Patinazo de Nadal en Wimbledon
Rafa Nadal, con cara de circunstancias en su derrota ante Darcis en Wimbledon - AFP
WIMBLEDON

Patinazo de Nadal en Wimbledon

El balear, cojo, pierde ante Darcis por 7-6 (4), 7-6 (8) y 6-4, la primera derrota de su carrera en el estreno de un Grand Slam

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Rafa Nadal ha firmado la derrota más sonada de su carrera. Por primera vez en un grande, el balear ha perdido en su debut y se despide de Wimbledon de forma dolorosa, superado de principio a fin por Steve Darcis. El belga, 135 del mundo, un jugador sin demasiado caché en el circuito, se ha impuesto por 7-6 (4), 7-6) (8) y 6-4 y deja al torneo sin uno de los principales favoritos. Una hecatombe mayúscula, patinazo histórico de un Nadal que terminó visiblemente cojo. [Así lo hemos contado]

Casi un año después, recordado el 28 de junio de 2012 por la derrota ante Lukas Rosol y porque luego se pasó siete meses sin competir por lesión, a Nadal se le atragantó el reencuentro con la hierba. Es un especialista confirmado, campeón dos veces en Wimbledon y finalista otras tres, pero sufrió como nunca ante Steve Darcis, un tenista inferior que escribió la página más bonita de su carrera. El belga, perdido en el pelotón, le amargó la existencia y puso patas arriba la pista 1 del All England Lawn Tennis Club.

Nadal confirmó en el primer juego que la tarde sería complicada. Resbaló en el segundo punto y se vio obligado, como durante toda la primera manga, a salvar su servicio desde la adversidad, demasiadas concesiones en una superficie en donde no se puede dudar. En cinco de las seis veces que sacó tuvo que salvar bolas de rotura e incluso lo entregó en el undécimo juego, resuelto el error de inmediato para llevar el debate al tie break. Darcis, a la hora de la verdad, fue mejor y dio un paso de gigante.

En el verde británico, Nadal torcía la mirada, se perdía en la pista. El balear aún estaba en la tierra, tan feliz hace un par de semanas con su octavo Roland Garros. Desde entonces, y por primera vez en su carrera, se tomó un respiro y pasó directamente de Londres a París sin experimentar en el pasto. El resultado fue un partido malísimo, una sobremesa para olvidar y un accidente durísimo después de ganar siete títulos y hacer dos finales más en este regreso sensacional. Todo era precioso hasta que llegó la hierba de Wimbledon.

No hubo nada de él, ni rastro del campeón de 2008 y 2010. Darcis, un tenista comprometido a los 29 años, trabajador y alentado por la grada, llevó siempre el peso del encuentro. No hay nada espectacular en su juego ni en su palmarés más allá de dos títulos menores, pero entendió mucho mejor las condiciones y se gustó en la hierba, igualmente sorprendido por la escasa capacidad de reacción de Nadal. Tenía enfrente a una bestia que ni siquiera era capaz de rugir, abandonada por sus golpes, dormido el orgullo.

El mallorquín abusó de la derecha y eso es sinónimo de debilidad, de estar a disgusto. Como en París, en donde sufrió de lo lindo en su estreno ante Daniel Brands y luego con Klizan y Fognini, Nadal corrió más de la cuenta para ejecutar su golpe de confianza cuando lo más óptimo era usar el revés y tropezó mil veces en la misma piedra. Su saque, además, era inofensivo y no se veía con mucha gracia en la red. No había ángulos ni alegría en sus piernas mientras a Darcis se le iba hinchando el pecho, cada minuto más confiado.

La segunda manga fue un calco a la anterior, sólo que esta vez Nadal tuvo saque con 6-5 para igualar el pulso. Desperdició la renta y volvió a jugar un malísimo tie break, aunque tuvo pelota de set. Darcis aprovechó la quinta y empinó todavía más la cuesta para Nadal, perdido entre la nada. En su palco, el tío Toni no daba crédito. Alarma total, Nadal al borde del precipicio.

Y peor se ponía en el tercero. Para empezar, Nadal perdía su servicio y clínicamente se le daba por muerto, impactada la gente del All England Lawn Tennis Club. Vestido de blanco, el balear ha escrito historias preciosas y ahora, por segundo año consecutivo, tropezaba de forma sonora, incapaz de mantener bien el equilibrio y molesto en su rodilla. De Rosol a Darcis, Wimbledon engulle a Nadal.

Se le preguntará por la rodilla, que sufre más en estas pistas porque ha de flexionar más y porque los movimientos son distintos. Se le preguntará por la falta de preparación previa a un torneo tan importante e impredecible como éste. Se le preguntará por el futuro, por cómo va a reaccionar ante el cemento. Mil dudas de repente en Nadal, mil dudas después de haber firmado el mejor inicio de su carrera. Hasta que llegó Wimbledon, hasta el 24 de junio de 2013.