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Cómo educar hijos solidarios en el siglo XXI

La rivalidad estimulante es positiva para el niño, pero debe compatibilizarse con una forma de vida cooperativa y con valores

Cómo educar hijos solidarios en el siglo XXI

Con frecuencia, al hablar de solidaridad nos referimos a identificarnos con los necesitados, éstos suelen ser personas anónimas a quiénes desconocemos. También hablamos de ser solidario con países del tercer mundo o con sociedades que han sufrido alguna catástrofe. «Ser solidario en estos casos es muy positivo, pero la solidaridad debe comenzar por el comportamiento con las personas cercanas de nuestro entorno y por las acciones concretas con personas que, muy cerca de nosotros, necesitan ayuda. Hoy resulta fácil fomentar la sensibilidad y el respeto por el medio ambiente o por los animales. Sin embargo, parece más complicado desarrollar la sensibilidad y solidaridad con las personas que sufren y lo pasan mal», apuntan desde la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (Amei-Waece). Como aseguran desde esta asociación, «nos hemos acostumbrado a escuchar comentarios o a ver imágenes de las desgracias ajenas, lo consideramos un mal habitual, perdemos la sensibilidad y mostramos poca reacción emocional».

«Todo vale» para el triunfo personal

En los últimos tiempos, prosigue Marisol Justo de la Rosa desde la Amei-Waece, se ha impuesto la competitividad generalizada. «Esta actitud conduce al individualismo, al egoísmo y a la "moral del éxito" donde "todo" vale para el triunfo personal, donde se considera al otro como un enemigo potencial que puede disputar aquello que se desea. Los propios sistemas educativos son competitivos y discriminatorios. No se valora el esfuerzo, la bondad, la generosidad, el altruismo y otros valores de nuestros niños, sólo el rendimiento escolar: las notas», explica. «No se estudia por placer, por enriquecimiento personal, sino por lograr unas notas. Los niños interiorizan que las notas miden lo que valen, no lo que saben; que deben destacar, vencer y triunfar sin importar los medios que utilicen; cualquier cosa es válida si se consigue fama, poder y dinero», añaden. Para esta maestra perteneciente a la Amei-Waece, «la rivalidad estimulante es positiva para el niño, sin embargo, debe compatibilizarse con una forma de vida cooperativa y solidaria».

Según Justo de la Rosa, los niños necesitan recibir ayuda de sus padres para establecer relaciones positivas con las personas de su entorno y reforzar las conductas solidarias hacia ellas. «De este modo, contrarrestan el ejemplo que reciben constantemente de conductas negativas y contravalores como el egoísmo, la envidia, la intolerancia, la ambición, el autoritarismo, el abuso, etc. La familia es el lugar más idóneo para aprender a ver virtudes en lugar de defectos, críticas destructivas, etc.», concluye.

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