Aguado, de 32 años, ha sido portavoz de C´s en Madrid desde enero
Aguado, de 32 años, ha sido portavoz de C´s en Madrid desde enero - jaime garcía
café con... ignacio aguado

«Albert Rivera y yo tenemos vidas casi paralelas»

Es el hombre de Ciudadanos en Madrid, candidato a presidir la Comunidad y rescatarla de la decadencia por la vía del «cambio sensato». Hiperpreparado, pertenece al igual que el líder de su partido a esa generación de políticos que huelen a limpio.

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Si cierras los ojos parece que estás oyendo a Albert Rivera, pero es Ignacio Aguado. Eso me dijeron. Aunque no es del todo cierto. Partamos de que es muy difícil clonar el magnetismo, por no decir la chispa del líder de Ciudadanos, que en su primer cartel electoral salió fotografiado desnudo para demostrar que no tenía «nada que ocultar». Insuperable. Y sinceramente, igual me equivoco, pero no veo a mi entrevistado, tan encorbatado y pluscuamperfecto en su traje marengo, renunciar a la ropa -toda la ropa- para hacerse un selfi y pedir el voto. Ni falta que le hace. Comparte con su jefe la pertenencia por derecho propio a esa generación de políticos sensatos e hiperpreparados que huelen a limpio. Y eso, con la que está cayendo, ya es mucho.

—¿Se ha tentado usted bien el IRPF por si a Montoro le da por echarle un vistazo?, le pregunto.

—Las personas con una nómina como yo, es complicado... -contesta perplejo, pero reacciona- como mucho pude tener alguna multa de tráfico hace años...

A lo que vamos. Que empiece yo aquí escribiendo de Rivera cuando el objetivo es Ignacio Aguado (Madrid, 1983) no es ningún recurso lírico. Es él quien, a la primera oportunidad, reclama orgulloso que «Albert y yo tenemos vidas casi paralelas», y enumera que ambos, por ejemplo, han jugado al waterpolo -en el Granollers y el Canoe respectivamente- y competido en torneos de debate universitario. Ahora entiendo mejor su aire pulcro de candidato de película norteamericana. En aquellos concursos, recuerda, llegaron a coincidir, aunque no se enfrentaron, entre otros porque Rivera saltó pronto a las categorías nacionales. Después apostaron por una formación potente: el catalán, en el Esade, mientras que mi interlocutor se licenció en Derecho, y en Empresas y en Políticas, se fue a trabajar a un bufete a Liverpool y ahora analiza mercados para una de las multinacionales energéticas que nos pasan el recibo de la luz cada dos meses, cuyo nombre no menciona.

La gente, -me cuenta-, dice que se los dos se parecen. Y sonríe encantado. No tiene motivo Aguado para ocultar su admiración devota por el fundador de C´s cuando, hará dos años, vio encarnadas en él sus ideas y el concepto de «la política como servicio» hasta el punto de que se afilió. Para entonces, narra, «me había hartado de estar harto» y hoy, cuando es vía primarias el primer aspirante del partido naranja a presidir la Comunidad de Madrid, es capaz y de decir cosas tan fuera de complejos como: «Ciudadanos aquí salimos a ganar y no tenemos techo». Hay un aplomo en sus afirmaciones que arrastra. Nada con tal habilidad entre las preguntas que no le convienen que asombra ver que su jefa de prensa se sienta con nosotros y no nos deja un minuto a solas. «¿Es costumbre?, ¿quién de los dos se siente inseguro: Ignacio, por si se queda en blanco, o Estefanía, por si dice algo que no toca?», interrogo. Y les incomodo. Pero Aguado contesta con reflejos: «en Ciudadanos trabajamos así, siempre en equipo». Punto para él.

