistas consideraron «absolutamente inadmisible» la carta de Puigdemont. Tras la reunión de la Ejecutiva Federal, el portavoz Óscar Puente, constató que Puigdemont «no ha respondido al requerimiento» y que esto supone un hecho «grave» porque significa que un poder del Estado no responda a otro. Consideran que el jefe del Ejecutivo será «el único responsable» si finalmente hay que aplicar el artículo 155. Respecto a su aplicación, en el PSOE se mostraron resignados. Puente ya avanzó que tanto las medidas que incluya como los plazos serán «por acuerdo entre el Gobierno y el PSOE». En privado, los socialistas aseguran que todo está dispuesto y que ya se cierran los detalles con el Gobierno respecto a cómo aplicar el artículo. Y reconocen que tanto a ellos como al Gobierno es «una decisión que nos gustaría no tener que tomar». Los socialistas enfatizan mucho la idea de que se está trabajando de forma «consensuada» y que debe tratarse de «una intervención lo más ajustada posible» a las necesidades.

Ayer Puente reconocía que antes o después tendría que haber elecciones pero que antes hay que hacer «otras cosas». No quiso entrar a valorar más posibilidades, cuestionado por si el PSOE prefería un futuro gobierno de tecnócratas o uno de concentración entre varios partidos. Pero sí se esforzó por vender el 155 no como la intervención de la autonomía sino como la forma de «devolver a Cataluña su autogobierno perdido». Y argumentó que «la autonomía como tal difícilmente puede suspenderse» y que lo que «se suspenderían en todo caso son los órganos de Gobierno de la autonomía y sustituirlos por otros». Daba así Puente una pista importante de por dónde irían esas medidas, aunque raudo trató de matizar: «Eso es lo que se podría hacer, no digo que es lo que se vaya a hacer».