El bar de Mou

Zidane, un ego expiatorio

¿Qué ha hecho Bale para merecer esto? Hay quien piensa que meter una volea en Kiev más bella que la de Glasgow

Ignacio Ruiz-Quintano
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Una sola curiosidad en la noche hermosa de julio: después del «annus horribilis», ver la primera alineación de Zidane, con setenta mil millones de pesetas en refuerzos por delante (a falta de la talegada de Pogba), y con la alineación, hacer cuerpo para echar a perder la madrugada del sábado al domingo. Entonces, como Bill Murray en el telepronter de «Groundhog Day», leímos:

–Courtois; Carvajal, Varane, Ramos, Marcelo, Modric, Kroos, Isco, Asensio, Benzema y Hazard.

¿Y Bale? Bale, dentro, por el calor, como la tortilla española en los escaparates veraniegos de la posguerra. El Gestor de Egos ha escogido a Bale de «ego expiatorio». Podríamos decir «ego de turco», pero molestaremos menos a la cultura ambiental hablando de «ego expiatorio», el ego-chivo que carga con todos los pecados del grupo y es abandonado en el desierto.

Ya fue feo el «Materazzi» estético de Zidane a Bale en el último partido del «annus horribilis» con el Betis: el galés fue convocado, era su último partido y el entrenador cometió la descortesía de no sacarlo a despedirse, como hizo Keylor Navas, que ahí está, apretándose en el camarote de los hermanos Marx que es el vestuario blanco. Pero el episodio del fin de semana en Houston, coincidiendo con el cincuentenario de la pisada de Armstrong en la Luna, revela un destino terrible: Bale cargando con las lloriqueras de Keylor, la fuga francesa (como una frase proustiana de Vinteuil) de Varanne, las encinas centenarias de Ramos, la tontería y media de Marcelo («pude haberle montado un pollo a Solari, pero no lo hice»), el Balonazo (a Cristiano) de Oro de Modric, la intrascendencia de Kroos, la báscula (con dedicatoria a los aficionados del Fondo Sur) de Isco, el carro de Asensio, la ruleta rusa de Benzemá y el antifonario de Hazard, cuya camiseta parece comprada en La Martina.

–Si Bale se va mañana, mejor...–, declaró Zidane con risa de conejo.

¿Qué ha hecho Bale para merecer esto? Hay quien piensa que meter una volea en Kiev más bella que la de Glasgow. O quizás todo sea que están rodando un documental de Asif Kapadia, pero de cámara oculta, a Bale, un jugador portentoso, tranquilo y ganador que ahora tendría todas las excusas para romper en Javi Poves.

–La Tierra es plana, lo que nos cuentan es Disney–, ha dicho Javi Poves al «As» en la Semana Grande de la Luna.

Criado en el Atlético de Madrid, Javi Poves fue a parar al Sporting de Gijón, que le hizo debutar en Primera División, y unos meses más tarde, con 25 años, «harto del capitalismo que envuelve al fútbol», abandonó la profesión.

–El fútbol profesional (declaró a la alucinada audiencia) es sólo dinero y corrupción. Es capitalismo, y el capitalismo es muerte. No quiero estar en un sistema que se basa en que la gente gana dinero gracias a la muerte de otros. Mi yo interior (¡qué gran ego se perdió aquí Zidane!) me impide seguir en esto.

En el poco tiempo que estuvo en el Sporting, el yo interior de Javi Poves hizo cosas que os helarían el verano. Primero, al cobrar su primera nómina, acudió a la sede del club y solicitó que no le pagaran por transferencia bancaria, para que nadie especulara con su dinero ni un segundo. Y luego devolvió el coche que le regaló el club («Conduzco un Smart y me sentía mal teniendo dos coches»). A quienes le fueron con el cuento del 15-M, Javi Poves los despachó con cajas destempladas: «En vez de tanto 15-M y tanta leche, lo que hay que hacer es ir a los bancos y quemarlos, cortar cabezas. Así de claro te lo digo. La suerte de esta parte del mundo es la desgracia del resto». Y para comprobar lo que dijo del mundo, marchó a darle la vuelta. Hoy preside el Flat Earth F. C., antiguo Móstoles Balompié, de la Tercera División, desde cuyo puesto sostiene que la Tierra es plana, ideal para el centrocampismo de Modrid-Casemiro-Kroos. «¿Crees que Stephen Hawking era un genio? Lo único que hacía era contar batallitas sobre galaxias perdidas. ¿Por qué ibas a creer más a él que a mí? No le creas sólo porque salga en TV». Ante esto, el redactor le plantea la cuestión definitiva, el todo o nada del periodismo deportivo:

–En «El Contrato Social» de Rousseau se explica que las sociedades llegaron a un pacto social para organizarse, creo que es una voz autorizada.

–¿Y si no aceptas ese pacto social? –responde Javi Poves–. ¿Me tendría que ir a la selva? Madrid también es mi casa. A mí nadie me ha preguntado si quiero vivir en este sistema. ¿Por qué no se hace un referéndum? Yo no acepto esto, prefiero morirme antes de dar las gracias y rendirme ante este sistema.

I have a dream! Bale, el ego expiatorio de Zidane, haciendo suyo el discurso de Javi Poves para mandar a esparragar a Rousseau… y a Zidane.

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