Atletismo

Un récord supersónico, la última barrera del atletismo

El keniata Eliud Kipchoge destrozó el récord del maratón en Berlín, 2h 01 m 39 s

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El rostro enjuto y el cuerpo fibroso que lo acompaña de Eliud Kipchoge penetrando en una alfombra azul sobre una plataforma patrocinada por las principales firmas del deporte y la automoción, con la Puerta de Brandeburgo al fondo en un Berlín otoñal y caluroso, forma parte desde ayer de la historia del atletismo. Como el relámpago bautizado en Usain Bolt y sus 9.58 en los 100 metros, también en Berlín; o aquel salto imposible de Mike Powel en Japón (8,95 metros) en dura competencia con Carl Lewis en salto de longitud; o el deslumbrante brinco del canguro Jonathan Edwards (18,29 metros en triple salto) en Suecia.

Barreras en el límite del ser humano que perduran en el tiempo. Lo mismo sucederá con el registro supersónico que ayer patentó Kipchoge en la capital de Alemania en la prueba fetiche, la que recuerda la epopeya de Filípides y su trote desde Maratón a Atenas. Esas dos horas, un minuto y 39 segundos forman parte de la liturgia del deporte, ya que el keniata pulverizó el anterior tope mundial de Dennis Kimetto en 78 segundos, un mundo en el lenguaje del maratón.

Por debajo de las dos horas y dos minutos, Kipchoge ya es una celebridad, y de alguna manera ha anticipado el futuro que desbroza una de las fronteras desconocidas del atletismo: un maratón por debajo de las dos horas.

La carrera de Kipchoge, de 33 años y que contó con la ayuda de tres liebres (Kitwara, Kipkemoi y Boit), fue la mayor mejora en la marca del maratón desde que el australiano Derek Clayton tomó casi dos minutos y medio al récord anterior en 1967, hace más de cincuenta años.

A un ritmo de 2 minutos y 53 segundos al kilómetro en los primeros 5.000 metros, el africano consolidó todas sus opciones de superar el récord del mundo, como habían anunciado los altavoces de su firma patrocinadora. Las tres liebres establecieron un paso inhumano para cualquier mortal, tan veloces son los maratonianos a pie de asfalto. Después del kilómetro 25, cuando se retiró su último escudero, Kipchoge se quedó a solas con sus pensamientos, su zancada de gacela y ese fondo plano de Berlín camino de la Puerta de Brandenburgo, símbolo de la reunificación y reconciliación de los alemanes. En el kilómetro 26, este gran lector de libros de filosofía se encontró aislado y solo, frente al Everest del atletismo que representa un récord mundial de maratón.

«Fue difícil correr solo, pero tenía confianza. Dirigí mi propia carrera, confié en mis entrenadores y en mi programa de trabajo. Eso fue lo que me impulsó en los últimos kilómetros», señaló Kipchoge, quien agregó que podría haber ido más rápido si las liebres hubieran resistido hasta el km. 30.

Berlín, seis récords

Berlín es el escenario perfecto, según refleja la estadística. Los seis últimos récords masculinos de maratón se superaron en este lugar (siete de los diez anteriores). Con su tranco ligero, ese bamboleo escaso, consumió asfalto berlinés y excavó poco a poco los registros de Kimetto, en el deleite de las condiciones inmejorables del otoño berlinés: 20 grados, tiempo seco y ni una brizna de viento. «Cuando corro desconecto mis pensamientos», explicó el africano.

Eliud Kipchoge ya puede ser considerado el mejor maratoniano de la historia. No solo el récord apuntala esa sensación: ha ganado once de los doce maratones que ha corrido, incluido el oro olímpico en Río 2016. Su tentativa de récord naufragó el año pasado por el frío y la lluvia. En 2015 lo limitó un problema físico. Y en 2014, en su primera participación con 29 años, sufrió su única derrota en el maratón, destrozado por su compatriota Wilson Kipsang, autor de ese día de un récord en 2 horas, 3 minutos y 23 segundos.

La keniata Gladys Cherono, vencedora el año pasado, volvió a ganar en la categoría femenina con un tiempo de 2 horas, 18 minutos y 11segundos.