Los pescadores de La Línea temen su ruina con los bloques de Picardo
Francisco Gómez, «El Choti», pescador de La Línea - nono rico
conflicto en el peñón

Los pescadores de La Línea temen su ruina con los bloques de Picardo

Alrededor de 25 barcos ya no pueden capturar especies únicas en la zona prohibida a antojo de Gibraltar

Actualizado:

Desde las cuatro de la mañana hasta las dos de la tarde, el patrón del pesquero «Divina Providencia», Francisco Gómez, más conocido como «El Choti» de La Línea, faena cerca de las aguas del conflicto diplomático. Se accede a ellas desde el Puerto Chico. Con «Choti» siempre van dos marineros. Utilizan la técnica del arrastre para alimentar a sus familias desde que comenzaron en este oficio. «Picardo ha colocado los hierros en el hormigón para fastidiar a los que pescamos de este modo. Cuando tiras de la red se engancha y la destroza», explica mientras los tres suben con la polea su botín marino. En sus cuerdas han quedado atrapadas algunas almejas de concha fina, una delicia que se paga muy bien en el mercado. «Nada que ver con la cantidad que se coge donde están los bloques», especifica «Choti», que viste con una camiseta de la selección española, mientras mira su género.

Este hombre siempre ha mantenido el pulso a las autoridades británicas desde que en marzo del año pasado el ministro principal advirtió a los pescadores que se alejaran de esas aguas que consideran suyas. Siempre han aludido cuestiones medioambientales. La Royal Navy ha sacado a las bravas unas cuantas veces a Francisco Gómez en el último año. Pese a todo, él y los suyos han continuado adentrándose en el territorio prohibido a antojo de Picardo. El «Divina Providencia» pescaba como quería, ondeando en lo alto de la caseta que cubre el timón la rojigualda. Los 70 bloques de hormigón han sido su freno. Cada red cuesta alrededor de 2.000 euros. Asumir ese coste ya es más serio, a su juicio.

Expulsan a los veleros

Los pescadores saben perfectamente dónde están los bloques: «En el caladero detrás del espigón de La Línea», informan. Por allí ya no navegan. «Ni siquiera veleros. Los echan», dicen. Detrás del rompeolas solo se mantienen aficionados a la pesca con sus cañas. La ofensiva, por ahora, no va con ellos.

Los hormigones son fácilmente visibles cuando el agua está calmada. Miden aproximadamente 1,80 metros con los metales sobresalientes. Esa mañana, el viento de Levante agita y enturbia las aguas hasta hacerlos imperceptibles.

El interés de la zona

«Lo que no entiendo es por qué no se van a pescar a otro sitio. ¿Con todo el mar que hay alrededor de Cádiz tienen que escoger ese trozo de Gibraltar?», se pregunta un «llanito» que culpa de toda la sucesión de acontecimientos al Ejecutivo español. José Luis Fernández, uno de los pescadores de La Atunara de La Línea desde hace 27 años lo explica. Es el hijo de Leoncio Fernández, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de La Línea de la Concepción: «Con Levante no se puede pescar en otro sitio más que aquí».

Este lugar, además, es una mina de marisco. «Se capturan especies en gran medida y no se atrapan en otros lados, por ejemplo las escurpiñas -especie de molusco-, que la vendemos a 9 euros el kilo, o la concha fina». Bernardo, un ayudante de pesca que se aplica en colocar una red con José Luis después de haber terminado la jornada protesta: «Antes no había problemas. Nos arrimábamos y no pasaba nada. Esto lo hace por jorobar [Picardo]. Gibraltar no se dedica a la pesca, sino al contrabando y al blanqueo de dinero. Se mire como se mire, el daño ya está hecho».

Los barcos afectados por la medida unilateral del Gobierno gibraltareño ascienden a 25, calculan desde la Cofradía de La Línea, aunque si se incluyen los de Algeciras se elevarían a 50, aunque no todos utilizan el rastro para faenar. Las pérdidas alcanzan entre 350 y 400 euros por barco al mes; supondría 120.000 euros anuales menos para el sector.

Esta problemática se suma a que los pescadores de esta zona continúan esperando las subvenciones que, desde su punto de vista, «se han llevado los ERE de Andalucía». Deberían haber recibido entre 6.000 y 7.000 euros por barco por los meses que no pueden salir a trabajar debido a paradas biológicas obligatorias. Ahora, por ejemplo, hay pescadores que no pueden realizar su trabajo porque las almejas tienen toxinas. Esa mañana en que ABC se echa a la mar, una bióloga se sube al «Divina Providencia» para confirmar si el marisco capturado por «Choti» está en perfecto estado.

Solución, quitar el hormigón

Los pescadores no tienen claro que las ayudas anunciadas el pasado viernes por el Gobierno español arreglen su problema. Desconocen si llegarán algún día y ni siquiera saben cómo se traducirá la cuantía. Ellos solo tienen una certeza: los 70 bloques de hormigón lanzados a la Bahía de Algeciras permanecen en el fondo del mar sin intención de que sean retiradas en un futuro próximo.

Pasan los días, 18 ya, y el centenar de pescadores afectados en la Línea de la Concepción siguen sumando pérdidas a costa del Peñón. Ellos solo ven una solución: «Que obliguen a quitar los bloques».