Suárez celebra uno de sus tres goles
Suárez celebra uno de sus tres goles - EFE
Liga BBVA

Un Barça pésimo suma y sigue

El Éibar deja en evidencia el preocupante mal juego de los azulgrana, que sobreviven con tres goles de Luis Suárez (3-1)

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«Aprovechando que jugamos contra el Éibar», le dije a mi mujer, «el sábado te invito a cenar en Arzak». Sin motivo me habría costado convencerla, porque yo no conduzco y todo el esfuerzo tiene que hacerlo ella. Pero con la excusa del trabajo, enseguida empezó a pensar en qué vestido se pondría. Yo creo que en Arzak es donde mejor se come del mundo. Cada producto alcanza su estilización más sexy y la plenitud de su sabor. Un plato tan aparentemente sencillo como los chipirones en su tinta adquiere con Juan Mari y Elena dimensiones épicas, y ese deseo loco de parar la noche y pedir que traigan mil. ¡Y cómo era el huevo rojo espacial! Un delicadísimo homenaje a los huevos fritos con pimientos rojos que tanto le gustan al maestro. En esta recreación memorable, Arzak demuestra que ha entendido mejor que nadie el equilibrio entre calidad y creatividad, y que sin inteligencia no somos nada. Tenía el huevo rojo todo el gusto de la receta original y toda la delicadeza de un plato de alta cocina, transubstanciado hasta volverse espiritual, lírico. Antes de acostarnos, mi mujer, todavía emocionada por la cena, me preguntó a qué hora teníamos que salir de San Sebastián para llegar a Éibar. «¿Cómo que a Éibar?», exclamé, haciéndome el que no va a localidades secundarias. «¿Pero no hemos venido aprovechando que el Barça juega contra el Eibar?», me preguntó. «Sí, pero juegan en Barcelona. Lo que tenemos que hacer es salir no muy tarde para llegar a tiempo a casa y poder verlo por la tele». Tuvo su momento, es cierto, de cabreo, pero lo bien que habíamos estado en Arzak prevaleció y nos dormimos cogidos de la mano, husband and wife, it’s a wonderful life. [En directo, Barcelona-Éibar]

El Barça empezó cociendo al Éibar a baja temperatura, como Arzak a su huevo rojo, pero sin intención, sin profundidad y, por supuesto, sin los resultados esplendorosos del chef. El Éibar corría tras el balón como un can. Gélido partido, sin tensión, sin intensidad, como esos menús amanerados del Celler de Can Roca que tanto gustan a los que conocieron el lujo haciendo encuestas y no tienen ni idea de cocina.

Y en un descuido lamentable de la defensa del Barça, concretamente de Bartra, Keko pudo progresar hasta la frontal del área, y su chut rechazado por Bravo fue rematado a gol por Borja Bastón. El gol, feo y marrullero, resumía la mediocridad del partido. En los minutos siguientes el Éibar se vino arriba y tomó la iniciativa del juego ante un Barcelona encallado.

El Barça buscaba y no encontraba la manera de romper la vulgar dinámica del partido. Sólo Busquets aportaba luz a un equipo deshilachado y sin rumbo. El resultado podría ser un accidente, pero no lo era. El Éibar jugaba mejor.

Y cuando más pena daba el Barça, Neymar dribló a tres rivales y en una jugada de precisión quirúrgica, Busquets centró y Sandro de volea se la puso a Suárez para que consiguiera de cabeza el empate. Como el pichón de Juan Mari, un gol con los puntos de cocción exactos. Crujiente la piel, saignant por dentro. Sírvase con un Único del 94.

A pesar del gol, y de su exquisitez, el Barça, en modo supervivencia, jugaba sin encontrar su juego. Lo mejor que tenía era el resultado y no estaba ganando. Suerte que el sábado había ido a Arzak, porque si hubiera fiado la emoción del fin de semana a este partido, podría considerarse un fin de semana desperdiciado. Incapaz de remediar su juego impresentable, el Barcelona tuvo el consuelo de que llegara la media parte.

La segunda mitad empezó con el empeño de Neymar, que en el minuto 3 recuperó un balón improbable y le puso una excelente asistencia a Suárez, que remató a gol con un disparo seco y ajustado al palo. Munir entró por Sandro y Mathieu por Bartra: el Barça no ganó en precisión, pero sí en solidez, y con el partido controlado, volvió a la lenta cocción de su rival.

El Éibar, pese a todo, no renunciaba al empate. En el 25, cabalgó Mathieu por la banda, en una estampa tan pintoresca como estéril. En el 38, Mascherano fue expulsado por insultar al banda. Y cuando ya nada se esperaba personalmente exaltante, Suárez, asistido una vez más por Neymar, consiguió su hat trick con un gol clásico de 9, muy parecido al segundo. El árbitro Del Cerro Grande perdió los papeles hacia el final del encuentro calentando innecesariamente un partido sentenciado.

Un Barça pésimo cumplió con el expediente con un juego deplorable. El próximo fin de semana volveré a Arzak, aprovechando que jugamos en Getafe.