US Open

Tiger Woods sufre el rigor de Pebble Beach diecinueve años después

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El año 2000 supuso un antes y un después en la historia del golf. En el Open USA de Pebble Beach un intratable Tiger Woods rompía todos los records y ganaba por quince golpes de ventaja en un campo imposible para el resto de sus competidores. Salvo él, ninguno consiguió bajar del par.

Sin embargo, este año las tornas han cambiado en esta joya de California. El curso pasado la USGA sufrió duras críticas en Shinecock Hills por la extrema dureza del recorrido y, en esta ocasión, han cambiado al responsable de la preparación del campo. Han buscado «humanizarlo» más con respecto al pasado.

No han dejado las calles tan estrechas como antaño ni el rough tan denso y, como el clima está siendo frío, tampoco han llevado los tapetes al límite de su velocidad. Esto justifica que en la primera ronda veintitrés profesionales tuviesen números rojos en sus casilleros. «El jueves era el día para hacer un resultado bajo», reconocía Sergio García, que aunque selló dos golpes de menos no terminó de encontrarse a gusto. Todo lo contrario que Rafa Cabrera, que quiso darle el valor que tenía a su ficha de menos uno. «Siempre que se acaba bajo par en el Open USA hay que estar satisfecho, porque este no es un campeonato que te permita muchas vueltas en negativo», señaló el canario, que también reconoció que el recorrido californiano «no me recordaba en absoluto a lo vivido en otras ediciones. Hasta ahora se está pareciendo más a un torneo regular del circuito».

Las garras de Monterrey

Sin embargo, ayer al mítico diseño de la península de Monterrey no le ha hecho falta ayuda externa para sacar toda su fiereza. Las bajas temperaturas y el viento cambiante del Pacífico fueron suficientes para que se alargaran en exceso los golpes y subieran las estadísticas. Algo a lo que no fue ajeno ni siquiera Woods, que acabó la segunda ronda con un golpe de más para un total de par. Falló siete putts más que el jueves y eso le dejó casi fuera de juego de cara a luchar mañana por el título.

Con similar sufrimiento vivió Cabrera esa dureza (74) para un total de más dos que dejaba en el aire su continuidad en el fin de semana. Se vio muy castigado por un comienzo horroso (un bogey y dos dobles en cinco hoyos) y luego tuvo que tirar de casta y experiencia para acabar sumando solo dos golpes de más a la conclusión.