Enrico Letta
Enrico Letta - Ángel de Antonio
LIBROS

Enrico Letta: «Hay miedo a perder la identidad, y la peor respuesta es el nacionalismo»

El exprimer ministro italiano Enrico Letta analiza esta hora crucial de Europa, en peligro por el Brexit, el populismo y el descreimiento de la ciudadanía por los errores de la clase dirigente

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Lo ha sido todo en la política italiana, de la que momentáneamente se ha apartado, pero mantiene intacto su prestigio y los italianos ven en él una reserva que podrá aspirar en el futuro a un alto cargo en este país o en Europa. Títulos y relaciones no le faltan. Enrico Letta (Pisa, 1966), casado, con tres hijos, fue presidente de los jóvenes democristianos europeos, tres veces ministro (Asuntos Europeos, Industria y Agricultura) y primer ministro, cargo del que dimitió en el 2014, renunciando a su escaño de diputado, «rara avis» en Italia, donde todo el mundo se agarra a la poltrona. En la actualidad dirige en París el Instituto de Estudios Políticos (el prestigioso Sciences Po) y preside el Instituto Jacques Delors.

No le gustan los políticos de profesión, porque cree que el político del futuro debe tener además un oficio al margen. Ha creado una especie de Erasmus de la política, con la apertura de una escuela gratuita en la que cada año se selecciona a un centenar de jóvenes con el ideal del bien común. Comenzó hace dos años en Roma, ahora establece sedes en Bruselas, París y Berlín, y tiene el sueño de abrir también en Madrid y Barcelona. Gran amigo de España, promueve desde el año 2000 el Foro de diálogo España-Italia. Letta es capaz de hablar durante horas, con gran pasión y lucidez, sobre los problemas de Europa y los desafíos que tiene nuestra sociedad. Ese diagnóstico y posibles soluciones lo ha plasmado en « Hacer Europa y no la guerra» (Editorial Península).

-El título del libro es sugestivo, pero se introduce una palabra inquietante. ¿Por qué se vuelve a hablar de guerra?

-El libro nace de la idea de que Europa puede estar convirtiéndose en mortal; es decir, algo que parecía imposible, hoy es realidad: la idea de que la integración europea pueda terminar y de que todo vuelva hacia atrás. Esto ha sido el resultado colectivo del Brexit, porque el Reino Unido no es un país cualquiera, sino una gran nación, algo que tiene un gran impacto, sobre todo desde el punto de vista mediático. No es casual que los dos periódicos más importantes europeos sean anglosajones -«Financial Times» y «The Economist»-. Con el Brexit se ha dado la sensación de que todo podría acabar. En este sentido, el libro nace como respuesta a este riesgo, con la idea de decir: todo puede acabar, tenemos que ir a lo esencial, a comprender si estamos dispuestos a perderla o si queremos relanzarla.

«Lo peor de los referéndums es su simplificación. Para los problemas complejos no hay respuestas banales»

-Un peligro es el nacionalismo, el virus que ha destruido Europa durante la primera mitad del siglo XX. Mitterrand decía: «El nacionalismo es guerra. Si somos solo un poco europeos, hemos perdido». Usted escribe: «La ascensión del nacionalismo en Europa entra en contradicción con la vida tan conectada de hoy».

-Hoy existe un resurgir de problemas de identidad, se habla muchísimo en política de identidad, porque vivimos una aceleración del procesos de globalización, debido a las modificaciones tecnológicas con los teléfonos inteligentes y otros instrumentos de hiperconexión que crean más movilidad, más cambios y, por tanto, un miedo a perder la identidad. Hay diversos modos de responder a este miedo, el peor es seguir el camino del nacionalismo, tirar una cerilla a un depósito de gasolina, acabando por creer, a causa del miedo, que quien se encuentra cerca o es diferente es un enemigo.

-¿Cuál debe ser la respuesta?

-Hay tres vías. La mejor respuesta es la educación. Una segunda pista es comprender las desigualdades. Es necesario trabajar más que antes sobre el concepto de igualdad, porque hoy todo se ve y hay una percepción mayor de las diferencias. Y en tercer lugar es necesario construir una Europa que sea para todos y no solo para unos pocos (esta es una de las la tesis fuertes del libro).

«El Brexit creó la idea de que Europa puede convertirse en mortal, algo que parecía imposible»

-Frente a los muros del nacionalismo, usted propone que Europa debe construir puentes. Pero la desconfianza es muy grande. ¿Cómo puede frenarse y relanzar Europa?

-Creo que ahora hay, después de las elecciones alemanas, una ventana de oportunidad, que durará pocos meses, hasta el verano, según mi opinión. Después comenzará la parte final de la legislatura europea y habrá menos fuerza en las instituciones comunitarias, para colocar sobre el terreno una agenda de cambios y de reformas. Ese proyecto de reforma tiene necesidad de España e Italia. El eje franco-alemán debe incluirlos. Mi temor es que en Italia, tras las elecciones generales, a consecuencia de una ley electoral puramente proporcional, se produzca un estancamiento, y en España se dé una relación complicada entre el centro y las autonomías. Pero ambos países deben dejar de mirarse al ombligo y pensar en jugar en Europa un papel decisivo.

-«Prefiero la democracia a los referéndums». Así se titula un capítulo del libro. No tenía en mente Cataluña cuando lo escribió, pero resulta ser una fotografía de ese problema.

-Se comete un error al creer, como ocurrió con la terrible experiencia del Brexit, que el referéndum, con la hipersimplificación que ello comporta, pueda ser un modo para resolver problemas muy complejos. El referéndum es un atajo. Yo creo que para los problemas complejos no hay respuestas banales o simples. Necesitan soluciones articuladas.

«La mejor respuesta que podemos dar al nacionalismo es la educación y una Europa para todos»

-Se habla mucho de populismo. ¿Pero su nacimiento no es consecuencia de la incapacidad de los partidos para dar respuestas a los problemas de los ciudadanos?

El populismo es hijo de un momento de dificultad de la política. Porque muchas cosas que han sucedido son fruto de errores de la clase dirigente. Pero los jefes de los partidos populistas son gravemente responsables, porque echan leña al fuego, y no se dan cuenta de los efectos que puede tener.

-Estos días leíamos en el semanario «L’ Espresso»: «La clase política nunca ha sido tan ignorante; no están preparados, son incompetentes e inmaduros».

-Pienso que hay un gran problema de «carrerismo» en la política. Se meten con la idea de hacer de la política su profesión y para montarse una carrera a base de astucia. Soy contrario a esto. Los jóvenes que van a la escuela que he creado encuentran una regla fundamental: primero la profesión y luego la política. Hay falta de cualidades en la clase dirigente actual.

-¿Qué piensa de la actitud de políticos como los del Movimiento 5 Estrellas, que en un afán de ganarse votos transversalmente dicen que no son de derecha ni de izquierda?

-Comprendo a quien dice que es necesario coger lo bueno de las soluciones políticas de un signo y del otro. No a quien dice que no es de derecha ni de izquierda. Me parece un modo simplista de afrontar las cosas.