Nicolás Maduro y Diosdado Cabello conversan discretamente durante un acto en la Asamblea Nacional en julio de 2014
Nicolás Maduro y Diosdado Cabello conversan discretamente durante un acto en la Asamblea Nacional en julio de 2014 - efe
VENEZUELA

Cabello, el cacique arrinconado que se quedó sin suceder a Chávez

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El testimonio y fuga a los Estados Unidos de su jefe de seguridad y sus incendiarias acusaciones de narcotráfico ante la Fiscalía federal estadounidense suponen un nuevo varapalo político para Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional venezolana y uno de los machos alfa del régimen bolivariano desde sus orígenes en los ya lejanos tiempos del golpe fallido contra Carlos Andrés Pérez en 1992.

Cabello, de 51 años, fue uno de los cabecillas de aquella asonada y muñidor a la vera del entonces coronel Hugo Chávez Frías del Movimiento V República (MVR), la organización política con la que, andado el tiempo, terminarían alcanzando el poder por la vía democrática.

Este ingeniero militar ha estado en las tripas del régimen desde su nacimiento hasta la actualidad, incluidos sus momentos más críticos. Cuando en el año 2002 Chávez se vio forzado a dejar el poder por el golpe abanderado por el empresario Pedro Carmona, Cabello, entonces vicepresidente de la República, pasó a la clandestinidad. Derrotada la rebelión, fue él quien activó la misión especial que permitió al temporalmente derrocado presidente Chávez regresar de su cautiverio en la isla de La Orchila.

Después ha sido ministro de casi todo y uno de los máximos responsables del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), la organización sucesora del MVR, hasta convertirse en presidente de la Asamblea Nacional, una de las figuras más poderosas en el presidencialista sistema venezolano.

Relegado por la muerte de Chávez

Sin embargo, la muerte de Chávez lo relegó a un segundo plano. Cabello era junto a Rafael Ramírez, presidente de la rica petrolera estatal, y Nicolás Maduro, el principal candidato a suceder al líder supremo una vez que las exclusivas mundiales de ABC hicieron evidente que su agonía era irremisible. Pero poco antes de morir, el comandante designó sucesor a Maduro, que asumió una presidencia interina que, según voces críticas y destacados juristas, debía haber correspondido por imperativo constitucional a Cabello.

Desde entonces, según confirman fuentes venezolanas que prefieren el anonimato, el presidente de la Asamblea mantiene su influencia y Maduro lo respeta por su enorme poder económico. Se dice que «media Venezuela depende del dinero de Cabello». Sería esta circunstancia la que disuadiría a Maduro de un enfrentamiento abierto con Cabello, pero el actual presidente ha ido dando pasos en forma de remodelaciones ministeriales que han dejado de facto «arrinconado» al otro gran pez gordo bolivariano. Hoy en día,los leales a Maduro copan las carteras ministeriales y día a día gana peso la figura de Jorge Arreaza, vicepresidente y esposo de una de las hijas de Chávez.

En este complejo ecosistema político,la denuncia y exilio del capitán Salazar bien podría estar relacionada con pulsos soterrados en la cima del poder, por más que los máximos dirigentes se empeñen en mostrar siempre una imagen de unidad sin fisuras. Cabello es ahora directamente acusado de narcotráfico y podría ser perseguido por ello desde instancias policiales y judiciales internacionales.Las fuentes venezolanas consultadas por ABC recuerdan que el hoy incriminado «no tiene buena fama entre el chavismo y hace movimientos en la sombra contra Maduro, pero su figura es muy fuerte».En alguna ocasión ha dicho que él no cree en el chavismo sin Chávez. Quizá esta sea la clave que explique todo.