Una modelo presenta una creación de la colección prêt-à-porter primavera-verano de 2015 del diseñador Pascal Millet
Una modelo presenta una creación de la colección prêt-à-porter primavera-verano de 2015 del diseñador Pascal Millet - EFE/Ian Langsdon

Comienza la semana de la moda de París

Un éxito arrollador de turismo y compras para la ciudad del Sena

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La Semana de la Moda de París se celebra en su formato actual desde 1973. Cada seis meses, las mejores casas de prêt-à-porter hacen un gran despliegue que domina la moda del mundo.

Si bien la moda fue durante siglos patrimonio de Italia y el Reino Unido, durante el reinado de Luís XIV se dieron muchos ingredientes que consolidaron a París como la capital mundial de la moda. El Rey Sol, un excelente gestor y promotor de su país y sus gremios, consiguió resultados que aún hoy perduran.

Durante nueve días, París se convierte en una permanente celebración. Noventa creadores exhiben sus novedades poniendo atención a cada pequeño detalle: el resultado es siempre espectacular. La ciudad abre distintos recintos públicos y privados para que se lleven a cabo los desfiles. A veces son museos, jardines o restaurantes. Otras veces, edificios abandonados, teatros o naves industriales.

Los restaurantes bullen a reservas, los bares se llenan hasta el cierre, los hoteles hace tiempo que dejaron de tener disponibilidad y las tiendas hacen su agosto. La moda es un polo de interés mundial y aporta a París grandeza y riqueza.

En la Semana de la Moda de París presentan sus colecciones, no solo las más importantes «maisons» francesas sino algunas de las mejores casas de moda de todo el mundo. Desde los belgas Ann Demeulemeester, Dries van Noten o Martin Margiela, a los japoneses Yohji Yamamoto, Junko Shimada o Issey Miyake, los libaneses Elie Saab y Rabih Kayrouz, los británicos Paul & Joe, Vivienne Westwood y Alexander McQueen y las imponentes casas francesas, de Vuitton a Chanel, de Saint Laurent a Céline. Incluso, algunos de sus grandes rivales italianos se han apuntado al « carro » de París, tal y como es el caso de Valentino y de MiuMiu.

El coste de desfilar puede ir desde pocas decenas de miles de euros hasta más de un millón, absolutamente « pagable » por las grandes empresas, que dedican planes de medios superiores solo a la publicidad en Europa, mientras que la repercusión de estos desfiles a nivel mundial es enorme.

Al inicio todos los desfiles tenían lugar en el Carrousel del Louvre. Pero desde hace 40 años se llevaron a los jardines de las Tullerías, añadiéndose más tarde –a golpe de decreto- el patio cuadrado del Louvre, el Grand Palais y una extensa serie de lugares interesantes.

El público principal de los desfiles son los compradores de grandes almacenes y tiendas insignes de todo el mundo, la prensa internacional, algunos famosos y las mejores clientas de los cinco continentes. Con la puesta en escena del desfile, un creador tiene la oportunidad de conquistar a sus invitados –y po rende al mundo entero- con su concepto de estilo a través de los cinco sentidos. El beneficio para la ciudad y el país es incontable. Marcas, gremios, turismo, industria, y un sinfín de elementos se ven favorecidos. La nueva alcaldesa de París, la española Anne Hidalgo, ha declarado estos días que va ayudar a los nuevos creadores y empresarios facilitándoles más espacios a buen precio, e incluso prestando el propio ayuntamiento. Toda la ciudad se volcará en la semana de la moda. Y los visitantes caerán como moscas atrapadas en la miel. ¿Para cuándo Madrid ?