Puigdemor de la pradera

Desmentido que fuesen alcaldes independentistas con sus varas. Eran vareadores de olivos

Antonio Burgos
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Ahora nos acabamos de dar cuenta, cuando otra vez lo vemos dando barzones por Bruselas, sin nada que hacer, con su abrigo ni corto ni largo, mayor cara de cansancio y frío cada vez. A Chiquito de la Calzada, tan buen vasallo del humor que fue señor de las audiencias televisivas, le ha ocurrido como al Cid. Ha seguido ganando batallas después de muerto. Las comenzó cuando andaba alcanzado por la pena de la muerte de su Pepita de su alma. Y las ha ganado cuando, del Rey abajo, todos han sentido su marcha, con sus inimitables pasitos a la japonesa. Nos creíamos que el autoproclamado presidente de la República Independiente de Cataluña, el prófugo de la Justicia que se najó a Bruselas, era un tal Carles Puigdemont Casamajó. Pero no: era Puigdemor de la Pradera. No un esperpento de Valle-Inclán, sino un personaje de chiste de Chiquito:

—Y ese presidelllll fistro que por pelos tiene el mocho de una fregona que va y convoca un referélllllldum...

Ahí está la clave del espectáculo que el gachó está dando, tras haber huido como un coballlllde, pecadollll (Chiquito puro), dejando en la estacada a los suyos y en la cárcel a más de la mitad de su gobierno, por sediciosos. Y que, en su miedo a la trena, en vez de cantar ante el Supremo el "Que Viva España" por Manolo Escobar, cual hizo la Forcadell, le faltó tiempo para, a lo Lute, coger el camino de Bélgica. Y ahora hemos caído todos en la cuenta. No era el presidente de la Generalidad, sino un personaje de Chiquito. No era Puigdemont Casamajó, sino Puigdemor de la Pradera. Para tomarlo tan a risa como un personaje póstumo de Chiquito. Y que conste que si lo sé no es por mis cortas luces, sino porque ha sido un feliz descubrimiento de Javier Caraballo.

Como lo de los alcaldes vareadores, que tampoco era lo que se cuenta, sino también un chiste póstumo del genial malagueño al que España entera ha llorado y ha puesto en su honor la risa a media asta. Igual que aquí en España hay coles de Bruselas, en Bélgica hay olivos. Tal como suena. Por la gloria de mi mare, que diría Chiquito. Y como allí no hay esta sequía que aquí padecemos, la famosa "pertinaz", pues resulta que los olivos de Bélgica vienen esta campaña cargaditos de aceituna de molino. El verdeo ya lo han hecho: magnífica la manzanilla. Ahora toca varear los olivos de aceituna de molino. Vienen cargaditos de fruto lleno de jugo, y no como aquí, que se retrasa la campaña de las almazaras a causa de la lluvia inexistente. En Bélgica, pues, hay tan buena cosecha de olivar este año que faltan manos para apañar aceitunas. Y ahí ha venido la mediación importantísima de Puigdemor de la Pradera, que quiere ganarse la simpatía de un Gobierno belga que no le echa ni puta cuenta. Acordándose de sus olivares catalanes y de sus arbequinas, se le ocurrió a Puigdemor de la Pradera que igual que a la vendimia francesa van jornaleros andaluces a recoger la uva, lo que necesitaba el olivar belga era mano de obra catalana, especializada en el vareo de los olivos arbequines, que tuvieron su cuna en Arbeca, villa de la provincia de Lérida y que dicen proceden directamente del Huerto de los Olivos de la Pasión de Jesucristo. Pensado y hecho. Razonó Puigdemor de la Pradera, viendo esos olivos belgas cargaditos de fruto, a punto de perderse por falta de mano de obra:

—Esto lo arreglo yo y así inmediatamente me conceden el asilo político. Ahora mismo traigo yo desde los pueblos olivareros de Cataluña a doscientos vareadores, vara en mano, y verán lo pronto que hacemos la cosecha.

Arrobas y arrobas de aceituna varearon en un momento. Así que den por desmentido que fuesen alcaldes independentistas con sus varas. Eran vareadores de olivos, mandados llamar por Puigdemor de la Pradera, a quien, al final de su jornal, como si les presentaran armas, le enseñaron entusiasmados sus varas de apañar arbequinas.

Antonio BurgosAntonio BurgosArticulista de OpiniónAntonio Burgos