Fernando Alonso conduce su McLaren
Fernando Alonso conduce su McLaren - EFE
Gran Premio de Australia

Alonso vuelve a la vida

Estrena el año con un estupendo quinto puesto en Australia. Victoria de Vettel por un error de Mercedes

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Guerrero hasta el fin de sus días, Fernando Alonso sigue vivo. Allí donde anidaba una determinada idea de un deportista en declive, sin ánimo para remontar una trayectoria descendente, asomó el tipo que nunca claudica y no pacta sino que pelea. En el estreno de la Fórmula 1 en 2018, alzó el vuelo después de tres cursos desastrosos para volver a su hábitat. Quinto en Australia. Un estupendo resultado comparado con el agujero negro de Honda. El Renault en el McLaren parece otra cosa. Una carrera interesante para empezar con victoria de Vettel por un error de cálculo de Mercedes. Hamilton se quedó pasmado con el coche de seguridad.

«Habla un poco más alto, no pierdas energía«, le soltó Alonso a su ingeniero cuando éste, pusilánime como la mayoría de sus colegas en la F1, no era capaz de transmitir datos con firmeza, situado el español en una insípida décima posición.

Esa frase del español, ese intento de contagiar entusiasmo con 36 años y 18 temporadas en la F1, lo dijo todo. Alonso, espíritu de líder, quiere un grupo de trabajo brioso, sin los brazos caídos, sino con las orejas tiesas. Tal y como él ha tramitado su periplo en la F1 desde siempre, incluso cuando era el farolillo rojo con el motor Honda.

El Toro Rosso, por cierto, con el propulsor japonés, fue el último clasificado (Hartley) mientras el otro coche se retiró por problemas en la unidad de potencia (Gasly).

La carrera parecía destinada a un desfile militar de Hamilton, con el brazo en la ventanilla, autor de la pole, de una buena salida, pero ese estatus se vino abajo con el coche de seguridad.

Sucedió que los dos coches Haas estaban haciendo el gran premio de su vida, ese Ferrari B que vuela de la mano de sus dueños norteamericanos con Grosjean y Magnussen al volante. Algo falló en el garaje cuando paraban a cambiar ruedas, una pistola mal calibrada les arruinó la vida, tuercas mal apretadas.

El coche de seguridad cambió el paisaje de la carrera, Mercedes se despistó en la estrategia, todos al box a cambiar ruedas, y en el lío, Vettel aprovechó para rebasar a Hamilton.

Quedó un panorama precioso, lejos de la rutina habitual, de coches dominantes por raíles sin ninguna emoción. Vettel, delante de Hamilton. Ricciardo, a la caza de Raikkonen. Y Alonso, defendiendo la posición ante Verstappen. El español, en su sitio, con los mejores.

Alonso manejó la situación con la solvencia de sus manos expertas. Verstappen, que había hecho un trompo por exceso de fogosidad al comienzo de la tarde, ni siquiera intentó pasar al veterano español. Ganó Vettel, pero ha vuelto Alonso. «Podemos luchar», proclamó al final del día. Un motivo para reengancharse de nuevo a la Fórmula 1.