Unos participantes tratan de subir por un muro embarrado
Unos participantes tratan de subir por un muro embarrado - Desafío de Guerreros
Atletismo popular

El desafío de las carreras de obstáculos

La moda de trepar muros y sumergirse en el barro capta cada vez a más participantes dispuestos a superar pruebas y a sí mismos

Laura Marta
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«¡Sentadilla!». «¡Lateral!». «¡Hacia atrás!»… Las órdenes las da Vanesa García (@Vg4_Sports) y las acata un grupo de aficionados al deporte que buscan un nuevo reto en sus vidas. Les gustan las carreras populares, pero han encontrado un nuevo impulso para superar sus miedos y sus propios límites físicos: las carreras de obstáculos. Por eso no se detienen aunque las agujetas se acumulen o la lluvia anule la visión. Al final del entrenamiento hay algún dolor por el esfuerzo, sonrisas por la adrenalina y nervios porque esto solo ha sido el ensayo de la carrera que los espera. Hay muchas en España, en continuo crecimiento, pero ellos han decidido disputar el Desafío de Guerreros que tiene su edición madrileña el domingo día 6 de noviembre.

Quieren correr, saltar, trepar, arrastrarse, mancharse… lo que hacían de niños, pero ahora con un espíritu de superación que no solo es contra el tiempo, sino contra los elementos y los «yo no puedo». Deporte y naturaleza y algo más. Porque no están solos en el empeño. El circuito puede hacerse imposible si se realiza de forma individual, pero en grupo siempre hay una mano dispuesta a elevarte esos centímetros necesarios para superar las dificultades. «Recomendamos hacerla con amigos, pero hay gente que compite de forma individual y sale con nuevos amigos. Nadie se queda atrás», explica Francisco Javier González, gerente de Desafío de Guerreros, una carrera que llega de Colombia y que tuvo muy buena acogida en su primera edición española, en Barcelona, con más de 3.000 participantes.

¿Hace falta ser un superhéroe para terminar una carrera de estas características? «Más que la preparación física lo verdaderamente importante es tener la motivación, las ganas de hacerlo», prosigue González. La mayoría de estas carreras no son autóctonas, pero están arraigando con fuerza en la agenda dominical de los españoles. Y algunas de ellas, como Desafío de Guerreros, ya buscan también el lado solidario: «El pequeño grupo de emprendedores tuvimos una motivación común y muy clara: estamos enamorados de la naturaleza y el deporte. Queríamos hacer que otros la disfruten. Tenemos un proyecto en mente que queremos materializar en cuanto sea posible: plantar un árbol por cada dorsal. Estamos comprometidos con el medio ambiente y queremos devolver a la sociedad lo que ellas nos da».

Trepar muros o cuerdas, arrastrarse por debajo de una red, sumergirse en contenedores de barro, deslizarse por toboganes, superar zonas pantanosas, cruzar la meta. Cada uno se impone su nivel, no hay límite de tiempo para terminarla y hasta los castigos se pueden compartir. «Los límites te los pones tú mismo. Hay una corredora de Colombia que tiene 78 años que participa en todas las ediciones. En la Batalla de Madrid participa un grupo de sordomudos y en la de Barcelona tuvimos una chica que estuvo casi un año en silla de ruedas. Le dijeron que no volvería a caminar, y hoy no solo camina sino que es capaz de terminar la carrera de 10 kilómetros con obstáculos. Se puede terminar la carrera incluso a gatas o arrastrándote, y lo hemos podido comprobar en múltiples ocasiones: el cuerpo logra los resultados en los que la mente cree. Superar una carrera produce mucha satisfacción, pero superar una carrera con obstáculos es sublime. A ese sentimiento de haber vencido, súmale lo divertido que es jugar con el barro… No te puedes resistir», continúan desde Desafío de Guerreros.

Para que nadie se lleve sustos el día de la carrera, todas estas actividades también realizan entrenamientos previos en los que la gente observa a qué se van a enfrentar y establecen vínculos con los demás participantes. La energía se transmite en cada sentadilla o en cada lección de cómo subir un muro. La motivación se comparte y se contagia con la risa. Una risa nerviosa, de quien no sabe muy bien a qué se enfrentará el día de la carrera, pero que siente muy bien que quiere probarse. «No es para superhéroes, pero uno se siente un superhéroe al cruzar la meta».