De San Blas al barrio de Salamanca

Ignacio Aguado creció en el distrito madrileño de La Estrella pero vive en el de San Blas, barrio obrero -«clase media» para los espíritus más snob- donde proliferan tienditas ad hoc para inmigrantes latinos, comercios chinos 24 horas y más suciedad en las calles de lo aceptable. El paro cabalga, familias enteras viven de la pensión de los abuelos. Es donde los políticos «tienen que ir para darse un baño de la realidad de Madrid», recomienda Aguado que, no obstante, elige terraza en la ultrachic Plaza de la Independencia para ser entrevistado por ABC. Hay que darle la razón: nada como la emblemática Puerta de Alcalá de fondo con sus parterres versallescos para la foto cuando uno se postula flamante para gobernar el gran Madrid. (La cara penosa es que pedimos un café para mí y dos veces una botella de agua para él que nunca llegó, lo que le obligó a hablar en seco sin parar casi una hora y a mí a quejarme después al maître. Compungido, me pide perdón y obvia la cuenta).

Allí, con mi café y cuando todavía doy por hecho que tenemos por delante todo el tiempo del mundo, me embelesa oírle recitar su programa «primero regeneración, activación económica, modificar el Estatuto de autonomía para garantizar unos servicios esenciales...» y me digo enseguida que, con lo negro que pintaba todo, los madrileños al menos van a tener la suerte -que ya quisieran otras autonomías- de poder elegir entre este señor, un metafísico (Ángel Gabilondo), puede que un poeta (Luis García Montero), quizás una política profesional, para que no falte (Tania Sánchez), el ilusionista de Podemos y el candidato-sorpresa del PP. «Me da igual quien sea, será el que nombre a dedo su Dirección, cuando tienes un proyecto ganador en el que crees, los rivales son lo de menos», dispara el entrevistado, que asegura no temer que la saña popular contra ellos crezca al mismo ritmo que el éxito de C´s en las encuestas. (Léase Carlos Floriano, prohombre de Génova, explicando hace diez días que los de Rivera no son «Ciudadanos», sino «Ciutadans», o sea, catalanes y, además, sospechosos anticatólicos de lo que no hay...). «En una primera fase nos ningunean, luego te atacan y tendrá que llegar la tercera: paso atrás y que dejen paso al cambio real. Se están confundiendo: el enemigo es el paro, no Ciudadanos», zanja Aguado. Suena muy bien, pero también a que esta se la traía ya preparada de casa.

Plantar cara a la corrupción

Craso error. Cuando estamos hablando de la sombra de la corrupción que amenaza C´s llega el aviso de la jefa de prensa de que nos quedan diez minutos. Tiene que irse a la CEIM, la Confederación Empresrial de Madrid. No contaba con ello. Culpa mía por no preguntar. Por un segundo se me antoja que el candidato ha aprendido deprisa y ya va promocionándose cuan estrella de Hollywood, a golpe de entrevista exprés. Pero es de lo más injusto.

No hace ni veinticuatro horas que me dirigí a Ciudadanos para intentar verle hoy y ha sido que sí. Además él no hace el menor amago de zafarse con la excusa de las prisas. A saber, resumimos juntos, está el alcalde de Serranillos del Valle, independiente aunque número 22 de la lista de Ciudadanos a la UE, detenido en la Operación Púnica; la imputación por fraude fiscal del exparlamentario, Jordi Cañas; guardando las distancias, la cuenta en Suiza de Javier Nart... Su diagnóstico, sin querer «dar lecciones de moral», es que en «todas las organizaciones pueden salir casos de corrupción, lo que hay que hacer es minimizarlo» y que el partido ha dispuesto «a nivel estatutario que no puede haber ningún imputado en las listas». «Las personas, lamentablemente, se pueden corromper», concluye como quien reconoce la inevitabilidad de los desastres naturales. No tiene varitas mágicas ni pócimas mutantes y no finge tenerlas. Puro sentido de la realidad. Terminamos.

— ¿Y usted, como sabemos que no se corromperá?

— Tu propia experiancia pasada en el sector privado te avala, y la capacidad de poder dejar la política y volver ahí. Si soy elegido serviré en todo lo que pueda y cuando llegue el momento daré el paso atrás encantado. Yo no voy a agarrarme a la poltrona.