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Liverpool

Jurgen Klopp, el fútbol en chándal

El alemán reinventa la figura de entrenador, con un estilo sencillo a la vez que metódico

Madrid Actualizado: Guardar
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En 2014, un estudio de la Universidad de Portsmouth, publicado por el Journal of Sports Psychology, concluía que los entrenadores de fútbol que vestían chándal sacaban más rendimiento a sus equipos que los que se engalanaban con el traje. La investigación, realizada sobre 97 técnicos, llegó a la certeza de que los entrenadores que vestían con ropa deportiva eran maestros de lo técnico y lograban una mezcla especial con sus jugadores y su afición. Ahí está el ejemplo de Luis Aragonés, campeón de Europa con España en 2008: «Yo creo que un entrenador debe ir en chándal a los partidos», argumentaba cuando se le preguntaba por su característico atuendo. «No me gustan los técnicos cuando van en traje y corbata», justifica Jurgen Klopp, el gran entrenador del momento.

El preparador alemán ganó el sábado la primera Champions de su carrera, la Sexta del Liverpool, y lo hizo con chándal, como en él es habitual. Con toneladas de carisma, no hay posiblemente un entrenador tan a medida del club inglés, y esa fusión le ha llevado a tocar el cielo tras cuatro años en el banquillo de Anfield de continuo crecimiento pero de inexistentes copas: «Me siento aliviado. Ahora la gente podrá dejar de preguntar por qué no gano», confesó Klopp poco después de conquistar la orejona. Ya nadie le podrá colgar la etiqueta de entrenador perdedor: «Mi familia es la que lo ha pasado peor cada vez que nos marchábamos de vacaciones con una medalla de plata».

Klopp es un entrenador que se inventa equipos de autor. Entre 2008 y 2015, elevó al Borussia hasta la élite del fútbol germano y continental. Dos Bundesligas (2011 y 2012) una Copa (2012) y dos Supercopas (2013 y 2014), y una final de Champions (2013) perdida en el minuto noventa. Pero más allá de títulos, dejó un fútbol eléctrico, vertical y físico que generó tendencia, y que él mismo ha llevado al Liverpool: «Hay muchas gente en Dortmund que tiene la cara de Klopp tatuada en su cuerpo. Y ahora en Liverpool, también», desvelaban un grupo de seguidores reds que vivieron en Madrid la conquista de la Champions.

Temporada única

En el Wanda, tras el pitido final de Skomina, ni Origi, ni Alisson, ni Salah. El protagonista era Jurgen Klopp, responsable de la mejor temporada de la historia moderna del Liverpool. 97 puntos en la Premier, su mejor suma de siempre, para rozar con los dedos el título. En Europa, camino de menos a más, con la gesta de levantarle un 3-0 al Barcelona en semifinales y rematar la faena ante el Tottenham, mostrando haber aprendido la lección de Kiev: «¿Qué ha cambiado? El resultado, obviamente. No es el momento de dar muchas explicaciones o hacer análisis. Es hora de celebrar», explicó Klopp, sin negar que una de las claves para redimirse de la final contra el Madrid fue fichar un portero top en lugar de Karius: «Alisson tuvo que hacer varias paradas importantes. Fue imbatible».

Sencillo, Jurgen ni siquiera deja de sonreír cuando está recibiendo una goleada, asumiendo que en el fútbol lo normal es perder, pero lo obligatorio es competir. Y eso hace su Liverpool, con ese fútbol cargado de, método, pasión y mística que ha enamorado a Europa y que ha revalorizado el entrenador con chándal.