Andalucía, todo a la derecha

Si el PP era una fábrica de votantes nacionalistas, a Pedro Sánchez le cabe el honor de ser el presidente que más votantes de Vox ha fabricado

Jesús Lillo
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Tras las elecciones de 2015, tocada del ala, Susana Díaz tuvo que superar cuatro sesiones de investidura. De mal en peor, la presidenta andaluza parece ahora dispuesta a reactivar el pulso que, hasta perderlo y volverse a San Telmo como simple baronesa, mantuvo en la calle de Ferraz con Pedro Sánchez. La competición consiste ahora en cosechar los peores resultados históricos del PSOE, cada uno en su demarcación, estilo libre. Como dijo Aznar, estamos trabajando en ello.

Más allá de los arreglos y descosidos que dejen las próximas fechas, Susana Díaz ha conseguido ya lo que parecía imposible: que después de cuarenta años Andalucía deje de tener una mayoría parlamentaria de izquierda, lo que no solo afecta al gobierno regional, sino a las cuotas políticas que la mayor comunidad autónoma de España exporta al Congreso. El PP se debilita solo, y Ciudadanos hace caja según el guión previsto, sin sorpassos ni tutías. Es el arreón de Vox el que frena la tendencia creciente de los de Albert Rivera y la que cierra el círculo de las denominadas derechas -todas constitucionales, mal que le pese a Carmen Calvo- en una Andalucía que en vísperas de casi todo, con un horizonte tapado por las urnas, envía una señal a Pedro Sánchez y a su cocinero Tezanos. El PSOE se hunde un poco más -aún tiene margen, y ganas- mientras que el orden de los factores altera el producto creciente de la derecha, tensada y escorada por las políticas y los pactos que promueve el Gobierno con sus socios antisistema. Si el PP era una fábrica de votantes nacionalistas, a Pedro Sánchez le cabe el honor de ser el presidente que más votantes de Vox ha fabricado. A espuertas. Que se lo pregunte a Tezanos.

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