Felipe II y la biblioteca del Real Monasterio de El Escorial
Felipe II y la biblioteca del Real Monasterio de El Escorial - ABC
Curiosidades de Madrid

Felipe II y su «lucha» contra la Inquisición para salvar los libros prohibidos de El Escorial

La biblioteca del monasterio fue la mayor colección privada de títulos de Europa en el siglo XVI. Entre ellos había ejemplares perseguidos por la Iglesia sobre ciencia, magia o religión

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Si de algo pecó Felipe II (1527-1598), el «rey prudente» y el más poderoso de su tiempo, fue de querer saberlo todo. Formado en Filosofía, Matemáticas y Ciencias, el monarca español acumuló desde joven una cantidad ingente de libros que acabaron conformando la real biblioteca del Monasterio de El Escorial. Una colección de títulos, la mayor parte de ellos religiosos, que alcanzó los 14.000 volúmenes a su muerte. Dejaba así la mayor colección privada de libros de Europa en su época que, más allá de su extenso número de ejemplares, era única por preservar alguno de los libros perseguidos por la Inquisición.

Felipe II se sentía fascinado por la ciencia y la magia a partes iguales. Creía en la astrología y muchas de las fechas clave de su trono las hizo coincidir con los pronósticos favorables de su horóscopo. De hecho, hasta el día de su muerte, el rey guardó junto a su cama el «Pronosticon», una predicción personal realizada para él por el mago alemán Matthias Hacus en 1550. Entre su colección privada había más de 200 libros relacionados con la magia, la alquimia y la cábala. La Inquisición no fue ajena a los intereses «herméticos» del poderoso monarca español.

Su biblioteca, la del Real Monasterio de El Escorial, fue objeto de especial interés por parte del Santo Oficio. Sin embargo, Felipe II supo mantener alejados a los censores de la Inquisición de sus preciados volúmenes. Para acallar cualquier insinuación de que el rey eludía los dictámenes eclesiásticos nombró, incluso, a su propio censor especial en El Escorial.

Felipe II fue, a tenor de los historiadores, un «ferviente católico» que, sin embargo, no quiso renunciar a ver y estudiar todo cuanto caía en sus manos. Se sabe que leyó la Arquitectura de Vitrubio, la Cosmografía de Apiano, los tratados de Arquímedes en griego y latín, y a Hipócrates, Galeno y a Aristóles, entre muchos otros autores capitales. También acumuló miles de manuscritos en griego y hebreo y medio millar de códices árabes.

Los libros «más raros y exquisitos»

Su intención al crear la biblioteca de El Escorial fue convertir el Real Sitio en un centro de eruditos y científicos. El rey quiso traer hasta Madrid los libros más «raros y exquisitos» del mundo, como dejó constancia en una carta enviada al embajador francés en 1567 presumiendo de su colección. Según los historiadores, en un listado elaborado en 1634 –36 años después de la muerte de Felipe II– por el bibliotecario del monasterio, El Escorial tenía cerca de 400 libros prohibidos en sus armarios. De ellos, según recoge en un estudio el historiador y académico José Manuel Sánchez Ron, 74 eran científicos.

La Inquisición quiso expurgar los libros prohibidos de Felipe II desde 1584. El rey consiguió eludir los mandatos eclesiásticos durante más de una década impidiendo que el Santo Oficio «limpiara» los fondos de su biblioteca y controlara el incesante ingreso de nuevos títulos. En 1597, solo un año después de que Felipe II le nombrara inquisidor general, Pedro Portocarrero se enfrentó al rey para pedirle que dejara a la Inquisición hacer su expurga en El Escorial.

Un año más tarde su «católica majestad» murió logrando su objetivo de mantener sana y salva su biblioteca. Su hijo y sucesor Felipe III preservó los deseos de su padre y, en 1613, logró el permiso de la Inquisición para tener libros prohibidos con la condición de que solo el prior, el bibliotecario y los catedráticos pudieran leerlos. Una lucha que ha permitido conservar, a lo largo de cuatro siglos, parte del gran tesoro bibliográfico de Felipe II.