Wimbledon

Federer celebra cien victorias en Wimbledon y no falta a la cita en semifinales

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A veces, en Wimbledon no hace falta estar en la pista para saber quién está jugando. A veces, hay más quietud por el recinto porque la gente sin entrada se arremolina en cuanto puede a la primera pantalla que ve. También hay más silencio. Hasta que de repente, »oooooh« y un aplauso recorren las calles del All England Tennis Club. No hay duda, está jugando Roger Federer. Y solo con calibrar si el «oh» es más o menos agudo, más o menos prolongado, se sabe si el suizo ha sacado de su chistera alguno de esos trucos para sumar el punto y, de paso, encandilar a quienes lo presencian.

La pista, por dentro, deja de ser verde y morada y muta de color al rojo y el blanco. Roger Federer es una experiencia religiosa a la que acuden visitantes de todo el planeta. Y hoy, pudieron celebrar la victoria número 100 del suizo en Wimbledon como si fuera un cumpleaños colectivo al que todos se apuntaron. Incluso Kei Nishikori, a su pesar (4-6, 6-1, 6-4 y 6-4)

Porque los «ooh» alargados del principio del partido estaban cargados de terror. Nishikori salió tan eufórico al partido que, de un sopetón, quebró el servicio del suizo y dejó a la grada helada pues, sin poder ponerle remedio, el japonés también se llevó el primer set.

A veces, Federer necesita un chaparrón para demostrarse que no puede salir tan al ralentí con según qué jugadores. Nishikori, con muchos altibajos por las lesiones, tiene tenis y bravura. Y al suizo no le gustó nada el panorama. Se ató la cinta a la cabeza, salió como un resorte del banco y comenzó su exhibición. Por fin, los «oh» de alivio, que se iban incrementando en vocales porque este sí era el Federer que llenaba la Pista Central.

Concentración, muñeca, firmeza al saque y el segundo set apagó al japonés, invisible ante la cosecha de golpes ganadores del suizo que lo dejaron asfixiado y con solo un juego a su favor.