Susana Díaz, a su salida de la sede socialista en la calle Ferraz
Susana Díaz, a su salida de la sede socialista en la calle Ferraz - MAYA BALANYA

Los barones forzarán hoy a Sánchez para adelantar a abril el Congreso del PSOE

Él quiere junio para ser candidato si se repiten elecciones, pero la mayoría del Comité Federal se niega y pide que se vote

MADRIDActualizado:

El PSOE sigue siendo una olla a presión por más que aparente calma chicha. Anoche, cuando parecía que la reunión del Comité Federal de hoy iba a ser de trámite, se reabrió la crisis por la fecha del 39 Congreso: el secretario federal de Organización, César Luena, sorprendió a los territorios proponiendo la celebración del cónclave los días 17, 18 y 19 de junio. Inmediatamente, Andalucía, Asturias, Extremadura, Valencia, Aragón, Canarias y Castilla-La Mancha se opusieron de forma rotunda. Creen que esas fechas solo esconden el deseo de Pedro Sánchez de blindarse como candidato a La Moncloa en caso de que las elecciones se repitan, ya que los comicios se celebrarían a finales de junio y el partido no tendría margen de maniobra para cambiar a Sánchez por Susana Díaz. La andaluza es la candidata cada vez menos oculta de los críticos para relevar a Sánchez.

De momento, hoy quieren doblarle el pulso por las buenas, aceptándolo él, o por las malas, forzando una votación de los 250 miembros del Comité Federal y dejándole en minoría. Anoche, ante la falta de acuerdo sobre las fechas, los secretarios de Organización exigieron a Luena que retire la propuesta de 17, 18 y 19 de junio. Si el Comité Federal impone hoy el adelanto del 39 Congreso a abril, la autoridad de Sánchez habrá quedado muy tocada y su continuidad dependerá ya de que consiga la investidura como presidente del Gobierno; solo en ese caso no habrá candidato alternativo que le dispute la Secretaría General en la votación –de los 198.000 militantes– previa al 39 Congreso. El ganador de esas primarias internas será, casi con seguridad, el nuevo candidato a La Moncloa.

El asunto del congreso había pasado a un segundo plano en estas semanas por la polémica de los pactos de investidura. A Sánchez y los barones rebeldes lo único que les une ahora mismo es su rechazo a pactar con el PP, sobre todo, tras el estallido esta semana del nuevo caso de corrupción en Valencia. Únicamente Felipe González, José Bono y la «vieja guardia», que ayer entregó –lo hizo José Luis Corcuera– un escrito en Ferraz, quieren que Pedro Sánchez explore la «gran coalición» con el PP. Así que el tema de los pactos llega hoy al Comité Federal del PSOE también envenenado porque, en el fondo, las posiciones tácticas de unos y otros, con Podemos y Ciudadanos usados de ariete, esconden la guerra por la continuidad de Sánchez como líder.

Sánchez no quiere circunscribir sus opciones de pacto solo a Podemos

Las federaciones de Cataluña, Madrid, País Vasco, Cantabria, Murcia o Castilla y León, que le apoyan, defienden su derecho a sondear un «gobierno de izquierda» con Podemos; aunque desde el sonoro órdago de Pablo Iglesias el viernes, el propio secretario general ha metido también a Ciudadanos en la ecuación para quitarse presión de encima. Enfrente, la presidenta andaluza y los presidentes de Asturias, Javier Fernández; Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page; Comunidad Valenciana, Ximo Puig; y Extremadura, Guillermo Fernández Vara, se oponen. Argumentan que eso no es posible sin la abstención de los diputados independentistas de ERC y DiL y, por tanto, es inasumible. Es decir, implícitamente piden nuevas elecciones.

A vueltas con la resolución

Son los mismos que forzaron la resolución del Comité Federal del 28 diciembre donde se dice que tanto Podemos como ERC y DiL tienen que «renunciar» expresamente al derecho de autodeterminación para que el PSOE pueda sentarse a negociar.

Entonces, quedaron satisfechos porque entendieron que eso le ataba las manos pero, durante el mes transcurrido, Podemos ha dado señales de poner por delante la agenda social al referéndum para llegar a ese gobierno de izquierdas y, sobre todo, Pedro Sánchez realizó un gesto que hizo saltar todas las alarmas del sector crítico:_prestar cuatro senadores a ERC y DiL para que pudieran formar grupo parlamentario propio en la Cámara Alta. «Yo no puedo fijar el sentido del voto a nadie», avisó ayer César Luena a los críticos deseosos de poner por escrito objeciones a ERC y DiL. Sánchez no tiene intención de «buscar ni pedir» el apoyo de los independentistas, pero, según Luena, sí hablará con ellos porque eso no está prohibido en la resolución.

Ayer, antes de que estallara el motín por la fecha del 39 Congreso, la idea de los críticos era no plantear batalla en torno a la necesidad de una nueva resolución: al fin y al cabo, se decían, sería plantear batalla antes de tiempo, porque Pedro Sánchez tiene que someter sus eventuales pactos de investidura con Podemos, IU, PNV o Ciudadanos a otra cita del máximo órgano entre congresos.

Iceta: «A Sánchez le veo mirando a izquierda, a derecha e incluso a su espalda»

Muy escaldada por lo sucedido hace un mes en la sede de Ferraz, con una imagen suya en la trastienda de un posible cisma, Susana Díaz dejó claro que hoy viene a «ayudar y colaborar». Ni siquiera detalló de qué había ido su conversación de 45 minutos con el secretario general. Solo comentó que, lo que tenga que decir, lo dirá hoy ante el máximo órgano entre congresos del PSOE. Igual que el asturiano Fernández. Por su parte, el valenciano Ximo Puig, señaló que «los ciudadanos han puesto a cada uno en su sitio y no hay que andarse por las ramas». Está «radicalmente en contra de reproducir lo de las dos Españas, pero al revés», con un pacto PSOE-Podemos para dejar fuera al PP o una «gran coalición» con los populares para aislar a la formación morada.

El que puso un punto de ironía sobre la crisis interna fue el líder del PSC, Miquel Iceta, tras reunirse con Sánchez. «Le veo mirando a izquierda, a derecha e incluso a su espalda». El político catalán está convencido de que el líder del PSOE sacará adelante hoy sin problemas un mandato del Comité Federal para que pueda sondear su difícil investidura. «Soy partidario de explorar un gobierno de reformas con la base más amplia posible y de hablarlo, desde luego, con Podemos y Ciudadanos», defiende Puig.

«¿Qué parte no entiende?»

Porque una de las claves de la reunión de hoy para el líder socialista, aparte de salvar la batalla de la fecha congresual, va a ser no solo que todos estén en el unánime rechazo al PP, sino que compartan su estrategia de que Mariano Rajoy no puede escabullirse de su obligación de aceptar el encargo de la investidura. «¿Qué parte del “no” no ha entendido Rajoy? Desbloquee la situación: o se presenta o deje que intentemos un gobierno progresista y reformista», afirmó Sánchez ayer por la mañana en Twitter.

El candidato socialista nunca le dirá no al Rey_si el próximo martes le encarga someterse a la investidura, pero quiere que antes quede claro ante la opinión pública que el líder popular se va. No considera aceptable la fórmula de dejarle paso con el único objetivo de «quemarle» para luego volver él al Pleno del Congreso como solución de última hora. Cree que un paso en falso puede dar al traste con su intención de ser presidente del gobierno con los votos, bien de Podemos, con abstención del partido naranja, bien de Ciudadanos con la abstención de los de Pablo Iglesias en segunda votación en el Congreso.