Mayte Alcaraz

Era la cigüeña, no el charrán

Rajoy siguió complacido una cita que parecía una reunión de antiguos alumnos

Mayte Alcaraz
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A Mariano Rajoy lo esperaba Cristina Cifuentes, a pie de coche, para grabarle en periscope. O como se diga. Por una vez, ella era la presidenta (del Congreso) y él, el candidato (a presidente). Muy cerca un grupo de chicos jugaba al tenis en las espléndidas pistas de la Caja Mágica. Pelota va, pelota viene. Y, aunque lo parezca, no me refiero a los discursos triunfalistas de González Pons, Barreiro o Hernando. Ni al «ace» (punto de saque) de María Dolores de Cospedal cuando agradeció efusivamente su trabajo a todos los vicesecretarios (Maillo, Casado, Levy y Maroto) y añadió un elocuente, «y por supuesto, a Javier Arenas», enfatizando que el veterano dirigente andaluz es cosa de Rajoy y no de ella. Ni siquiera a la volea de la secretaria general cuando aseguró que «nosotros nos llevamos bien».

Algún compañero, malvado él, apuntaba que igual que cuando habló el portavoz en el Congreso se proyectó la fachada de los leones, a Cospedal le podrían haber puesto un croma con Soraya Sáenz de Santamaría. Pero lo de ayer no iba de peleas a lo Pimpinela (copyright de Cospedal al referirse a Podemos) ni de grandes titulares: que nos lo digan a los ochocientos periodistas que perdimos el postre por llegar a tiempo a los confines del territorio Carmena.

Lo de ayer era lo más parecido a un encuentro de viejos compañeros de Facultad: que si tú has perdido pelo desde que te nombró Rajoy; que si tú estás más delgada desde que te fuiste a Estrasburgo; que si aquel va para vicesecretario si a Maillo lo ascienden... Hasta el presidente parecía divertirse entre antiguos colegas de aula, dejando por un día el marrón de Moncloa.

Efusiva beso a Cospedal

Y muy complacido cuando su número dos recordó a los compañeros fallecidos y especialmente cuando tributó un homenaje a Rita Barberá, secundado por todo el plenario en pie. El efusivo beso que dio el presidente a su principal colaboradora bien puede valer una confirmación en el cargo hoy.

Muy próximo a Rajoy, su eterno sucesor miraba el móvil por si a su propio sucesor (y primer hijo) le daba por venir al mundo. Alberto Núñez Feijóo, cuya pareja, Eva Cárdenas, acaba de salir de cuentas, llegaba a la Caja Mágica con nervios de primerizo (a ver si el logo del PP no va a ser ni una gaviota ni un charrán sino una cigüeña). Aunque el médico cree que el bebé esperará, nunca se sabe con los niños. Que se lo digan si no a los que a dos kilómetros de distancia, en Vistalegre, hoy van a demostrar que lo de ser políticos era solo un juego y asaltar los cielos, un bocadillo de nocilla por el que pelearse.

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